Coincidencias. Ideas similares se hallan en el himno francés y en una proclama de Mora

 17 agosto, 2014
Rouget de Lisle, compositor de La Marseillaise , la canta por primera vez. Óleo de Isidore Pils ejecutado en 1849.
Rouget de Lisle, compositor de La Marseillaise , la canta por primera vez. Óleo de Isidore Pils ejecutado en 1849.

Juan Durán Luzio

E l presidente Juan Rafael Mora Porras pronuncia su más emotivo y conmovedor discurso el día 2 de marzo de 1856 en el parque central de San José ante un pueblo expectante; en esta célebre pieza, conocida como Segunda Proclama, se empeña el orador en terminar de convencer a sus conciudadanos para que se enrolen en el ejército y así poder marchar unidos y fortificados a liberar a Nicaragua y a derrotar a los filibusteros de William Walker, próximos a invadir el territorio nacional. He aquí el texto de su memorable discurso:

“¡Compatriotas! ¡A las armas! Ha llegado el momento que os anuncié. Marchemos a Nicaragua a destruir esa falange impía que la ha reducido a la más oprobiosa esclavitud: marchemos a combatir por la libertad de nuestros hermanos.

”Ellos os llaman, ellos os esperan para alzarse contra sus tiranos. Su causa es nuestra causa. Los que hoy los vilipendian, roban y asesinan, nos desafían audazmente e intentan arrojar sobre nosotros las mismas ensangrentadas cadenas. Corramos a romper las de nuestros hermanos y a exterminar hasta el último de sus verdugos.

”No vamos a lidiar por un pedazo de tierra; no por adquirir efímeros poderes; no por alcanzar misérrimas conquistas, ni mucho menos por sacrílegos partidos. No. Vamos a luchar por redimir a nuestros hermanos todos de la más inicua tiranía, vamos a ayudarlos en la obra fecunda de su regeneración, vamos a decirles: 'Hermanos de Nicaragua, levantaos: aniquilad a vuestros opresores. ¡Aquí venimos a pelear a vuestro lado, por vuestra libertad, por vuestra patria! ¡Unión, nicaragüenses, unión! Inmolad para siempre vuestros enconos. ¡No más partidos, no más discordias fratricidas! ¡Paz, justicia y libertad para todos! ¡Guerra solo a los filibusteros!'.

”A la lid, pues, costarricenses. Yo marcho al frente del ejército nacional. Yo, que me regocijo al ver hoy vuestro noble entusiasmo, que me enorgullezco al llamaros mis hijos, quiero compartir con vosotros el peligro y la gloria.

”Vuestras madres, esposas, hermanas e hijas os animan. Sus patrióticas virtudes nos harán invencibles. Al pelear por la salvación de nuestros hermanos, combatiremos también por ellas, por su honor, por su existencia, por nuestra patria idolatrada y la independencia Hispano-americana.

”Todos los leales hijos de Guatemala, San Salvador y Honduras marchan sobre esa horda de bandidos. Nuestra causa es santa; el triunfo, seguro. Dios nos dará la victoria y con ella la paz, la concordia, la libertad y la unión de la gran familia Centro-Americana”.

Se trata de un discurso de solo 312 palabras. Parece un poema en prosa donde se exalta la defensa de la patria –y del continente–. Para ello se expresan valores predominantes de la joven nacionalidad costarricense: devoción por la familia, por la libertad y la democracia”.

El himno francés. El presidente recurre a figuras literarias como la anáfora y la repetición de palabras, y a frases para dar garbo y énfasis a un mensaje que justifica su actuar y parece prever con agudeza los fundamentos de la nación y los pilares para su proyección hacia el futuro.

Se propone en este artículo que un modelo básico de inspiración y organización general de sus palabras pudo llegar al presidente Mora de la letra de la muy conocida Marseillaise (Marsellesa), marcha compuesta por el poeta Claude-Joseph Rouget de Lisle en 1792 y declarada himno nacional de los franceses en 1795.

La Marseillaise había alcanzado popularidad mundial gracias a su airosa melodía y a la belleza y la valentía de su letra; además, los acontecimientos ocurridos en Francia en 1848 y en el resto de aquella Europa revolucionaria, dieron ocasión para que la pieza fuese cantada como expresión de las renovadas luchas contra las monarquías y en pro de los ideales republicanos.

