Por: Fernando Chaves Espinach 22 septiembre, 2013
Pablo Neruda / Crédito: Jose Antonio Salazar
Pablo Neruda / Crédito: Jose Antonio Salazar

Pablo Neruda fue uno de esos poetas que desean abarcarlo todo con la expansión constante de sus versos. Es más evidente en su Canto General , que es un monumento, un viaje poético por lo inmenso y lo pequeño – ha sido comparado, con frecuencia, con las Hojas de hierba , de Walt Whitman, de similar ambición –.

Sin embargo, estas ansias de recorrerlo todo resuenan en toda su obra. “No hay espacio físico de América Latina que no haya sido poetizado por él: montañas, ríos, piedras, manantiales, potreros, animales... Todos los héroes o antihéroes de América están en su poesía”, comenta la crítica literaria Amalia Chaverri.

El académico Guillermo Barzuna considera que el gran tema de la obra nerudiana es el amor, en todas sus manifestaciones posibles. “El amor como eje fundamental de su canto, diversificado en el amor por lo terrestre, el compromiso histórico y lo cotidiano”, describe.

Para el profesor de Literatura Juan Durán Luzio, existen tres grandes áreas de la construcción poética de este gran arquitecto de la poesía. Durán identifica un “Neruda amoroso”; una poesía política y, como complemento, una poesía de lo cotidiano.

El poeta y ensayista Carlos Francisco Monge considera que esta división corresponde con la evolución personal del creador, el cual inició con sus versos amorosos en la adolescencia y que, conforme fue empapándose de otras corrientes literarias, fue haciéndose más experimental.

La crítica ha variado a lo largo de los años, y su obra, si bien no ha perdido popularidad en ventas, pareciera no ser tan leída como antes. En los años 60 y 70, según Barzuna, un “criterio ideológico” forzó a la desestimación de su poesía política, por ejemplo. Asimismo, se le ha juzgado por una imagen romántica de poeta de boina, mujeres y vino que ha sido celebrada en el cine.

“Se toma mucho tiempo para poder releerlo y salirse de esas mezquindades –que lo son– de leerlo muy apegado a sus malos imitadores y a sus malos momentos. No cabe la menor duda de que es un poeta enorme e ineludible en español”, declara el traductor y crítico G. A. Chaves.