Cuatro personas con discapacidad acompañan por cuatro semanas a miembros de la compañía en un taller de danza inclusiva

Por: Carlos Soto Campos 1 agosto
Marisol Madrigal baila con Laura Murillo, miembro de la Compañía Nacional de Danza.
Marisol Madrigal baila con Laura Murillo, miembro de la Compañía Nacional de Danza.

Wendy Chinchilla se acerca y desabrocha los cinturones de la silla de ruedas de Marisol Madrigal. Los 14 intérpretes en la sala Marco Le Maise, del Teatro de la Danza están en silencio, pero esperan con ansias el momento que sigue.

Wendy alza con sus brazos a la niña y hace dos giros que se ven como en cámara lenta. Marisol cierra los ojos y sonríe. Nadie aplaude, pero las sonrisas de las 14 personas son el mejor cumplido.

Estas intérpretes estarán reunidas esta semana para conocer de cerca la danza inclusiva y aprender a plantear coreografías que involucren a personas con y sin discapacidad.

“En el 2021 Costa Rica va a tener un millón de personas con discapacidad y es necesario que encontremos las formas de que se integren todas las poblaciones en todas las áreas posibles”, explica Luis Flores, de 32 años.

Flores es el presidente de la Asociación Desamparados Inclusivo, que desde el 2016, busca espacios para las personas con discapacidad. Ellos llevaron cuatro miembros al taller y los otros diez, vinieron de la Compañía Nacional de Danza.

En el marco del Festival Nacional de Danza Contemporánea y el encuentro de formación Mudanzas, la directora española Mercedes Pacheco ha propuesto ejercicios para que este grupo trabaje en coreografías cortas y ejercicios en los que han aprendido a trabajar con distintos cuerpos.

Wendy Chinchilla alza a Marisol Madrigal en una sesión del taller de danza inclusiva.
Wendy Chinchilla alza a Marisol Madrigal en una sesión del taller de danza inclusiva.

“Identificamos temáticas que el sector (danza) necesita fortalecer o desarrollar y en esta oportunidad, nos enfocamos en la danza inclusiva, la dramaturgia de la danza y la gestión y la producción”, comentó Adrián Figueroa, director de la CND.

El objetivo de Figueroa es que los bailarines del país le pierdan el miedo a incluir personas con discapacidad en sus coreografías. La directora Pacheco, cree que esto se soluciona de una sola manera: compartiendo.

Práctica

La clase inicia con un círculo. En orden, dos personas que se ven de frente cruzan caminos uno con el otro, se ven a los ojos y luego toman el lugar del otro en el círculo. Así empieza la danza, con movimientos tenues que se van tornando más complejos.

Luego, las parejas se toman las manos; en la siguiente ronda, se abrazan; en la siguiente, una persona alza a la otra, como lo hizo Wendy con la pequeña Marisol.

“Desde el primer día yo supe que eran personas con las que nos íbamos a llevar bien”, dijo Marisol Madrigal. Ella usa una silla de ruedas, pero en el taller la deja en distintas ocasiones según el ejercicio.

Este 1.° de agosto, el grupo cumplía seis días de trabajo, cuatro horas por sesión, y aún quedan tres semanas más. La directora Mercedes Pacheco explicó que el taller no tenía como objetivo hacer una presentación, pero sí facilitar un proceso en el que todos aprendieran.

La directora Mercedes Pacheco tiene diez años de experiencia con grupos de danza inclusiva.
La directora Mercedes Pacheco tiene diez años de experiencia con grupos de danza inclusiva.

Después de los abrazos y los giros, los intérpretes se dividieron en grupos y los ejercicios continuaron en el suelo. Marisol y Luis Flores abandonaron por un rato sus sillas de ruedas para hacer ejercicios de equilibrio. Un intérprete se sostiene con sus extremidades y el otro lo rodea, le pasa por debajo o por arriba.

Luis hace un puente con su cuerpo mientras un bailarín pasa encima suyo pero sin rozarlo. Luis se sostiene de esa forma por un par de minutos y luego es su turno de transitar en medio de las piernas de su compañero.

"Le gente cree que la persona con alguna discapacidad tiene dolor y les da miedo acercarse o tratarlos cuando ven una silla, muletas o una prótesis. Eso son solo apoyos", explicó Flores.

Posibilidades

Mercedes, la directora, explica que cuando se tiene un grupo como este, se abren las posibilidades a nuevas poéticas, nuevos movimientos y nuevas narrativas.

Para ella, es importante que haya creación colectiva, que cada persona tenga posibilidad de proponer. Así se pierden los miedos.

Luis Gustavo López (camisa de rayas) es parte de los miembros de Desamparados Inclusivo que se sumaron al taller de danza inclusiva.
Luis Gustavo López (camisa de rayas) es parte de los miembros de Desamparados Inclusivo que se sumaron al taller de danza inclusiva.

"Yo le dije a los muchachos que si me alzaban y lanzaban, que lo hicieran con todo y silla. Al inicio se sorprendieron pero luego trabajamos con eso y creo que funcionó bien”, señaló Flores.

"Ellos tienen mucha experiencia en danza y Mercedes también; hemos aprendido mucho en estos días y esperamos poder llevar eso a otros lugares", comentó Magaly Fernández, parte de Desamparados Inclusivo.

Ni Luis, Magaly, Mercedes o Adrián hablan de limitaciones, sino de posibilidades. Ninguno de los 14 intérpretes llegó al salón con limitaciones, sino con oportunidades e ideas.

"La única limitación que tienen estos muchachos es la de aprender desde jóvenes. Los artistas con discapacidad no empiezan desde temprana edad, pero queremos cambiar eso”, comentó Pacheco.

Mario Vircha de la Compañía Nacional de Danza abraza a Luis Flores, presidente de Desamparados Inclusivo.
Mario Vircha de la Compañía Nacional de Danza abraza a Luis Flores, presidente de Desamparados Inclusivo.

El director de la CND, Adrián Figueroa, coincide con ella. El primer paso es visibilizar a la población con discapacidad. “El acto inaugural del Festival Nacional será una compañía brasileña que presentará el espectáculo Proibido Elefantes.

”Queremos demostrar que es posible hacer coreografías inclusivas y que estas se merecen el mismo espacio que las que no tienen personas con discapacidad”, señaló Figueroa.