El breaking surgió como una moda en los años 80, y ahora es fuente de ingreso económico para algunas agrupaciones en la escena nacional

Por: Gloriana Corrales 11 julio, 2015

Si atraviesa un parque y ve a un grupo de muchachos abandonándose a la energía del movimiento, con los pies en el aire y las manos en el suelo, sepa que está ante una escena de arte para la ciudad. Esta es la esencia del break-dance.

Natasha Campos, quien aprendió a bailar en las calles y ahora trabaja como organizadora de eventos, es consciente de la necesidad de tomar los espacios públicos. “Es la forma de mantener nuestra raíz. Si la gente no nos ve, nos convertimos en un deporte”, dice.

El break-dance debe verse como parte de la cultura hip-hop , importada a Costa Rica en los años 80 y sumida en una constante evolución.

Marlon Fadell, uno de los primeros b-boys de Costa Rica, recuerda que sus épocas eran aquellas en las que ver videos de lo que se está haciendo en otros países no estaba al alcance de la mano. Había tres películas re referencia obligatoria: Breakin’, Breakin' 2: Electric Boogaloo y BStreet. “No teníamos de dónde aprender, éramos más originales”, dice.

Sin embargo, admite, era mucho más una moda en aquel entonces que en la actualidad.

Profesionales. Los miembros del crew Hybridz aprendieron en las calles y a través de videos de YouTube. Luis Navarro
Profesionales. Los miembros del crew Hybridz aprendieron en las calles y a través de videos de YouTube. Luis Navarro

Por su parte, Campos afirma que la consolidación de la cultura break-dance en el país llegó hace cinco años, con su incorporación en la mayoría de academias de baile y la organización de eventos y competencias. Hoy, algunas de las más importantes son el Festival Union Break, la Batalla Territorial y Little BBoy , para menores de 18 años .

Justamente, para Fadell, la participación en este tipo de actividades es una de las grandes diferencias con los 80. “Batallábamos por el barrio, por nuestro crew, por nuestro nombre”, dice. “Ahora es más comercial; antes lo hacíamos por amor y no por andar compitiendo en eventos”.

No obstante, las competencias de break-dance han traído consigo una visibilización de este baile urbano, así como la posibilidad de percibir beneficios económicos para quienes dejan alma, vida y corazón en el concreto.

“Erradicamos la idea de que somos vagabundos. Esto es un arte. Y cuando el cliente entiende eso, te lo paga”, dice Bryan Vega, miembro de la agrupación Hibridz, ahora contratada en fiestas, promociones de marca y hasta en matrimonios.