Por: Natalia Díaz Zeledón 18 febrero
Teatro y danza. El movimiento de Distópica busca crear más impacto de su historia. Cortesía de Alonso Quesada.
Teatro y danza. El movimiento de Distópica busca crear más impacto de su historia. Cortesía de Alonso Quesada.

Cuando los seis intérpretes de BOR BOR suben al escenario, el escenario se transforma en el mundo exterior: la danza representa violencia, desarticulación social; en resumen, problemas.

El mismo título de la obra refiere a una realidad indeseable: “ Distópica es un reflejo de lo que estamos viviendo y (el público) puede identificarse”, aseguró el director Julio Borbón sobre su trabajo.

Este sábado, el Teatro de la Danza –ubicado dentro del Centro Nacional de Cultura, en San José– presentará dos funciones del espectáculo de danza contemporánea y teatro físico.

Los horarios son: 3 p. m. y 8 p. m. La entrada cuesta ¢5.000.

Una historia. Distópicas ofrece dos obras que convergen bajo una misma narración. Borbón asegura que, juntas, son una historia sencilla: la primera coreografía – Fenómeno emergente – traduce los procesos migratorios que fueron noticiosos el año pasado y, la segunda – Nebulosa – describe los mecanismos de opresión a los que están expuestos las personas sin poder.

“Estos personajes van pasando por una serie de etapas, nos valemos del teatro físico para lograrlo”, explicó Borbón. “Tenía que ser una obra que la gente pudiera entender y también sentir”.

Esas sensaciones son el criterio más valioso para Borbón.

Antes de presentar la pieza en el Teatro de la Danza, su grupo viajó por Guanacaste realizando talleres de sensibilización a la danza contemporánea y consiguió una primera exposición de su trabajo.

“Si es de los que no va al teatro porque los intérpretes se arrastran por el piso o son ocurrencias, Distópica no es eso”, afirmó el director.