Encuentro de escritores en Managua, liderado por Sergio Ramírez, se consolida como el principal evento literario de Centroamérica

Por: Fernando Chaves Espinach 30 mayo
La fotografía oficial de Centroamérica Cuenta muestra a las docenas de autores, editores y periodistas invitados a la quinta edición del encuentro, en Managua.
La fotografía oficial de Centroamérica Cuenta muestra a las docenas de autores, editores y periodistas invitados a la quinta edición del encuentro, en Managua.

Redacción

Desde el primer día, Centroamérica Cuenta contó con algo tristemente inusual en nuestra región: una mesa con libros de autores de los seis países, lado a lado, para cualquier lector interesado. En una región de la que brotan novelas de cualquier calle, el contacto entre autores y lectores escasea. Pero en su quinta edición, el encuentro literario de Managua confirmó su posición como la mesa en torno a la cual Centroamérica cuenta todo lo que puede.

Del 22 al 27 de mayo, el escritor nicaragüense Sergio Ramírez Mercado dio la bienvenida a más de 90 invitados de América y Europa, quienes compartieron nueve mesas, 11 presentaciones de libros, nueve proyecciones de películas y ocho talleres formativos. La propuesta era hablar de "nosotros los otros"; desperdigados por Managua, los espacios culturales, aulas universitarias y auditorios que albergaron a los autores se convirtieron en espacios para debatir lo que nos acerca y lo que nos aleja, lo que nos diferencia y lo que nos hace, sobre las páginas, tan vecinos.

Al cierre de cinco días de intensa actividad, que incluyó la participación de figuras costarricenses como la ilustradora Vicky Ramos y el escritor Álvaro Rojas, las señales parecían todas alentadoras. "Nosotros estamos más que felices", dice la directora del encuentro, la comunicadora Claudia Neira. "Estamos sumamente satisfechos porque creemos que Centroamérica Cuenta está consolidando su madurez; pudimos mantener la calidad de escritores, quienes nos permiten tener discusiones a altura de cualquier festival".

Autores como Leonardo Padura, Piedad Bonnett, Andrés Neuman y Leila Guerriero destacaron en esa lista de invitados, pero para Neira, uno de los logros del encuentro ha sido colocar frente a frente a estas plumas consagradas con las voces emergentes de la región. Una señal inequívoca: el encuentro comenzó con la premiación de la guatemalteca Andrea Morales, de 24 años, por su cuento El pájaro de fuego, que se publicará en la revista digital centroamericana Carátula. Otra más: autores que empiezan a sobresalir, como Mario Martz y José Adiak Montoya, moderaron algunas de las mesas principales. Neira dice que uno de los desafíos para el encuentro es abrir más espacios para la generación de narradores nacida en los años 80 y 90.

"La parte de literatura infantil, incluida por primera vez con su propia agenda, permitió poner en el ojo público el quehacer de la literatura infantil y mostrar el potencial para ir creando espacios en los cuales podamos hablar de temas como migración, exilio y género", celebró Neira. Otras disciplinas, como la ilustración, la música, el cine y el periodismo también tuvieron su parte en la agenda.

Entre tanto ajetreo, una duda constante es quién asistirá a las actividades de Centroamérica Cuenta en un país donde el consumo de libros es ínfimo y la educación exigua –problemas que comparten, en mayor o menor medida, los otros países del Istmo–. Pero para la directora, los resultados en este campo también son aleantadores. "Nosotros estamos bien contentos porque por primera vez realizamos eventos paralelos y en casi todos, excepto los días de más lluvias, había público", opinó. "Para el público nica es un gran avance como también lo es que los libreros venderon bastantes libros".

"Creo que Centroamérica Cuenta es un espacio que tiene que seguir consolidándose y tiene que seguir siendo referencia, no solo de la literatura centroamericana, sino la hispanoamericana. Queremos que Managua siga siendo capital de las letras en Centroamérica", dice Neira. El evento, de iniciativa privada, es apoyada por centros culturales y organizaciones de Managua, y cuenta con presencia de autores, editores y periodistas de los demás países.

"Tenemos que ser más exigentes con nosotros mismos y menos complacientes. Este tipo de eventos sirve para que veamos lo que está pasando en el resto del mundo; tenemos que estar a tono de todo lo que se está diciendo y escribiendo en otros países", dice, aspirando a una posición más proactiva de parte del sector literario regional.

Ante la accidentada conexión entre editores y libreros del Istmo, Neira aspira a que el encuentro en Managua pueda ser un puente. "También tenemos que hacer un esfuerzo con los libreros de Centroamérica para crear una cultura en la cual se conozca lo que están escribiendo los autores locales y que tengan sus libros disponibles", considera. La posibilidad de circular más ampliamente también sobresale, con editoriales como Alfaguara presentes en Managua, en busca de escritores interesantes para su sello.

Para el próximo año, dice Neira, ya hay tres escritores confirmados: la agenda de trabajo habla de un sector literario vibrante y una producción al alza. Si Centroamérica Cuenta apuesta por el futuro, no puede frenar: la región impone su ritmo a fuerza de libros.