Francesco Bracci. El artista y arquitecto costarricense modifica el espacio urbano para crear nuevas formas de interacción

 8 junio, 2014
Francesco Bracci juega con las percepciones en la instalación Transferencias , la cual se elaboró utilizando espejos de diversas formas y tamaños. La pieza se exhibe en la vitrina del Lado V de la Fundación Teorética.
Francesco Bracci juega con las percepciones en la instalación Transferencias , la cual se elaboró utilizando espejos de diversas formas y tamaños. La pieza se exhibe en la vitrina del Lado V de la Fundación Teorética.

San José se mueve con la brusquedad de un martes a las 11 a. m.: pasos agitados, miradas recogidas en su propia intimidad, gritos, bocinas…; todo bajo el Sol pesado y brillante. No obstante, a pesar el ímpetu, en una esquina de la ciudad –Lado V, de la Fundación Teorética (barrio Amón)–, el costarricense Francesco Bracci está inmóvil observando su reflejo dispersarse en decenas de pequeños espejos. Es la imagen de un hombre fragmentada hasta convertirse un caos hipnótico: los ojos de Bracci se multiplican, miran fuera, miran dentro, se miran a sí mismos…

“Es un juego de percepciones. Los espejos transfieren las imágenes de fuera adentro y viceversa”, dice Francesco acerca de aquellos cristales que recomponen cuerpos y objetos, y que, en conjunto, forman la instalación Transferencias –de su autoría–.

La quietud de Bracci al momento de interactuar con su obra es una anomalía en la agitación citadina; también es una condición que desea para todos aquellos que aprecien sus piezas: “Por lo general, en el ambiente urbano, la gente suele llevar una rutina acelerada. Mis prototipos rompen la dinámicas con el espacio tradicionales y generan nuevas”.

Es monumental la empresa de cambiar la forma en que las personas perciben el espacio de la ciudad; por tanto, las obras de Bracci son igual de monumentales: un filtro enorme en forma de antena que capta la contaminación frente a la Antigua Aduana, una bomba gigante de botellas verdes que se suspende sobre los transeúntes de la avenida Central, un sunami de botellas de 10 metros de alto en la Sabana…

Bracci –arquitecto y experimentador innato– transforma San José con piezas admirables por su proeza técnica y su belleza. Son creadas con materiales de desechos (llantas, botellas, cajas…) y tienen el objetivo de acercar el arte a las personas.

“En mis proyectos quiero que el papel del espectador sea activo: debe integrarse, interactuar y modificar la obra. Esa dinámica genera un vínculo entre el arte y la audiencia”, explica Francesco.

A pesar de Transferencias y otros proyectos exhibidos en salas de museos y galerías, Francesco Bracci es un artista cuyo lienzo es la calle. “Es importante hacer llegar el arte a un público que no interactúa con él de manera constante”, opina.

La arquitectura de la intervención. Sean una bomba, una instalación con discos compactos o un parque para niños, Bracci desarrolla sus proyectos con la mirada metódica de un arquitecto. “Pienso en muchas cosas al elaborar una intervención: el entorno, las condiciones climáticas (viento, lluvia y radiación solar), el contexto socioeconómico… La forma en que las personas se apropian del espacio dependerá del lugar y del público”, declara Francesco.

Cada obra de Bracci parte de la exploración del material con que se trabajará: investiga sus virtudes y sus debilidades. Experimentar con ellos es la mayor parte del proceso creativo. “El presupuesto es un asunto complejo. Eso me hace apreciar el material de desecho: en primer lugar, está a la mano de todos; en segundo, casi es gratis”, afirma.

Francesco Bracci creó El ducto con papel reutilizado de ejemplares de la revista Su Casa . La pieza se exhibió en la antigua Aduana durante el Festival Internacional de Diseño de este año.
Francesco Bracci creó El ducto con papel reutilizado de ejemplares de la revista Su Casa . La pieza se exhibió en la antigua Aduana durante el Festival Internacional de Diseño de este año.

