Líneas y colores. El Museo de la OEA ofrece una muestra de grandes exponentes de la abstracción geométrica de América Latina

 6 abril, 2014
5. De Izquierda a derecha: Cinta de Moebius (1975), acrílico del uruguayo Enrique Medina Ramela; Variaciones 4 (1978), óleo de la argentina María Martorell, y Composición (sin fecha), laca del costarricense Manuel de la Cruz González Luján.
5. De Izquierda a derecha: Cinta de Moebius (1975), acrílico del uruguayo Enrique Medina Ramela; Variaciones 4 (1978), óleo de la argentina María Martorell, y Composición (sin fecha), laca del costarricense Manuel de la Cruz González Luján.

A inicios del siglo XX, el artista suizo Paul Klee sentenció –por medio de sus palabras y sus pinturas– que una línea es un punto que camina hacia el infinito. Hoy, miles de estos puntos viajeros se detienen en el Museo Rafael Ángel Calderón Guardia para mostrarse bellos y coloridos en Constelaciones: Constructivismo, internacionalismo y la vanguardia interamericana , una muestra de 36 obras de 24 representantes de la abstracción geométrica.

La muestra reúne piezas de artistas sudamericanos que forman parte del Museo de la OEA, y un cuadro y varios bosquejos del costarricense Manuel de la Cruz González Luján. Las obras de González pertenecen al repertorio privado de Luis Rafael Núñez Bohórquez, director del Museo Calderón Guardia, y a la Caja Costarricense del Seguro Social.

2. Adán y Eva (1947). Óleo en masonite del uruguayo José Pedro Costigliolo.
2. Adán y Eva (1947). Óleo en masonite del uruguayo José Pedro Costigliolo.

Esta exposición –sin las piezas de Manuel de la Cruz– se presentó por primera vez hace unos años en Washington y fue curada por Abigail McEwen. Ahora llega a Costa Rica por iniciativa de Henry Jova, representante de la OEA en el país. La historiadora del arte María Alejandra Triana Cambronero hizo la curaduría que se ofrece en San José.

En la exhibición predominan las obras elaboradas entre las décadas de los años 50 y los 70; sin embargo, también apreciamos piezas de los años 40, cuando José Gómez Sicre empezó a formar la colección de la OEA –entidad que en aquel momento se llamaba Unión Panamericana–.

El director del Museo de la OEA, Andrés Navia, afirma que el contexto de la Guerra Fría provocó un sesgo en la colección. “El Museo evitó adquirir obras figurativas de la realidad social de Latinoamérica ya que en algunas de ellas podía percibirse un mensaje de lucha social vinculado a las ideas comunistas. Esto fue un mandato de los Estados Unidos, que tenían un papel preponderante en la OEA. En consecuencia, la institución carece de piezas de algunos artistas importantes, como los muralistas mexicanos”, expresa.

Así, el Museo decidió alejarse de las imágenes realistas que mostraban el folclor y el contexto social de los países, y creó un acervo de arte latinoamericano con obras de creadores que jugaban con el constructivismo y la abstracción geométrica: un movimiento vanguardista influido por la estética popular en Europa.

“Estos creadores tomaron los principios del constructivismo ruso (líneas rectas, composiciones que destacan las geometrías…), pero los despojaron de su función social y los utilizaron para expresar su percepción del mundo”, dice Navia.

Hoy, el Museo de la OEA está abierto a todo tipo de arte. “Es una institución muy diferente de lo que era durante la Guerra Fría: abrazamos distintos medios, como la pintura, la fotografía, el video y la performance. Nos interesa el arte relacionado con la participación ciudadana, la democracia y los derechos civiles”.

6. Adelante: Aparato mágico (1958), escultura del colombiano Edgar Negret. Detrás: Pintura Madí (1947), óleo del argentino Gyula Kosice.
6. Adelante: Aparato mágico (1958), escultura del colombiano Edgar Negret. Detrás: Pintura Madí (1947), óleo del argentino Gyula Kosice.

La entidad ya no posee fondos para ampliar la colección, pero sigue promoviendo a artistas jóvenes con compromiso social por medio de colaboraciones con otros organismos.

Líneas sin tiempo. Las obras de esta exposición viven en el espacio, pero no en el tiempo. “La geometría es atemporal. Los cuadros siempre se verán modernos”, opina Andrés Navia.

Las líneas de la Argentina brillan en la muestra. Se ofrecen obras de ocho artistas de este país, entre las cuales destaca el óleo Pintura Madí (1946), de Gyula Kosice, una composición geométrica que, al no conformarse con existir solo en los trazos, traslada sus ángulos sugerentes a la forma del lienzo.

En 1946, Kosice cofundó el movimiento Madí con Carmelo Arden Quin y Rhod Rothfuss. Esta corriente estética rioplatense exaltaba el racionalismo de las figuras geométricas y recurría a usar marcos irregulares o rotos para integrar la obra con el medio.