Por el prestigio de la cultura francesa, su efecto alcanzó también a la América latina, y hacia 1850 debe de haber estado ya integrada en el repertorio intelectual de la comunidad letrada de Costa Rica.

En uno de sus primeros mensajes al Congreso, el 16 de junio de 1848, el presidente interino Juan Rafael Mora Porras se refiere a la crisis que ocurre en Europa por esos días:

“Una conmoción casi general ha hecho bambolear los gobiernos más antiguos y los tronos más sólidamente establecidos, los pueblos se insurreccionan y conmueven por todas partes, y ese espíritu de inquietud, que ha volado en Europa por los telégrafos y vapores, tal vez haya contagiado nuestra atmósfera”.

Antes de ofrecer pruebas de la presencia del himno francés en la proclama de Mora, es necesaria una breve explicación. En su primera acepción, el diccionario de la Real Academia Española define la voz “palimpsesto” como “manuscrito antiguo que conserva huellas de una escritura anterior borrada artificialmente”

“Palimpsesto” ha servido también para definir un procedimiento literario que consiste en percibir, detrás o debajo de un texto, la presencia de un escrito anterior.

Gerard Genette, uno de los maestros de esa metodología intertextual para el estudio literario, señala que la proveniencia de un escrito de otro anterior, se produce por necesidad de una transformación creativa del texto que sirve de modelo para dotar al segundo del orden, el vigor y los alcances significativos del escrito básico.

Ideas comunes Con ese fin, se enumera la comparación del texto base, la Marseillaise, con la nueva creación que de allí parece surgir: la Segunda Proclama del presidente Mora Porras.

1) El exordio, es decir, la línea que rompe el silencio inicial y abre el texto, es una apelación a un colectivo cercano, confiable y decidido: “¡Compatriotas: a las armas!”

En el texto francés, el llamado se duplica: el primer verso dirigido a los compatriotas: “Vamos, hijos de la patria” (Allons enfants de la patrie), y en el coro con el mismo vocativo que el presidente emplea: “ A las armas, ciudadanos!” (Aux armes, citoyens!).

2) Prosigue el texto de Mora apuntando que al fin “ha llegado el momento que os anuncié”, tan similar al segundo verso del himno: “el día de gloria ha llegado ” (Le jour de gloire est arrivé!).

3) En la tercera frase del texto morista se introduce un verbo que se incluye dos veces en la primera persona plural, con clara voluntad de énfasis: “marchemos a Nicaragua…”, “marchemos a combatir por la libertad…”. Así también, dos veces y en primera persona de plural, se expresa en el coro del poema francés: “Marchons! Marchons!”

4) Prosigue el paralelo aludiendo a invasores que amenazan con “arrojar sobre nosotros ensangrentadas cadenas”, según Mora, tal como “ensangrentadas banderas de la tiranía” se izan contra los republicanos franceses. (Contre nous de la tyrannie / l’étendard sanglant est levé).

5) Aparece así la mención a la tiranía, el más despreciable régimen para un demócrata republicano. Como en tono de ruego Mora exclama: “ellos [los nicaragüenses] os llaman, ellos os esperan para alzarse contra sus tiranos”. En la Marseillase se había advertido que “contra nosotros se levanta el estandarte sangriento de la tiranía”.

¿Qué quieren estas “ hordas de bandidos”, como las llama Mora, de esclavos, que invaden Nicaragua y Costa Rica (Que veut cette horde d'esclaves), como dice el primer verso de la parte menos conocida de la Marseillaise? Son hordas asesinas que vienen para “degollar a nuestros hijos, nuestras compañeras ” (égorger nos fils, nos compagnes). Sobre este último complemento, Mora construye una elegante serie referida a las mujeres de la familia: “Vuestras madres, esposas, hermanas e hijas os animan[…]. Combatiremos también por ellas, por su honor, por su existencia”.

Dos veces, el presidente Mora llama “mis hijos” a sus soldados. En el segundo llamado les dice: “quiero compartir con vosotros el peligro y la gloria ”, confiado, claro, en que “le jour de gloire est arrivé!”

Desde la invocación (“¡A las armas!”) domina en ambos textos un tono poético que trasciende lo inmediato y les asegura su permanente fuerza sobre los lectores de cualquier época.

Por su parte, las palabras de Mora apelan a una noción ya sin duda de gran peso en la comunidad costarricense: la defensa del hogar, la imagen de la familia unida en paz en torno al padre y la madre, y presta a defender su autonomía, su honor y sus bienes.