3 mayo, 2015

En octubre de 1956, el Consejo Universitario de la Universidad de Costa Rica acordó crear la Cátedra de Historia de las Instituciones. Al ser abierta en 1957, su primer coordinador fue –según indica la historiadora Yamileth González– el profesor y futuro rector Carlos Monge Alfaro. Desde entonces y hasta el presente, miles de estudiantes de diversas carreras, sobre todo del área de Ciencias Sociales, se han matriculado en dicha asignatura.

A lo largo de su existencia, una preocupación constante de la Cátedra ha sido incorporar los nuevos avances de la investigación histórica. Antes de la década de 1980, tal inquietud se materializó en antologías mimeografiadas que incluían las lecturas que debían hacer los estudiantes. A partir de ese decenio, la Cátedra empezó a elaborar libros, fascículos o cuadernos con ese propósito.

Cátedra renovada
Cátedra renovada

Consecuente con dicha inquietud, en vísperas del sexagésimo aniversario de su creación, la Cátedra ha iniciado un proceso de renovación de los textos puestos al servicio de los estudiantes; así, ha publicado cinco nuevos fascículos que sintetizan los conocimientos más recientes logrados en distintos campos.

Manuel Calderón, en Elementos del imaginario en la Costa Rica precafetalera, recupera los debates sobre la formación de identidades y subjetividades en la Costa Rica de finales del período colonial y las dos décadas posteriores a la independencia, y los incorpora en un análisis del desarrollo inicial del Estado. Entre otros datos interesantes, Calderón muestra que en una fecha tan temprana como 1826, ya había mujeres ocupadas en la enseñanza primaria. Antes de este hallazgo, se suponía que la incorporación femenina a la docencia ocurrió a inicios del decenio de 1840.

En Costa Rica frente al filibusterismo , Carmen María Fallas ofrece una útil y valiosa síntesis de los nuevos aportes relacionados con la guerra de 1856 y 1857, y de cómo este conflicto impactó en las instituciones y la política costarricenses de entonces. A los cientos de admiradores de Juan Rafael Mora, este trabajo, que ubica al presidente en el contexto específico en que le correspondió ejercer el poder, les resultará tan cautivante como desafiante.

Con La era de la centralización, David Díaz Arias le da continuidad al fascículo de Calderón anteriormente mencionado ya que centra su atención en los procesos de cambio institucional ocurridos en Costa Rica entre la fundación de la república en 1848 y el golpe de Estado de 1870, origen de la dictadura más larga en nuestra historia: la de Tomás Guardia, que se prolongó hasta 1882.

Claudio Vargas, en Hacia la consolidación del Estado liberal en Costa Rica , analiza el período 1870-1890 y ofrece una visión actualizada de las reformas liberales (incluido el proyecto de nación que estas suponían), de los cambios habidos en el desarrollo institucional, y de las transformaciones experimentadas por la política. Entre estas últimas, cabe destacar la fase inicial de la transición hacia la democracia.

Finalmente, en La política exterior de Costa Rica (1850-2010), Carlos Humberto Cascante propone una imaginativa periodización para comprender las relaciones exteriores del país a lo largo de más de siglo y medio.

Para cada uno de los períodos establecidos, Cascante considera tanto la influencia de los factores internos como de los externos, e identifica los principales procesos de cambio.

Todos los fascículos tienen en común el hecho de que, aunque su eje es lo institucional y lo político, también incorporan los aspectos económicos, sociales y culturales. De esta manera, la Cátedra ha logrado que el énfasis que tuvo desde su creación se mantenga, pero con la debida incorporación de los avances experimentados en otros campos de ese vasto continente que es la investigación histórica.

Publicados por la Editorial de la Universidad de Costa Rica y ofrecidos al público a precios muy moderados, los nuevos fascículos pueden ser utilizados con provecho por profesores y estudiantes universitarios de otras áreas, e incluso por alumnos y docentes de los dos últimos años de la segunda enseñanza.

Ciertamente, se trata de una historia analítica, pero con un enfoque que la hace, a la vez, clara, concisa y amena. Precisamente por tales características, el uso de estos fascículos como libros de texto contribuirá a formar ciudadanos mejor informados sobre el pasado de su país.