Las construcciones de Bracci presentan una amalgama cromática que sugieren un proceso metódico de elaboración; no obstante el artista confiesa que son gratas consecuencias del azar:

–Nunca tengo una estética definida; esta generalmente deviene de los materiales, que tienen características interesantes por sí solos. Las piezas son prototipos modulares, pero también las veo como organismos artificiales: son pieles urbanas, se construyen de una manera muy natural.

La alegría del color no detiene a Francesco para comentar problemas graves de la sociedad costarricense: la mala planificación urbana, la contaminación, el consumismo…:

–Cuando me gradué de arquitectura en el 2000, empecé a investigar a fondo el problema del crecimiento urbano en nuestro país. Faltan políticas y regulaciones. También comencé a interesarme por la imagen que proyecta en el extranjero: Costa Rica, un territorio en paz con la naturaleza. Es una ficción. Hay muchas deficiencias en el modelo de desarrollo sostenible; por ejemplo, la contaminación y la pobre implementación de las normativas.

Francesco Bracci agrega:

–Además de tener el propósito de dar a conocer estos temas a la ciudadanía, las piezas funcionan para enfrentar a las autoridades y decirles: “Miren, esto es un problema de su forma de administrar”.

Ciudad tóxica. Un misil inmenso tiñó el cielo de verde. Bélico, directo y polémico: así describe Bracci su pieza hecha con botellas, que se ubicó cerca de la plaza de la Cultura en el 2013. El artista construyó el modelo para una campaña de concientización sobre la contaminación con plástico, elaborada por las organizaciones Preserve Planet y Plastic Pollution Coalition. Con la obra se trató de que el público reflexionase: ¿somos de verdad un país verde?

El misil fue una pieza elaborada con botellas con el objetivo de concientizar sobre la contaminación con plástico. La obra se ubicó en la avenida Central de San José en el 2013.
El misil fue una pieza elaborada con botellas con el objetivo de concientizar sobre la contaminación con plástico. La obra se ubicó en la avenida Central de San José en el 2013.

El pulmón urbano se ubicó muy cerca del misil, en la antigua Aduana, adyacente a una carretera de tráfico abundante. De igual manera, Francesco elaboró el proyecto junto con Preserve Planet. En este caso, el tema era la contaminación ambiental. La organización realizó un estudio en el que se colocaron unos filtros pequeños en diferentes zonas para medir la contaminación.

Bracci magnificó tal proceso científico: “Elaboré un filtro, pero esta vez de seis metros de altura. Para que fuese visible e impactase al público, era necesario que la pieza se mantuviera en el sitio dos meses”, declara y añade:

–Para que las personas pudiesen observar un deterioro gradual del filtro, utilicé un tejido propio de la indumentaria deportiva; era muy poroso. También opté por una tela más porosa aún para compensar la influencia del viento. La construcción era similar a una vela: necesitábamos que el aire la traspasara.

Al final de los dos meses, se tomaron muestras de la tela y se examinaron en un laboratorio para medir el grado de contaminación de la zona. Más allá del fin estético, hubo uno científico.

La experimentación mueve a Bracci; por tanto, no era de extrañar que incluyera diversos medios artísticos en sus proyectos. En el 2012, él, su pareja – Melissa Rivera, quien se formó en danza contemporánea– y otros artistas crearon Taxi Colectivo, un grupo que mezcla la plástica con las artes escénicas. Hasta el momento han realizado dos espectáculos: Epidermis transgénica y Boomerang.

Curiosidad infinita y cabeza metódica: estas son las herramientas de Francesco Bracci artista-arquitecto-experimentador, un hombre que se hunde en objetos de desecho para emerger con luces que brillan en la ciudad.

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Imagen fragmentada. Transferencias , de Francesco Bracci, estará abierta hasta el viernes 4 de julio en la vitrina del Lado V de la Fundación Teorética (300 metros al norte del quiosco del parque Morazán, calle 7, avenida 11, barrio Amón). La entrada es gratuita. Tel. 2233-4881.