Teatro en el teatro. Partidas reivindica el uso de lo mínimo.

 28 febrero, 2015

Peter Brook –renombrado director e investigador inglés– afirmó, en 1968, que espacio, intérprete y espectador constituían los elementos imprescindibles del Teatro. Sin embargo, en la actualidad, este axioma es cuestionado por recientes exploraciones vanguardistas que renuncian al actor en escena. Aunque este no es el caso de Partidas , el monólogo estuvo muy cerca de la ecuación mínima descrita por Brook.

Un actor –encarnado por Alberto Alpízar– manifiesta su enojo por no poder hacerle frente al elevado costo de los derechos de un texto dramatúrgico. Su alegato contra la mercantilización del arte le da una excusa para mostrarle a su auditorio escenas de ese texto impagable. En este proceso, el actor –desdoblado en otro personaje– representa una segunda historia (con referencias al Edipo Rey de Sófocles). Esta variante –conocida como Teatro en el teatro– evidencia el carácter ficticio de los mundos creados sobre el escenario y le permite al Teatro hablar de sí mismo.

El libreto de Norah Pérez está diseñado para que Alpízar “salte”, de manera constante, entre las dos historias. En el caso de la primera, el reclamo inicial se convierte en una reflexión acerca de la importancia del público. Con el objetivo de enfatizar este punto, el protagonista se desplaza hacia la zona de butacas y conversa directamente con los presentes. Allí indaga el porqué de su presencia y les advierte que no son figuras pasivas de la ceremonia escénica. En este diálogo se reconoce que el sentido del espectáculo se elabora en un ritual de complicidad con la audiencia.

Alpízar también representa a los caracteres secundarios, y construye, con su cuerpo, los objetos de la ficción. Por ejemplo, sus manos mimetizan la forma de un vaso, encienden velas imaginarias, delimitan superficies de muebles o perfilan el cuerpo de una difunta. La imaginación del espectador dibuja en el vacío lo que el intérprete insinúa. Un cubo de madera y una mochila son las únicas piezas de utilería que apoyan el trabajo del ejecutante.

Las luces varían su intensidad para subrayar cambios de lugar, tiempo y personaje. Un foco que ilumina la trasescena sugiere la existencia de un “afuera” habitado por seres hostiles e incómodos. Al uso eficaz de la iluminación se contrapuso una banda sonora débil. Varios temas musicales tiñeron de innecesario melodrama algunos pasajes que ya comunicaban emociones precisas.

Partidas es modesto en recursos y generoso en esfuerzo. Su peso se asienta en un desempeño actoral convincente y en una dramaturgia potenciadora del juego escénico. La ruptura de la cuarta pared es pertinente para que el protagonista medite sobre el público, pero la insistencia en este aspecto resulta tan didáctica como un primer día de clases en un curso de apreciación teatral. Esto podría modularse, si los autores aceptaran que, desde siempre, los espectadores hemos entendido nuestro rol de cocreadores en toda escenificación.

Alberto Alpízar tiene el mérito de involucrarse en una búsqueda que desnuda su alma y reta su técnica. Él demuestra que en el cuerpo del histrión están implícitos todos los universos imaginables. Cada momento de verdad en esta puesta se lo debemos a su empeño y a la guía de su directora, pero como él mismo lo indica: “hay que persistir en el trabajo”.

A Partidas le falta recorrido para consolidarse como un espectáculo que esté a la altura del compromiso exigido a su audiencia. Pulir hasta el cansancio los propios hallazgos podría ser una forma adecuada de mantener la frescura del eterno vínculo entre el intérprete y su público.

Partidas

Dirección y dramaturgia: Norah Pérez

Actuación y producción: Alberto Alpízar

Iluminación y utilería: Alejandro Araya

Técnico de luz y sonido: Rafael Ávalos

Fotografía: Hjalmar Gómez

Diseño gráfico: Luis Pérez y Chromática Diseño

Espacio: Teatro Giratablas

Función: Sábado 21 de febrero del 2015