El uso de la voz en ciertas coreografías parece minimizar innecesariamente las posibilidades expresivas del movimiento

Por: Marta Ávila 22 noviembre, 2015
Monotemática. En la programación predominó el tema de las relaciones de pareja y el uso de la voz. Diana Méndez
Monotemática. En la programación predominó el tema de las relaciones de pareja y el uso de la voz. Diana Méndez

Para la segunda jornada del Festival de Coreógrafos Graciela Moreno , en el Teatro Nacional, se programaron cinco propuestas con algunos aspectos comunes: fueron creadas por una mujer y cinco hombres, y en la ejecución predominaron los varones.

La mayoría de las coreografías son duetos con el tema de las relaciones de pareja. Todas gozaron de buen diseño de iluminación, un collage musical en su banda sonora, así como de buen nivel de ejecución y, en tres de las obras, estuvo presente el uso de la voz.

A diferencia de ediciones anteriores, en las que el video fue el protagonista, hasta anoche, no he visto ningún audiovisual como recurso de apoyo a la composición. Ahora, son los textos pronunciados por los bailarines los que predominan.

Parece como si el movimiento no les resultara suficiente para expresar las ideas o los espectadores no pudiéramos comprender lo que dibujan los cuerpos en el escenario. Lo peor es que, algunas veces, los bailarines no dominan el uso de la voz, ya que carecen de proyección y buena dicción.

La noche comenzó con Agua ausente , de Isaac Alemán, un trío masculino constituido por José García, Andrés Martínez y Kendall Wilson, mediante el cual trató el tema de la ausencia de un ser querido: la madre.

En esta obra, casi todo estuvo a su favor: los bailarines utilizaron sus cuerpos con soltura y aplomo técnico, usaron la voz adecuadamente, y se sacó provecho de la escenografía y el diseño espacial.

En general, de este trabajo me queda una buena sensación, salvo ciertas imágenes que se repiten y el final, que se alarga.

A continuación, vimos Pleamar, de Laura Jiménez, quien expuso el tema de la intimidad de una pareja en crisis. Laura Jiménez se hizo acompañar Fabricio Fernández, el cual utilizó su voz con mayor destreza que la autora, a quien no le pude entender sus frases.

Otro dúo cerró la primera parte del programa: Partes iguales, de Javier Jiménez, quien enfatizó el trabajo corporal ante lo descriptivo al trabajar sus secuencias de maneras más abstractas.

A Javier Jiménez lo acompañó Sebastián Sedó, quien se acopló bien a las cualidades de movimiento del coreógrafo. En él, se evidencia el crecimiento como intérprete.

El tercer dueto fue Borderline, creado por Fabio y Andy Gamboa, en el cual plantean una relación de codependencia.

Pienso que lo que expusieron con sus cuerpos y los elementos escenográficos (creados por Jennifer Cob) lo hubiéramos entendido sin tener que escuchar el texto que se reiteró hasta la saciedad –que conste que usaron muy bien la voz–. En ellos, durante la obra, se notó una rica corporeidad.

Para el final quedó Ciego adiós, de Pablo Caravaca, quien, al lado de Isabel Guzmán, recreó una relación en la que los afectos están presentes de manera desigual.

Caravaca supo tener a los espectadores atentos de todos sus movimientos y desplazamientos, sobre todo porque ellos bailaron con los ojos vendados. Lo mejor fue que no necesitaron palabras para dejar clara su premisa, la cual la ejecutaron con alto nivel técnico e interpretativo.

Para tomar en cuenta en las futuras ediciones: una mejor programación no hubiera centrado la mirada en el tema de las parejas y el auge de la utilización de voz de los bailarines en la misma noche.

XXXII Festival de Coreógrafos Graciela Moreno. Coreografías: Isaac Alemán, Laura Jiménez, Javier Jiménez, Fabio y Andy Gamboa, Pablo Caravaca. Fecha y hora: viernes 20 de noviembre de 2015, 8.00 p. m. Lugar: Teatro Nacional