27 junio, 2013
August Strindberg
August Strindberg

Con El sueño (1901), el dramaturgo August Strindberg traslada la imposibilidad de las experiencias oníricas al arte escénico: el tiempo y el espacio son insignificantes; la realidad se crea en la mezcla de recuerdos, vivencias, absurdos e invenciones.

Strindberg catalogó esta obra como una comedia onírica, refiriéndose a su intento por imitar la forma incoherente, pero en apariencia lógica, de los sueños.

A telón abierto, el escenario se transforma de las afueras de un teatro a la oficina de un abogado; luego, la oficina se vuelve una iglesia, cambiando cada objeto por uno nuevo ubicado en el mismo lugar.

El tiempo también carece de verosimilitud. Un ejemplo es el envejecimiento extremo de un personaje a la espera de un cerrajero que abrirá la puerta que lo separa de su amada. Los acontecimientos se circunscriben a un estado psicológico del cual no hay salida.

La obra narra la historia de Agnes, hija del dios Indra, quien llega a la Tierra buscando entender la condición humana. Sin embargo, el noble entusiasmo del personaje es aplastado por la realidad llena de injusticia, dolor y sufrimiento.

El sueño es una crítica a la sociedad. Ahonda en el dolor y pena que traen al ser humano la pobreza, el trabajo, el amor y el matrimonio. Su tesis es simple y se repite a lo largo de la obra: “¡Triste destino, el de los hombres!”.

Strindberg nació en Estocolmo en 1849 y murió en la misma ciudad en 1912. Es considerado uno de los dramaturgos suecos más importantes de la historia. El sueño es un alejamiento –iniciado con la trilogía Camino a Damasco (1898- 1904)– del naturalismo que caracterizó sus primeros textos.

Escribió estos dramas cerca del fin de unos serios problemas salud mental que coincidieron con el divorcio de su segunda esposa.

El dramaturgo produjo cerca de 120 obras de diferentes géneros en poco más de cuatro décadas de carrera; más de la mitad de ellas fueron obras teatrales.

A poco más de cien años de su muerte, la vigencia de Strindberg es fuerte. Sus obras todavía son puestas en escena a nivel mundial.

La estructura narrativa en El sueño no es casual. El mundo onírico no es un escape de los males de la vida: es una expresión más intensa de ellos.

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