La escritora nicaragüense no se ha dejado amedrentar ni por hombres, ni por revoluciones, ni por los cambios que trae la edad

Por: Natalia Díaz Zeledón 20 septiembre, 2015
Con 66 años, Gioconda Belli continúa escribiendo con la misma energía que lo ha hecho desde que era una veinteañera. José Díaz.
Con 66 años, Gioconda Belli continúa escribiendo con la misma energía que lo ha hecho desde que era una veinteañera. José Díaz.

Gioconda Belli se ha rebelado toda su vida. En su memoria ( El país bajo mi piel, memorias de amor y de guerra ) escribió acerca de las circunstancias que intervinieron en su vida para convertirse en la mujer que es hoy: su primer matrimonio, su primer amante, las poesías que le salieron “del sombrero como conejos” y su época como revolucionaria con el Frente Sandinista de Liberación Nacional.

Su primera novela, La mujer habitada (1988) , la escribió hipnotizada por las victorias de esa época. Su más reciente obra, El intenso calor de la luna (2014) , la publicó asida al poder de su edad y satisfecha con los cambios que la han transformado tanto por fuera como por dentro.

“El enaltecimiento de la juventud femenina es tremendo para la concepción propia de cada mujer”, asegura. “No vamos a ser jóvenes toda la vida, tenemos que reivindicar la madurez como un proceso hermoso”.

Invitada a la Feria Internacional del Libro de este año, la escritora nicaragüense participó con sus lectores en dos conversatorios este fin de semana.

¿Se considera una escritora de literatura femenina?

Esa categoría es un invento masculino. Las mujeres escribimos acerca de un universo diferente y con una mirada diferente. Dependiendo del tema, a mí me interesa la circunstancia femenina. Es una circunstancia que no está explorada lo suficiente y que, como cualquier terreno inexplorado, me parece interesante.

¿A quién le escribe?

Yo hablo hacia hombres y mujeres. Ahora, si te ponés a pensar que la mujer realmente entró a la literatura en el siglo XIX, el mundo hasta ahora, en la literatura, fue contado por los hombres. Creo que lo que hay es machismo alrededor del trabajo de las mujeres. Entonces, al referirse a la literatura de las mujeres la consideran una literatura menor. Implícitamente te dice que hay una subvaloración. ¿Y qué si fuera una literatura de mujeres? ¿Por qué decir que es una literatura de mujeres es peyorativo?

¿Qué temas no se arriesgan a tocar los escritores o los lectores leen con reticencia? ¿Qué temas tabú quedan?

Creo que ya quedan muy pocos. Me parece que la experiencia gay va a ser ese tema. Ahora que ya es más abierto, más aceptado; todavía no hay una literatura que aborde descarnadamente las situaciones que han pasado los homosexuales y las lesbianas. Ese puede ser el horizonte nuevo de lo prohibido.

En el homenaje a Ernesto Cardenal (el viernes), él contó una anécdota en la cual decía que usted podría enseñarle sobre erotismo. ¿Cómo definiría ese erotismo? ¿Es algo físico o espiritual, como se refirió Cardenal?

En realidad, no recuerdo jamás haber dicho que le podía enseñar erotismo a Ernesto Cardenal ( risas ). Debe haber sido una broma que él se tomó en serio. ¿Qué pienso yo de lo erótico? Pienso que todavía hay que reivindicar eso. Lo erótico es lo físico: lo sensual, la sexualidad. Ese es el territorio de lo erótico, y la sexualidad femenina todavía está penada. La sexualidad todavía es tomada como una vulgaridad. Lo que he tratado de hacer en mis libros es elevarla. Tratar de hablar de la sexualidad con la belleza que se merece.

¿Qué ha cambiado entre la mujer que escribió La mujer habitada (su primera novela) y la que escribió El intenso calor de la luna (su último texto publicado)?

He madurado, tengo otras experiencias. Sin embargo, en términos de mi convicción sobre la necesidad de cambiar el mundo, de hacer cosas, de participar. En eso todavía sigo pensando lo mismo.

Sus años de militancia con el Frente Sandinista han permeado su escritura. ¿Qué quedó, bueno y malo, de esa época?

Fue una experiencia hermosa, de vivir un proceso colectivo y de ver que como jóvenes tuvimos el poder de derrotar una dictadura. Por otro lado, también vi el resultado, que no es el día que llegaste al triunfo, sino que tiene que ver con cómo actuás cuando tenés el poder. Eso fue una actuación que tuvo sus cosas buenas, pero también muchas fallas. Esas fallas las estamos viviendo otra vez en Nicaragua con Daniel Ortega: el autoritarismo, no darle lugar al pensamiento diferente. Yo creo que me he vuelto mucho más democrática, que he evolucionado ideológicamente. Me considero siempre de izquierda, pero de una izquierda democrática.

Está escribiendo una nueva novela, ¿qué obtiene diferente de escribir poesía y escribir prosa?

La poesía es algo que me sucede. Hay un elemento totalmente mágico para mí en la poesía; me siento poseída. En el caso de la novela, yo tengo que poseer el mundo en el que se va a hacer la novela. En la poesía, soy médium de una magia que es superior a mí.

¿En qué autores se inspiró para construir su estilo?

El sello no está marcado por a quién leíste ni por quién te influenció, sino por una mezcla de la propia experiencia y la voz propia. Eso vos lo encontrás en el proceso. En el caso mío fue porque empecé a escribir poesía muy femenina, eso fue lo que le llamaron poesía erótica. Yo pienso que más bien hablaba sobre el cuerpo de la mujer, de la sensualidad, de los sentidos. Es lo que me sale hablar; lo único que cambió fue una consciencia de que esa voz era un poco desafiante. Yo jamás pensé, cuando empecé a escribir poesía, que iba a ser un escándalo. Era muy inocente ( se ríe ).

¿Cómo se motiva a una nueva generación de mujeres revolucionarias?

Juzgando por la cantidad de gente joven que lee mis libros, a mí me parece que sí hay una consciencia entre las mujeres jóvenes de estas cosas. Hay un problema de lenguaje. No les gusta la palabra feminismo; el feminismo está asociado con algunas actitudes que a las mujeres jóvenes les parece que ya no tienen validez. Creo que hay una responsabilidad en mi generación de reformular un lenguaje accesible y atractivo para las mujeres jóvenes. Pero también las jóvenes van a contar su propia experiencia y, lamentablemente, al verla, se van a dar cuenta que no es tan diferente a la nuestra. Ustedes tienen muchísimas oportunidades más que nosotras, pero tampoco están tan bien como creen. Podrían estar muchísimo mejor.