Eulalio Guadamuz, de Bagaces, e Isidoro Guadamuz, de Santa Cruz, son ganadores

Por: Irene Rodríguez 16 enero, 2015

“Usted sabe que cuando a uno le gusta algo, hace lo que sea para aprender ese algo y dedicarle el tiempo a ese algo. Eso me pasó con el quijongo. Hasta que me muera voy a tocarlo, aunque a veces sea cansado por la edad... ¡Quién iba decir que un día me iba a dar un premio...!”.

Con estas palabras, Eulalio Guadamuz definió el instrumento musical que lo llevó a ganar el Premio Nacional de Cultura Popular Tradicional 2014, anunciado ayer.

Este hombre, quien nació y vive en Bagaces, Guanacaste, comparte el galardón con otro gran exponente y rescatista de este instrumento: el santacruceño Isidoro Guadamuz de la O.

“El quijongo para mí es lo más precioso en instrumentos musicales. Nos representa como santacruceños y guanacastecos. Yo toco otros instrumentos, pero este es el mejor: suena lindísimo”, expresó Isidoro Guadamuz.

El quijongo guanacasteco es un instrumento de percusión creado con un arco de madera y un alambre sujeto a sus extremos, más una jícara en este y una caja de resonancia. Se toca con ayuda de una varilla de madera que, al golpear el alambre, arranca el sonido a la jícara.

“El quijongo guanacasteco es un instrumento tradicional que está a punto de desaparecer; don Eulalio Guadamuz, de Bagaces, y don Isidoro Guadamuz, de Santa Cruz, son dos de los últimos quijongueros dedicados a la transmisión de conocimiento sobre la construcción e interpretación, y a la promoción de este instrumento musical en Guanacaste”, dice el acta del jurado.

Aunque no son familia, Eulalio Guadamuz e Isidoro Guadamuz tienen un amor profundo por el quijongo. Ambos se han dedicado a hacerlo, ejecutarlo y dar clases de este instrumento. Cada uno en su estilo, han llevado gran parte de la responsabilidad de la conservación de la música guanacasteca. | FABIÁN HERNÁNDEZ
Aunque no son familia, Eulalio Guadamuz e Isidoro Guadamuz tienen un amor profundo por el quijongo. Ambos se han dedicado a hacerlo, ejecutarlo y dar clases de este instrumento. Cada uno en su estilo, han llevado gran parte de la responsabilidad de la conservación de la música guanacasteca. | FABIÁN HERNÁNDEZ

Tradición. Ambos músicos tienen distintas técnicas para elaborar el quijongo, pero coinciden en que no puede ser cualquier jícara la que se utilice en la confección de este instrumento.

“Cuesta hallar la vara y la jícara. Hay muchas, sí, pero uno necesita un tamaño y un diámetro específico”, aseguró don Eulalio.

Don Isidoro es de la misma opinión: “Yo pasé muchísimos años para encontrar la forma perfecta para hacer un quijongo como yo quería; con decirle que comencé a tocar a los nueve años y encontré cómo hacer el que yo quería por ahí de los 40”.

Ambos rescatan la variedad que se da con esta música.

“La ventaja es que uno puede tocar un montón de música. Yo toco bolero, vals, parranderas. Cualquier música es buena”, manifestó don Eulalio.

Este bagaceño siempre ha gustado de la música.

“Desde que nací estaba ya con una dulzaina en la boca. El quijongo lo comencé a tocar a los 14 años y de ahí no he parado; también toco marimba, pero me gusta más el quijongo. Ya son 66 años de tocarlo.

Sin embargo, los quijongueros aseguran que no cualquiera puede tocar este instrumento.

“Hay gente que intenta tocarlo, pero no todos lo logran. Hay gente que viene a que le enseñe, pero no todos tienen interés. Cuesta. Una vez vino un muchacho que quería tocar el Himno Nacional, pero vino una vez y no volvió”, contó don Eulalio.

Para don Isidoro, la tradición se está perdiendo: “Antes era muy común encontrarse cuartetos y hasta quintetos de quijongo en las calles, ahora no. El Ministerio de Educación debería obligar a dar clases de quijongo al menos en Guanacaste, para que más gente aprenda”.

Ellos no pierden oportunidad de promocionar su instrumento: “Yo tengo aquí listos seis quijongos; si alguien, en serio, quiere aprender, yo le vendo uno y lo acompaño para que aprenda”, dijo don Eulalio.

Mención de honor. El jurado otorgó también una mención honorífica a Rónald Alfaro Calvo, compositor de música popular costarricense y quien fuera la voz principal del Trío los Ticos.

“Su amplia trayectoria como embajador de la música ha logrado resaltar la cultura nacional, llevándola a diferentes lugares y países, destacando tradiciones del país en sus interpretaciones”, señala el fallo del jurado.