Karen Poe

 13 abril, 2014

Todo es sugerente en el título del nuevo libro de Karen Poe. Lo es Almodóvar, el cineasta Pedro Almodóvar, un creador irreverente, exuberante y sensible a su manera, que ha merecido incontables reconocimientos en los últimos 30 años. Lo es, por supuesto, Freud, el psiquiatra Sigmund Freud, fundador del psicoanálisis, una corriente de pensamiento que a principios del siglo pasado removió desde sus cimientos la cultura occidental y cuya obra es releída continuamente hoy, cien años después de la publicación de la mayoría de sus principales obras.

Imagen sin titulo - GN
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Sin embargo, lo más sugerente es esa conjunción: “y”. ¿Qué quiere decir la “y” en Almodóvar y Freud? Podemos pensar que es solamente una partícula copulativa, que reúne a dos que son adyacentes, el uno al lado del otro, o bien que pertenecen al mismo conjunto.

Ocurre sin embargo que Pedro Almodóvar y Sigmund Freud ni son adyacentes ni son parte del mismo conjunto: el primero es un cineasta; es decir, un artista, que ha desarrollado su obra entre las décadas postreras del siglo XX y las primeras del XXI. La obra de este manchego respira de lo que algunos llaman posmodernidad , y que, independientemente del nombre que le brindemos, es una atmósfera distinta del iluminismo que pretendió dominar Occidente durante los últimos trecientos años.

En cambio, el otro, Freud es un científico vienés que vivió un siglo antes que el cineasta; sus investigaciones respondían al mismo espíritu positivista de sus contemporáneos, aunque contenían y generaron una serie de cuestionamientos que contribuyeron a su crisis.

La “y” puede significar también el encuentro de dos que antes estaban separados. Incluso la forma de la letra “y” sugiere una bifurcación, el encuentro de dos caminos. En este caso, serían dos obras de distintos períodos y naturalezas, reunidas, contrapuestas, ligadas, transformadas en un solo discurso a partir de sus incontables afinidades.

También resulta sugerente el orden de los factores, que por supuesto altera el producto: ¿por qué Almodóvar antes que Freud? Parece imponer el alfabeto a la cronología o, incluso, a la relevancia histórica.

Karen Poe es profesora de la Escuela de Estudios Generales y de la Maestría en Artes de la Universidad de Costa Rica, donde se especializa en el análisis psicoanalítico de textos literarios y fílmicos. El desarrollo de su libro responde las dudas que suscita tan sugerente título.

Cuatro secciones de gran autonomía integran el libro –puede hacerse una lectura independiente, sin dificultad–: “Thanatos”, sobre la denominada pulsión de muerte; “Intermedio musical”, en torno al uso del bolero en la cinematografía de Almodóvar; “Eros”, principalmente dedicada a la autoficción, y un “Epílogo sobre el humor”.

El nombre de Almodóvar se encuentra de primero en el título porque su filmografía es la que vertebra el texto. Por lo general, los filmes (desde Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón, 1980, a La piel que habito, 2011), agrupados en una o dos de las citadas partes, son analizados a partir del aparato teórico que brindó Freud, o algunos de sus “herederos”, como Jacques Lacan, Jean Allouch o Leo Bersani.

Así, el psicoanálisis es una puerta para entrar y habitar el mundo almodovariano. Sin embargo, también ocurre lo contrario en numerosos pasajes: el cine de Almodóvar motiva retomar y diseccionar algún aspecto de la teoría psicoanalítica, mostrando así su vigencia ante nuevos problemas.

Es notable la minuciosidad con la que Poe se aproxima a dos cuerpos tan vastos como la cinematografía de Almodóvar y los escritos de Freud. La autora no solamente reconoce sus picos, aquello que es reconocible a la primera vista, sino aquello que está en la llanura y en sus abismos.

En el prólogo, la autora dice recurrir al “modo de leer psicoanalítico, es decir, prestando atención a los silencios, los lapsus, los olvidos, es decir, a todo aquello que hace trastabillar al discurso. He tratado de abarcar aspectos generales sin olvidar las agradables sorpresas que nos deparan los detalles”.

La riqueza de los ejemplos de los que Poe se sirve –no se limitan al cine y el psicoanálisis, sino que incluyen la literatura, la música popular y la tradición pictórica europea (e incluso asiática)–, las sugerentes discusiones de las que participa (el placer, la ley, el duelo, la autoficción), así como la buena prosa de Poe, redondean un libro cuya lectura es tan amena como estimulante.