En el espacio experimental del Museo de Arte y Diseño Contemporáneo, El Tanque, la artista explora efectos de tiempo y ambiente en distintos materiales

Por: Fernando Chaves Espinach 29 marzo
El Tanque se ubica en la entrada del MADC, en el Centro Nacional de Cultura. Luis Navarro
El Tanque se ubica en la entrada del MADC, en el Centro Nacional de Cultura. Luis Navarro

Hay algo serenamente poético, casi imperceptible, en la obra de Diana Barquero, exhibida en El Tanque. El contenedor de combustible, vaciado y convertido en sala experimental del Museo de Arte y Diseño Contemporáneo (MADC), exhibe un paisaje minúsculo que, en su discreción, habla de todos los paisajes, la materia que se transforma, el tiempo.

La exposición Afectaciones sobre un sujeto matérico , abierta de marzo a junio, dispone al espectador frente a un tanque rectangular donde el agua siempre está a punto de desbordarse. Arcilla y tierra conforman una pequeña geología en perpetuo cambio; al caminar sobre el suelo irregular del tanque, nubarrones de polvo flotan en este mar miniatura.

“Originalmente, el proyecto se llamaba ‘El desborde’, porque era sobre la idea de trabajar con el punto de quiebre que se da en el paisaje y también en el sujeto, mostrar cómo la geografía empieza a cambiar a partir de sus procesos de desborde (un volcán que hace erupción, inundaciones...)”, explica Diana Barquero. “Ese era el punto de partida, pero fue mutando al pensar cómo la materia, orgánica o inorgánica, el sujeto consciente o no, siempre es vulnerable ante entes externos”, dice la artista.

La carrera de Diana Barquero ha explorado las transformaciones de la materia y el sujeto anteriormente. Luis Navarro.
La carrera de Diana Barquero ha explorado las transformaciones de la materia y el sujeto anteriormente. Luis Navarro.

Lejos de la idea de una exposición como una vitrina de obras terminadas, piezas estáticas, el proyecto de Barquero será diferente cada vez que el espectador se acerque. El tiempo, la exposición al sol y la temperatura y la intervención de los visitantes –que pueden tocar, mover y probar– transforman, poco a poco, la arcilla y el polvo del cubo central y las piezas secundarias.

Que el espacio de exhibición sea El Tanque amplifica el efecto de la pieza. Al ingresar, el espectador se siente sobrecogido por el calor, y se percata pronto de que sus pasos hacen vibrar el agua que llena el tanque hasta el borde superior; al moverse, amenaza con provocar el desborde de la pieza. En las paredes se proyectan videos grabados dentro de una “pecera” acrílica similar con una cámara Go Pro (proyectados con apoyo de la empresa Pulse), cuyo sonido se amplifica y rebota en las paredes herrumbradas de la sala.

Anteriormente, Barquero exploró esta cuestión orgánica de las piezas, su cambio en el tiempo, en la Alter Academia de Teorética, donde en una sala abierta al público iba probando, midiendo y experimentando. “En Teorética lo que estuve trabajando fue esta línea de generar desequilibrios o tensiones antes del desborde”, dice.

Es una forma de llevarse a sí misma, como artista, al borde: “Al ser procesos sociales, uno está en constante debate y contacto con la gente. A veces me pongo un poco nerviosa, pero me han hecho crecer un montón estas oportunidades”.

¿Cuánto cambiarán estos objetos en El Tanque? ¿Cuánto cambiará el proyecto inicial de Barquero? O mejor, ¿cuánto cambiarán sus visitantes?

En estos días, puede conocer cuatro proyectos disímiles, inaugurados en estos días, en el Museo de Arte y Diseño Contemporáneo. El sábado pasado abrió en la sala 4 ‘Ampliación del campo de batalla’, de Adrián Flores Sancho, que no se queda en su sala. Este jueves 30, a las 7 p. m., ‘Naturaleza oculta’, de Guillermo Tovar, ocupará las salas 2 y 3 con dibujos y proyectos audiovisuales. Coincide con Pável Aguilar (de Honduras), quien exhibirá ‘Partidas y partituras’ en la Sala 1.1. La entrada a esta doble cita será gratis.