Juan Goytisolo. El escritor ha cultivado múltiples géneros literarios con gran solvencia

 30 noviembre, 2014
Juan Goytisolo dice que dejó la narrativa para siempre:
Juan Goytisolo dice que dejó la narrativa para siempre: "No tengo nada que decir, es mejor que me calle. No escribo para ganar dinero ni al dictado de los editores"

El escritor Juan Goytisolo español ha ganado el Premio Cervantes y es uno de los grandes nombres de la tradición narrativa en lengua española, un autor cervantino y una de las voces más críticas y heterodoxas, un practicante de la “incorrección política”, desde que se exilió en París en 1956.

Juan Goytisolo Gay (Barcelona, 1931) está considerado también un “interlocutor entre la cultura europea y la islámica”: no en vano vive en Marrakech desde los años 80; pero, antes, sus pasos estuvieron en los Estados Unidos, donde dio clases en California, Boston y Nueva York.

Su vida nómada y universal también se refleja en su literatura. El mexicano Carlos Fuentes lo consideraba “uno de los mejores escritores del mundo”, y el mismo Goytisolo se ha clasificado como alguien “anómalo como todo creador” y de “nacionalidad cervantina” .

Nacido en el seno de una familia vasco-cubana, Juan es hermano del poeta José Agustín Goytisolo, fallecido en 1999, y del también escritor y académico Luis Goytisolo.

Licenciado en derecho por la Universidad de Barcelona, tras la publicación de sus dos primeras novelas, Juegos de manos (1954) y Duelo en el Paraíso (1955), Juan Goytisolo se marchó a París, donde estuvo hasta 1969.

Allí fue asesor literario de la prestigiosa editorial Gallimard, y conoció a Monique Lange (1926-1996), la novelista y guionista con quien se casó en 1978 y quien introdujo en Francia a autores como Luis Goytisolo y Jesús Fernández Santos.

Reconocimiento. Goytisolo es autor de más de cincuenta títulos, la mayoría traducidos al inglés. El creador cultiva la novela, el ensayo, la literatura de viajes, el cuento y las memorias. La suya es una obra marcada siempre por el compromiso y la libertad.

Es autor de Fin de fiesta , y una de sus obras míticas y de mayor impacto es Señas de identidad. Luego aparecieron Juan sin Tierra, Disidencias, Makbara, Paisajes después de una batalla y Coto vedado, donde habla abiertamente de su homosexualidad.

Asimismo, Duelo en el paraíso, Reivindicación del conde don Julián, Crónicas sarracinas, Las virtudes del pájaro solitario, Carajicomedia y Telón de boca dejan constancia de una obra que atraviesa géneros y fronteras.

Juan Goytisolo ha sido reconocido con premios como el Nacional de las Letras, el Premio Formentor, el Europalia de Literatura, el Octavio Paz, el Juan Rulfo de Guadalajara (México), el Rachid Mimumi de París a la tolerancia y a la libertad, y el Nelly-Sachs (Dortmund, Alemania, 1993). Goytisolo lamenta que la mayoría de los premios se los dieran fuera de España.

Ahora, el Premio Cervantes pone el broche de oro a toda su carrera, vertebrada por su idea de la creación y también por un autor, Cervantes, quien –en palabras de Goytisolo– “fecundó la totalidad de la novela europea” .

Un heterodoxo . En cuanto a la creación, Goytisolo ha sido siempre muy claro: “No hay corrección política. Ocurre lo mismo que con las fantasías sexuales de cada uno, que no tienen que pasar por ninguna corrección”, decía no hace mucho el escritor.

La suya es una obra que estuvo prohibida en España por la censura franquista desde 1963; pasó por el realismo social de los años 50, con un pensamiento muy crítico con el sistema burgués; más tarde siguió el trazo de una literatura moderna y muy heterodoxa, la cual llega hasta nuestros días.

Defensor de los derechos de las mujeres, de los homosexuales, del Tercer Mundo y de todas las minorías, Juan Goytisolo también ha dedicado varios ensayos a referentes suyos, como los “heterodoxos” españoles José María Blanco White, Manuel Azaña y Américo Castro.

Goytisolo siempre ha reivindicado la necesidad de hacer una transición cultural en España. “La Transición política cambió el rumbo de la sociedad española, pero no ha ido acompañada de una transición cultural”, ha recalcado en muchas ocasiones el escritor premiado.

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Unir las dos orillas.

El jurado que otorgó el Premio Cervantes a Juan Goytisolo destacó las “propuestas estilísticas complejas desarrolladas en diversos géneros literarios” por el autor, además de su voluntad de integrar “las dos orillas, a la tradición heterodoxa española y por su apuesta permanente por el diálogo intercultural” .