Por otro lado destacan los trazos sobrios de los colombianos Eduardo Ramírez Villamizar, Edgar Negret, Omar Rayo y Fanny Sanin. Estos artistas vivieron uno de los periodos más trágicos de su país: la llamada Violencia, un enfrentamiento entre el Partido Liberal y el Partido Conservador que ocurrió en los años 40, 50 y 60, y que resultó en miles de muertes.

“Las obras están colmadas de geometrías planas y contrastes austeros de color, lo que se asocia con la violencia que ha marcado a Colombia”, explica Navia.

A su vez, el venezolano Alejandro Otero brinda la serigrafía Austral, un diseño reticular que se escapa del papel por medio de una ilusión óptica para que lo veamos en toda su gloria. El artista fue maestro de un notable amigo que todos apreciamos: Manuel de la Cruz González Luján.

Geometría mística. La construcción de la geometría perfecta se aprecia en las obras de González. La sala dedicada a sus trabajos exhibe bocetos de murales y algunos diseños elaborados con lápiz. También podemos ver Composición , una laca perteneciente a la serie Espacio, color y concretismo espacial.

Resaltan los bosquejos del mural Espacial , que se pintó entre 1957 y 1961 en el edificio del antiguo Banco Anglo (actual Ministerio de Hacienda).

1. Formas hacia la luz (1975). Acrílico del argentino Miguel Ángel Vidal.
1. Formas hacia la luz (1975). Acrílico del argentino Miguel Ángel Vidal.

“Manuel sintió mucha curiosidad por la abstracción geométrica. Antes de su exilio en 1949, el artista ya demostraba cierto interés por ese movimiento estético, el que se desarrolló cuando conoció a Wilfredo Lam en Cuba, y estudió con los venezolanos Alejandro Otero y Jesús Rafael Soto . González siempre fue fiel a su estilo, aunque en aquel momento no fue bien recibido”, comenta Luis Núñez.

“En su arte, Manuel concebía espacios ordenados y muy íntimos que vibraran junto con el espectador. Para él, la importancia de la abstracción geométrica residía en la construcción de la obra, que era un reflejo de su proceso mental”, añade Núñez.

Una constelación de grandes artistas se encuentra en el Museo Calderón Guardia. Allí, las líneas recorren colores para pintar la historia de la geometría perfecta latinoamericana.

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Música en los muros.

Si bien la abstracción geométrica tuvo su origen en Europa (Mondrian, Malevitch) y algunas manifestaciones interesantes en los Estados Unidos (Reinhardt, Albers), lo cierto es que en América Latina tuvo un florecimiento espectacular en el siglo XX, sobre todo en el Cono Sur, Colombia y Venezuela.

Eso es interesante porque generalmente se tiende a asociar la identidad latinoamericana con las culturas tradicionales, con la naturaleza y con lo social. Nadie hubiera previsto que un arte cerebral y matemático -porque la geometría es matemática- tendría tal desarrollo en este lado del mundo.

Sin embargo, así fue, y no solo eso, sino que la abstracción geométrica fue una de las corrientes más fuertes en la mejor época del arte latinoamericano del siglo XX. La otra tendencia importante en ese período -que abarcó desde mediados del siglo hasta cerca de 1980- fue la llamada “nueva figuración”.

Poco de eso se había visto en Costa Rica hasta ahora, cuando, con motivo del FIA, el Museo de las Américas de la OEA nos trae una colección con obras significativas de muchos de los grandes abstractos sudamericanos, comenzando por un óleo del pionero, de uno de nuestros artistas universales: el uruguayo Joaquín Torres García, así como una magistral pintura de Eduardo Ramírez Villamizar, entre otros tesoros. Hay que ir al Museo Calderón Guardia, detener el pensamiento, abrir los ojos y escuchar esa música visual de líneas, planos y colores. Es ahora o nunca.

Carlos Francisco Echeverría, crítico costarricense de arte.

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Historias de líneas. Constelaciones: constructivismo, internacionalismo y la vanguardia interamericana se ofrecerá hasta el domingo 13 de abril en el Museo Calderón Guardia (avenida 11, calle 25, barrio Escalante, San José). Horario: de lunes a sábado de 9 a. m. a 5 p. m. La entrada es gratuita. Teléfono: 2255-1218.

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Exploradores de la geometría. La muestra presenta obras de los argentinos Sarah Grilo, Gyula Kosice, Rogelio Polesello, Eduardo Mac Entyre, Ary Brizzi, Miguel Ángel Vidal, María Martorell y Cristina Sicardi. Al igual, se encuentran piezas de los colombianos Eduardo Ramírez Villamizar, Edgar Negret, Omar Rayo y Fanny Sanin.

La exposición también incluye cuadros de los uruguayos Joaquín Torres García, Lincoln Presno, José Pedro Costigliolo, María Freire, José Gurvich, Manuel Pailos y Enrique Medina Ramela. Por otra parte se aprecian pinturas del ecuatoriano Estuardo Maldonado, el paraguayo Enrique Careaga y los venezolanos Elsa Gramcko y Alejandro Otero.

Por último se ofrece una sala exclusiva dedicada a las obras del costarricense Manuel de la Cruz González.