Desde 1974 El Coro Sinfónico Nacional ofrece lo mejor de la música vocal conjunta

 5 octubre, 2014

Ramiro Ramírez

El Coro Sinfónico Nacional (CSN) cumple 40 años en el mes de octubre. En cada temporada de la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN), el coro se ha presentado ininterrumpidamente, todos los años, desde su concierto inaugural, ofrecido junto a la OSN en 1974.

Lo que motivó a las autoridades del Ministerio de Cultura y Juventud a crear este grupo fue permitirle a la OSN programar, en sus conciertos, el vasto y hermoso repertorio que existe para coro y orquesta. Cada año, el CSN se presenta unas tres veces en la temporada de la OSN, y, desde finales de los años 80, es además el coro que utiliza la Compañía Lírica Nacional para sus producciones de ópera.

La selección de los coristas. Los integrantes del coro son voluntarios, personas no profesionales en canto, de diversos quehaceres. Luego de un proceso de selección, ellas donan al grupo un mínimo de nueve horas por semana, de febrero a diciembre, para ensayar el repertorio seleccionado y realizar los conciertos. El CSN ensaya regularmente los lunes, los miércoles y los jueves en las noches.

El coro invita a los interesados en ser miembros, a hacer la audición que se convoca una vez al año, a principios de febrero. En esta audición se comprueban la capacidad rítmico-auditiva, la entonación y el registro de voz de la persona (cuán aguda o gravemente puede cantar para determinar si su voz es compatible con las de los integrantes que ya forman el coro). No debe llevarse ninguna pieza preparada.

Al ser admitida la persona, se la asigna a una de las secciones: sopranos (las voces femeninas más agudas); mezzosopranos (las voces femeninas menos agudas, pero con mejor resonancia en el registro grave), tenores (las voces masculinas con el registro más agudo y brillante) o bajos barítonos (las voces masculinas más oscura y con resonancia en el registro grave).

Los ensayos. Cada ensayo se inicia con un calentamiento vocal, en el que debe absorberse una enorme cantidad de información sobre la técnica del canto: la respiración adecuada, el tipo de vocales que usamos, el fraseo, la afinación exacta, y el control de la emisión del sonido y del volumen; además, el nuevo integrante debe empezar a desarrollar el concepto de sonido de la sección en la que se lo admitió.

A diferencia de otros instrumentos, en el canto no podemos ver lo que hacemos mal al producir sonidos: no vemos si la embocadura está fuera de sitio, si el arco está muy alto o muy bajo, si apretamos una llave de más o si la muñeca está muy tensa.

En el canto, todo funciona por identificación de sensaciones. Esto obliga al cantante a entender primero una idea, y a identificar posteriormente cómo reproducirla en su instrumento vocal.

Luego, el cantante debe aprender a leer una partitura vocal y a desarrollar su memoria musical. El coro canta en muchos idiomas; según la obra que se ensaye, puede ser en latín, alemán, italiano, francés, ruso, inglés, español...

Una vez que el cantante anota, en su partitura, cómo pronunciar el texto y lo practica varias veces, las secciones del coro se separan para ensayar el movimiento o el segmento que deben trabajar en ese día.

Durante ese lapso, con la ayuda del piano, el director y sus asistentes enseñan al cantante su parte a fuerza de repetir. Se relaciona así lo que aprende con lo que cantarán las otras secciones del coro.

Perfecta conjunción. Al cantante le toca absorber la línea melódica de su sección, y también debe aprender a identificar cuál pentagrama seguir, los valores de las notas, y los símbolos de interpretación y de velocidad. El vocalista debe calzar todo esto con un texto. Ha de darse cuenta de cómo encaja su parte con las otras secciones del coro, y de cómo todo esto es la suma de lo que el compositor quiere comunicar.

En la segunda parte del ensayo, el director empieza a trabajar (con las cuatro secciones) lo que se vio en la primera parte. El director procura que las secciones afiancen lo aprendido sin perderse cuando otro grupo canta algo distinto. Hay que repetir hasta que la interpretación sea la correcta; el fraseo, elegante; los contrastes, los necesarios, y la dicción, lo más clara posible.

Concierto del coro en la sede de la OEA en Washington, D. C., en octubre de 1979.
Concierto del coro en la sede de la OEA en Washington, D. C., en octubre de 1979.

En mayo de este año interpretamos una obra de larga duración: La Pasión según San Juan, de J. S. Bach. Creaciones largas como ella requieren hasta tres meses de arduos ensayos para tenerla al nivel de ejecución que exige ser parte de un concierto con la OSN.

En particular, La Pasión... requirió ensayos adicionales en los domingos por la tarde. Menos tiempo de ensayo demandan obras como Carmina Burana y el quinto movimiento de la Novena sinfonía de Ludwig van Beethoven.

Ensayos y ensayos... Cada obra tiene sus exigencias de estilo, de técnica de interpretación, de lo que comúnmente llamamos “ponerla en el instrumento”, que solo se logran con el ensayo adecuado y guiado sistemáticamente.

En la semana previa al comienzo de los ensayos con la OSN, el director del concierto realiza un par de ensayos con el coro, a piano, para ajustar el trabajo del coro a lo que él quiere que sea su interpretación: volumen, articulación, fraseo, ritmo y velocidad.

El coro y la orquesta ensayan juntos al menos tres veces antes del primer concierto público. En estos ensayos, el director ensambla el trabajo del coro con el acompañamiento orquestal, se incorpora a los solistas que exija la obra, y se pulen los detalles que convierten tantos ensayos en una bella y única obra de arte.

Para el cantante del coro, es el momento de poner a prueba lo aprendido; de entender el porqué de tanta exigencia al detalle, a la dicción, a la fuerza en la emisión del canto. Todo debe escucharse y entenderse sobre el sonido que producen simultáneamente los 80 músicos de la orquesta.

Por amor al arte. Así llegamos a la conclusión de un trabajo en el que el talento individual se transforma en un esfuerzo de grupo: el “yo” se sublima en un “nosotros”. Lo expresó mejor Lope de Vega: “Todos a una”.

Espero que Costa Rica sepa apreciar el privilegio que significa contar, ya por 40 años, con un grupo de 85 a 95 personas que por amor al arte donan su enorme talento y su tiempo para que el público pueda disfrutar de obras compuestas para coro y orquesta.

El esfuerzo de los miembros del Coro Sinfónico Nacional es una lección de generosidad y nos permite entender que todavía es posible entregar algo mío para que, junto a lo que entrega el otro, se produzca algo que enriquezca a todos.

Ramiro Ramírez rami1964@racsa.co.cr

El autor es el director artístico del Coro Sinfónico Nacional desde 1989.