Juan Goytisolo Gay (Barcelona, 1931) ha vivido desde muy joven fuera de España, ya que en 1956 se instaló en París, para residir posteriormente en los Estados Unidos: en Boston y Nueva York.

El presidente del jurado del premio, el poeta español José Manuel Caballero Bonald, ha asegurado que este es un galardón “en todos los sentidos bien dado” .

Para Caballero, Juan Goytisolo es “una de las cumbres literarias españolas desde la posguerra”, un escritor que evolucionó desde el realismo social a la indagación del lenguaje, lo que lo ha llevado a ocupar “un lugar ineludible” en las letras hispanas.

Caballero también ha resaltado la personalidad de Goytisolo y lo ha definido como un escritor preocupado por la heterodoxia y por el diálogo con las diferentes culturas del mar Mediterráneo: “Un intelectual realmente cabal”, ha destacado el poeta.

Goytisolo es un hombre en el que se puede confiar “por su autenticidad”, opinó Elena Poniatowska, miembro del jurado por ser la ganadora de la pasada edición del Cervantes.

“Es a veces tan auténtico como la duquesa de Alba”, ha bromeado la escritora mexicana, quien rememoró una visita que hizo con Goytisolo a unas pirámides de México y tras la que el premiado le comentó: “Es más difícil subir a las pirámides que una noche de amor” (EFE).

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Un exilio presente

Por Javier Rodríguez Marcos, de “El País Internacional”.

“Esta casa es un desconcierto”, decía Juan Goytisolo el domingo pasado en el patio de su “riad” de Marrakech (Marruecos) mientras sonaba el timbre y tardaban en abrir. Allí recibió la llamada que, tras una reñida deliberación, le anunciaba el Premio Cervantes, el más importante de las letras en el idioma español, dotado con 125.000 euros. ¿Las razones del jurado?: “Su capacidad indagatoria en el lenguaje” y su “apuesta permanente por el diálogo intercultural”.

A unos pasos de la bulliciosa plaza de Xemaá-el-Fná, el escritor recordaba que llegó a esta ciudad por primera vez en 1976 para aprender árabe dialectal, la lengua en la que se dirige a los vecinos que lo saludan durante su paseo entre el Café de France de la plaza y su casa. La compró en 1981 y se instaló definitivamente en ella en 1997 tras cuatro décadas en París.

Meses antes había muerto su esposa, la novelista francesa Monique Lange, destinataria de algunas de las páginas más delicadamente descarnadas de En los reinos de taifa (1986), el volumen de memorias en el que Goytisolo analizaba su cambio de registro literario –del realismo crítico a la experimentación con una suerte de “verso libre narrativo”– al tiempo que asumía públicamente su homosexualidad.

–¿Qué es más sospechoso: que nos den un honor oficial o que nos lo quiten?

–Cuando me dan un premio, siempre sospecho de mí mismo. Cuando me nombran persona non grata, sé que tengo razón.

–Usted ha dicho que en España se hizo transición política pero no cultural. ¿Por qué?

–Porque sigue vigente el canon nacionalcatólico. Yo tengo fama de heterodoxo, pero nunca he buscado la heterodoxia, sino ampliar la base del canon; es decir, incorporar lo que había sido dejado de lado por fidelidad a un relato histórico que no se corresponde con la realidad.

”Hay tres temas tabú en la cultura española. Uno es el carácter mudéjar de la literatura española en los tres primeros siglos: escribiendo en lengua romance, pero inspirándose en modelos literarios árabes.

”El segundo, el problema de la limpieza de sangre: la literatura está embebida de la violencia entre cristianos viejos y cristianos nuevos, y esto se traduce en nuevas formas literarias en el siglo XV y el XVI.

”Tercero, el extrañamiento del tema erótico. Menéndez Pidal y Unamuno hablan de la cultura española como una cultura casta en contraposición al libertinaje de la francesa. Cuando uno conoce el Cancionero de burlas, La lozana andaluza o La Celestina, se encuentra con un rotundo desmentido a esa afirmación”.

–La novela de su propia transición, Señas de identidad, quería poner en evidencia los grandes mitos de la España franquista. ¿Cuáles serían los de la España de hoy?

–La “Marca España”. Reducir España a la Marca España y no ver la cruda realidad de una sociedad que está sufriendo por el paro y la marginación. Este mito de la Marca España hay que deshacerlo. Este optimismo…

–Usted lleva 30 años viviendo en Marruecos y ha viajado y escrito mucho sobre el islam. ¿Qué no hemos entendido los occidentales sobre el mundo árabe?

–Hay un malentendido fundamental: es absurdo hablar de “mundo árabe”. La vida social y cultural de Egipto no tiene nada que ver con la de Arabia Saudí, ni esta con la que había en Iraq antes de la destrucción… Es un patchwork, un tejido único compuesto de retazos de colores distintos.