Jorge Boccanera. El poeta argentino, que hizo de Costa Rica su casa por muchos años, sigue en su labor de la palabra

Por: Fernando Chaves Espinach 9 abril
Jorge Boccanera: ‘La poesía se posiciona del lado de la pregunta’
Jorge Boccanera: ‘La poesía se posiciona del lado de la pregunta’

Hace un par de meses, durante una visita fugaz a Costa Rica, Jorge Boccanera se sentó en un jardín a hablar de poesía. Conversamos sobre sus años en el país (1989-1997, con visitas desde los 70), su amor por la poesía y los poetas centroamericanos y la compleja situación política argentina.

Dijo entonces: “Después limpias la hojarasca de todo esto que te estoy diciendo”. Sin embargo es difícil, porque su charla es fértil y se ramifica en muchas direcciones, como los árboles descritos en Palma Real (reeditado por Ojalá Producciones con fotos de Luciano Capelli).

“Tengo un diálogo constante con los poetas que van apareciendo en las últimas décadas. Quizá ayudé en algo y ellos me ayudaron mucho a mí”, dice Boccanera de los escritores ticos de antaño y de hoy. La poesía ha sido su vida y sigue siendo su forma de ver el mundo.

“Es muy estimulante en un momento en que el mundo produce seres seriados, muy fragmentados, educados solo para el consumo y la indiferencia. La poesía abre el camino del otro lado, de la imaginación, la curiosidad… Si el consumo es ganas de comprar, de tener, la poesía es deseo y tiene otra maduración.

”El deseo va muy por encima de todo lo demás. En este mundo donde está todo tan cuadriculado y liado, la poesía da gran libertad porque trabaja con la percepción, la intuición, el cruce de ideas. Pese al vértigo de la tecnología, la poesía sigue siendo algo casi artesanal: trabaja lentamente y va armándose de otra manera.

”Parece extraño que en una sociedad mundial tan fragmentada y con tanta crisis –o quizá no sea extraño, sino precisamente por eso–, la poesía tenga tanta fuerza. Cuando nosotros éramos jóvenes lo que queríamos hacer era revistas. Ahora los jóvenes quieren sacar editoriales”, comenta.

–En ese panorama que usted está describiendo, sigue muy vivo el debate sobre qué papel puede jugar la poesía. ¿Cómo se puede posicionar en la sociedad contemporánea?

–La poesía se posiciona del lado de la pregunta, de la interrogante. En un mundo que a veces no se cuestiona nada, la poesía es interpelación. Está llena de preguntas. No está encargada ni de dar respuestas ni de dar un servicio. Como dijo el guatemalteco Luis Cardoza y Aragón, la poesía no le hace los mandados a nadie. En ese sentido, me parece importante esa conjunción entre conciencia e imaginación, ese trasiego que hace que uno sienta que también tiene, frente a un mundo muy guiado en sus conductas, su propia iniciativa. Uno inicia su vida como un viaje. El viaje no es un viaje turístico. Es un viaje en el que uno tiene que descubrir, confrontar lo diferente, aceptarlo, indagar…

”Nosotros somos pasajeros en la vida, por lo efímero y porque estamos en tránsito. Cuanto menos esté programado, mejor. La poesía es búsqueda y ese me parece que es su papel. Trabaja con las ideas, las percepciones, las intuiciones… ahí va excavando. El poeta es una especie de minero, en ese sentido”.

–A lo largo de su propio tránsito, ¿se ha transformado el papel que juega la poesía dentro de su vida y lo que cree que puede hacer por medio de ella?

–Los poemas viajan de una manera maravillosa. Me decía hace poco una traductora húngara que hay un poema mío dedicado a un poeta húngaro, Attila József, que ella tradujo, lo hicieron canción y se hizo popular allá. Nunca me enteré y nunca la escuché. Son grandes viajeros los poemas, y ellos van modificando un poco a la gente. Van diciendo aquello que el habla común no llega a decir.

–Personalmente, ¿le ha ayudado a comprender algo en su vida que, de otra manera, hubiera sido imposible?

–Todo. Me enseñó hasta a caminar. Escribo desde los ocho años y la poesía me ha llevado a formularme preguntas y, sobre todo, como dice Eliseo Diego, la poesía es una calidad de atención. Es como esa gente que está pasando por un canal como el de Tortuguero, tú no ves nada, pero él ve los animales, el relieve, los sonidos… él tiene otra observación. El poeta tiene otra observación y otra atención de las cosas. En cuanto al papel del poeta, eso, como ciudadano, cada uno lo asume como quiera asumirlo.

–¿Cuáles son algunas de las preguntas que guían un libro como Monólogo del necio (reeditado en Costa Rica por Editorial Arlekín)?

–Tiene preguntas sobre la poesía misma. A veces con ironía, con humor o cierto dramatismo, muchos se preguntan qué estoy haciendo, qué significa este material con el que estoy trabajando…

–El peso del estilo...

–Claro. El primer poema habla de que, en vez de corregir, paso un peine y quito la hojarasca. Paso el peine por la cabeza calva de la vida. Eso que uno siente que desde la intención hasta lo concreto, uno siente que logra muy poco de lo que pensó. Hay un poeta que dice que hay que calcar la imaginación. Eso es a lo que uno aspira. Otras preguntas son sobre la muerte. Yo creo que la poesía tiene un solo tema, que es el tiempo, lo efímero. Ese es el tema que condensa todos los otros temas.

La hojarasca calla.