Un libro de Marcia Apuy Medrano y Rafael Ángel Méndez Alfaro

 22 febrero, 2015

Eugenia Ibarra Rojas

La obra que comentamos enfoca los cambios culturales que se observan en ciertos sectores de la sociedad costarricense a fines del siglo XIX. Algunas de las costumbres se generaron en la época colonial, pero se vieron acentuados y modificados en los años en estudio.

Imagen sin titulo - GN
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Fueron años efervescentes en políticas legislativas, educativas y de demarcación de la influencia de la Iglesia Católica en el país. Fueron tiempos en los que se promovió la consolidación de una sociedad mercantil burguesa que giraba alrededor de actividades económicas ligadas a las exportaciones.

En ese contexto, los autores enfocan diversos temas, organizados en seis capítulos. Ofrecen apuntaciones sobre el Hospicio de Locos, el auge cervecero, los pianos y la cultura burguesa, los libros y la prensa, la expansión del negocio funerario, y las fiestas y la Navidad.

Las fuentes principales empleadas para adentrarse en cada uno de los temas citados provienen del Archivo Nacional de Costa Rica y de los periódicos de la época.

Se han consultado La Gaceta (diario oficial), La República, El Heraldo de Costa Rica, La Prensa Libre, el Diario de Costa Rica, El Comercio, la Crónica de Costa Rica, el Boletín Oficial, El Ferrocarril, La Nueva Era y La Unión Católica : ejemplos de la amplia gama de publicaciones periodísti-cas del fin del siglo XIX.

Se revisaron además a otros historiadores que han incursionado en temas similares. El libro demuestra cómo, a fines del siglo XIX, los periódicos reflejaron el carácter mercantil de la sociedad. En aquella época se introdujeron nuevos gustos o se aderezaron viejas costumbres.

La cultura libresca se promovió, se volvieron de interés obras de Manuel Argüello Mora, Joaquín Bernardo Calvo, Francisco Montero Barrantes, Máximo Soto Hall y Rubén Darío.

Marcia Apuy comenta que aquellos libros no eran suficientes para satisfacer a un intelectual de la época, por lo que la prensa ofreció una valiosa alternativa al difundir otras obras. Esta práctica estaba extendida en otros países centroamericanos, como en Honduras, por ejemplo. A mediados del siglo XX, incluso, el Diario de Costa Rica publicaba obras enteras, cuentos, fragmentos de historias y poemas.

En algunos de los hogares costarricenses, el conocimiento de la música se introducía por medio del piano y todo lo asociado con este instrumento: desde los afinadores hasta los profesores y las partituras. Se daban lecciones a domicilio, especialmente por extranjeros que llegaban y requerían mayores ingresos. Ellos empleaban pianos que podían ser alquilados o propios de las familias adineradas.

Es de gran interés el capítulo que se refiere a las costumbres adoptadas para recordar a los difuntos, como la del uso del mármol. Entonces surgieron talleres y agencias que promovían los ataúdes de mármol.

La prensa promovía así mausoleos, lápidas, cruces y otros accesorios luctuosos. Además, se podían alquilar carruajes o volantas, tirados por caballos, para transportar al difunto. Todo seguía los pasos del “buen gusto, la clase y el estilo predominantes en Europa y en Estados Unidos”.

Las fiestas de Navidad no escaparon a los cambios de aquellos años. Se tendía a incorporar el gusto por placeres exóticos, como alimentos de consumo enlatados y procesados, quesos de Flandes, aceitunas, té negro y verde, confituras, almendras y jamones ingleses, entre muchos otros. Sin duda, esos bienes siguen teniendo enorme aceptación entre los costarricenses.

Valgan los anteriores párrafos para indicarle al lector algunos de los temas que puede encontrar en esta obra. Solo comentamos algunos de los capítulos en los que profundizan los autores.

La obra brinda vías de comprensión hacia la historia de cambios culturales en una sociedad en transición. Algunos de esos cambios condujeron a prácticas de consumo que podemos identificar en la actualidad.

Un punto más a favor de esta obra radica en el uso riguroso de la fuente periodística, la que también creció en esos años. Su papel fue determinante en la introducción y la modificación de patrones de consumo entre los sectores de mayor poder adquisitivo, pero también para promover prácticas culturales.

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