Por: Víctor Hurtado Oviedo 5 octubre, 2014

Hay dos hipótesis sobre el origen de la vida en la Tierra, salvo que aparezca una más pues siempre hay un centrista, incluso en las ciencias biológicas, que son tan serias.

Bueno, se entiende que surjan otras hipótesis, y debemos ser comprensivos con la gente que las inventa pues a algunos quizá no les guste haber emergido de una sopa ni ser herederos de bacterias que vaya uno a saber de dónde vienen.

La primera hipótesis postula la idea de una “ sopa primordial”, cuyos ingredientes debieron de ser el carbono, el nitrógeno y el hidrógeno, expuestos a rayos ultravioletas y a energía eléctrica, cual explica la siempre habladora Wikipedia, que sabe mucho de estas cosas.

Según la segunda hipótesis, la vida llegó en cohetes interestelares que trajeron bacterias, y estas crecieron y se multiplicaron hasta producir el parque Jurásico de verdad y la protomusaraña de la que venimos Homero, Leonardo, Newton y todos nosotros. Un propositor de esta hipótesis (la panspermia ) fue Francis Crick, codescubridor del ADN, en su libro La vida misma .

Aunque casi todos los científicos se inclinan hacia la primera hipótesis, a nosotros nos gusta más la segunda ya que –asaz plebeyos como somos– nos permite soñar despiertos –cual si estuviésemos en el trabajo– y creernos que somos bichoznos (nietos del tataranieto) de alguna luciente Pléyade o de algún rey de Neptuno, el único dios del mar que nada alrededor del Sol.

Ocio
Ocio

Lo que más nos apena de la hipótesis de la panspermia es que, cuando la vida llegó a la Tierra, nadie haya salido a recibirla.

De la Luna también se han dicho muchas cosas, pero no las crea pues la gente siempre habla: va del Homo sapiens al Homo loquens. Nunca preste oídos a gente que ni siquiera devuelve las cosas.

No se sabe bien cómo apareció la Luna, de modo que quienes la estudian ya están en ella. Para algunos científicos, la Luna surgió del choque de un supersuperaerolito contra la Tierra cuando esta aún estaba en su convulsa, fogosa adolescencia. Porque apela a un choque, esta hipótesis es de alto impacto.

Otra hipótesis (= tesis que aún está por debajo de la verificación) presume que la Luna llegó de lejos, cual inmigrante sin papeles, huidizo de un cataclismo transestelar, o como un vagabundo sin destino y clochard de las estrellas.

Se supone así que la Tierra ejerció su gran atractivo para retener al viajante y hacerlo que, hipnotizado, se pase la vida cósmica dándole vueltas y serenatas de luz. (Estas cosas pasan hasta en el cielo.)

Una tercera hipótesis induce a creer que la Luna salió de la Tierra caliente cuando esta giraba sobre sí misma y perdió masa corporal.

El astrónomo Carl Sagan tampoco sabía la respuesta, mas nunca cesó de preguntar, imitando a los niños. “Excepto los niños, pocos dedicamos mucho tiempo a preguntarnos por qué la naturaleza es como es. Para ellos no hay ‘pregunta estúpida’” ( El mundo y sus demonios , cap. XIX). No hay preguntas estúpidas en la conquista del saber. No debemos avergonzarnos de no saber, sino de no querer saber.