Iván Molina Jiménez

 13 abril, 2014

Más allá de la ambientación precisa y la destreza en el uso de un lenguaje de tipo científico, llamado a proporcionar verosimilitud a la trama, los cuentos de Iván Molina destacan por la intención de denuncia y sátira social.

Como suele suceder en este tipo de relatos, el mundo del futuro resulta un espejo en el que se proyectan los problemas más acuciantes del presente: el militarismo y la violencia en “La máquina de Cortázar” y “Tu mitad de la noche”, la preocupación por la ecología y el dilema ético ante formas de vida diferentes en “Poscópodos”, la lucha por los recursos naturales en “Tokio mi amor”, e incluso los abusos de algunas religiones contra sus feligreses en “Atisbos del paraíso”.

Al ver reflejado su presente en un futuro hipotético, el lector se siente involucrado y entiende que, así como los protagonistas se ven ante la disyuntiva de corregir y resolver las injusticias heredades de siglos atrás, los hechos de su presente mantendrán vigencia en el porvenir.

Por otro lado, los cuentos insisten en la filiación a una tradición cultural. Se mencionan novelas y películas, como Solaris , la novela de Stanislaw Lem, adaptada al cine, entre otros, por Andréi Tarkovski en 1972.

Imagen sin titulo - GN
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En el libro también se cita el filme Outland (1981), que desarrolla una trama policial en un mundo lejano, y la popular cinta Alien (1979), de Ridley Scott. Son frecuentes también las menciones a obras literarias de Verne, Wells, Poe y Bradbury.

Algunas de estas alusiones constituyen una especie de guiño al lector, como cuando se invierte la conocida frase de Casablanca (“Este es el inicio de una gran amistad”); o un homenaje a los maestros, como en la mención a Julio Cortázar. Otras refieren a situaciones semejantes a las narradas en los cuentos, como el recuerdo de Viaje al centro de la tierra en “Tokio mi amor”.

Otras veces, las alusiones contribuyen a la creación de una determinada atmósfera. Por ejemplo, el título del cuento que da nombre a la colección, “Tokio mi amor”, es una clara referencia a Hiroshima mon amour , producción franco-japonesa de 1959 dirigida por Alain Resnais. El ambiente melancólico, el encuentro amoroso casual y el juego entre la memoria y el olvido remiten al filme.

Las alusiones a otros textos obligan al lector a una cierta labor detectivesca; lo compelen a buscar, en la literatura y el cine anteriores, las pistas que aclaren los misterios que proponen los cuentos.

“La máquina de Cortázar” trata abiertamente de este asunto: el enigma se resuelve al descifrar un criptograma, al aplicar el orden de la lectura a un texto misterioso.

De nuevo se remite al lector a Verne y otros autores, cuyos personajes se ven enfrentados con frecuencia a enigmas de esa naturaleza. Al dar con la respuesta, el protagonista logra un reencuentro con su propio pasado y resuelve un antiguo conflicto personal.

Resulta así que el ayer y el mañana están indisolublemente ligados, no solo en el plano social, sino también en lo relativo a la identidad de cada protagonista. Por esto, el desciframiento de un misterio en el presente del personaje (que es el futuro del lector) conduce a la respuesta sobre la identidad o el origen; es decir, ilumina al pasado del personaje (que a su vez es el presente del lector).

Debe ser así porque, como a veces sugieren los cuentos, la personalidad de cada protagonista es la suma de muchas identidades superpuestas, la suma y la consecuencia de muchas otras vidas pasadas, unidas en una telaraña de tiempo.

Ese vaivén entre los textos y la vida, entre la preocupación social y la pregunta acerca de la identidad personal, se reitera en varios cuentos, pero resulta clara en “Tokio mi amor”: Satomi Marimura escribe una historia, un manga, cuyo “desenlace aún no está escrito” y cuyo recuerdo sigue moviendo la existencia del narrador.

Que los cuentos unan, bajo el cielo dudoso de un futuro imaginado, la crítica social, la búsqueda de la identidad y la reflexión sobre la literatura y el cine, no debe extrañarnos: el arte es, al final de cuentas, la única puerta al futuro, la única máquina del tiempo de que disponemos los lectores.