19 abril, 2015

Jimena Garnier jimegarnier@gmail.com

La primera vez que caminé por las calles de Nueva York, me sentí sofocada. Con costos podía ver el cielo pues los altos edificios tapaban hasta la nube más pequeña. Yo no podía evitar este impacto ya que venía de Costa Rica, mi país, tan verde, con sus cielos abiertos y celestes. Las calles grises de esa ciudad dan la sensación de estar caminando sobre un gigante furioso.

En Nueva York, todo vibra, gruñe y habla. Parece que la arquitectura estuviese viva y quisiera conversar. Por esto me sentí atraída a descubrir cómo podía entrelazar la relación entre los edificios y sus habitantes.

Esta fotografía-montaje se llama Estructura y es parte de una serie de nueve imágenes. En enero del 2014 me regalaron una cámara Polaroid de hacía 20 años, un producto ya descontinuado.

Como yo estudiaba escultura de metal, uno de mis profesores me recomendó utilizar un instrumento fuera de lo común, y fue así como empecé con la fotografía instantánea. Me llamaba la atención que esta foto no sería digital: hay algo muy especial en una imagen cruda que no ha sido intervenida en estos tiempos, cuando el producto editado a la perfección es lo normal.

Estructura de Jimena Garnier | JIMENA GARNIER
Estructura de Jimena Garnier | JIMENA GARNIER

Yo caminaba por Manhattan y tomaba fotos de todo lo que resaltara: es decir, de absolutamente todo. Me di cuenta de que sin querer mantuve un patrón de fotografías de arquitectura. En otros momentos tomaba fotos de torsos desnudos como si fueran edificios enormes, con la perspectiva invertida.

Me inspiré en los trabajos de Andy Warhol y Cameron R. Neilson. Warhol retrataba a famosos con su cámara Polaroid, y su serie es muy simple y elegante. En cambio, Cameron R. Neilson toma fotos geométricas y complicadas en blanco y negro, de arquitectura.

Siendo escultora, yo no podía evitar mis ganas de construir; por esto, decidí experimentar y hacer una especie de collage con las imágenes. Empecé cortando los negativos de las fotos de los edificios, los raspé y lavé con agua hasta conseguir cierta transparencia en la imagen.

Con una mezcla de goma y barniz, pegué la foto manipulada del edificio a la del torso. Logré que la arquitectura geométrica y rugosa se viese delicada, y que el cuerpo humano, orgánico y sensible, se transformara en un objeto tosco. En esta isla de Manhattan –que parece ser el centro del mundo–, los masivos edificios no son el sostén de la ciudad, sino sus habitantes, quienes le dan vida al concreto.

La serie de nueve fotos se ha exhibido en Nueva York en The School of Visual Arts, en Louie & Chan y en la galería Cuatro H (Brooklyn).

Cada trabajo tiene su enfoque, pero cada persona tiene su percepción, y esto hace que el arte no sea estático ni agobiante. Esta es la maravilla de cada obra: su historia; hay un significado detrás de ella, pero, a los ojos de cada persona, puede ser algo distinto.