La compañía Russian Classical Ballet terminará su gira por México y América Central este fin de semana en Costa Rica

 21 marzo, 2015

Romeo y Julieta jamás podrán estar juntos. La tragedia de su amor está predestinada: para empezar por sus familias, eternas enemigas, y después por el capricho adolescente de su afecto. ¿Quién puede decir que encontró el amor eterno antes de cumplir sus 14 años?

Dúo. El ballet Romeo y Julieta incluye memorables dúos con sus personajes principales, en los que los movimientos reúnen la tensión de su amor imposible. Andrei Korepanov para LN.
Dúo. El ballet Romeo y Julieta incluye memorables dúos con sus personajes principales, en los que los movimientos reúnen la tensión de su amor imposible. Andrei Korepanov para LN.

Amor, deseo, rencor y muerte. Con ingredientes así no es sorpresa que los personajes, acuñados originalmente por William Shakespeare, no se agotaron en el texto dramático.

El arte ha continuado por siglos multiplicando el trabajo de Shakespeare, inspirándose y reinterpretando el conflicto entre los Montesco y los Capuleto.

El ballet que se presentará este sábado y domingo en el Teatro Nacional, es precisamente la versión que nunca antes se había visto en Costa Rica.

A cargo de la compañía Russian Classical Ballet , 27 bailarines pondrán en escena la coreografía que acompaña la composición musical más completa de Romeo y Julieta (aunque también es posible pensarlo en viceversa).

Se trata de la versión más clásica, que reúne la memorable música compuesta por Serguéi Prokófiev, con la coreografía concebida para complementarla por Leonid Lavrovski.

El ballet que resultó de la colaboración de los dos rusos no es un ballet clásico, como lo serían otros títulos rusos, por ejemplo El Cascanueces de Chaikóvski, sino más bien un ballet dramático, que requiere además del reto técnico de la danza, el sentimiento de la interpretación teatral.

Ni un solo ajuste ha sido añadido al libreto original, salvo un par de mejoras en la técnica, asegura Andréi Sorokin, bailarín encargado de interpretar a Romeo, este fin de semana.

Sorokin fue invitado junto con Olesya Gapienko, quien baila como Julieta, para viajar con la compañía desde noviembre pasado, cuando iniciaron presentaciones del montaje en Europa.

“Esta interpretación es mejor que solo el ballet, porque podemos sentir y podemos bailar al mismo tiempo”, explica Sorokin sobre la fusión del ballet clásico con elementos interpretativos.

El bailarín proviene originalmente del Ballet de Ekaterimburgo, ciudad ubicada en la parte asiática de Rusia. A sus 23 años ha tenido la oportunidad de participar en un par de competencias representativas de su país.

La historia de Gapienko es similar: con 30 años trabaja como solista en el Ballet Clásico de San Petersburgo y es reconocida por sus papeles en otras piezas de ballet narrativo.

El resto de bailarines que los acompañan comparten orígenes igual de variados, pues, para formar su tropa, Russian Classical Ballet ha elegido talentos de varias otras compañías rusas.

Siendo ese el caso, los bailarines principales llegaron a conocer al resto en los ensayos previos a las giras, durante los cuales tuvieron que trabajar en equipo para lograr los estándares de calidad que una coreografía tan compleja como la de Lavrovski exige.

Los pasos originales de su libreto incluyen muchísima experimentación, dado que se apegó al lugar elegido por Shakespeare para ambientar el libreto original: Verona, Italia.

Por este contexto histórico renacentista, la danza integra pasos de ballet clásico con movimientos de baile folclórico italiano, en especial en la escena de la fiesta de mascaradas, evento que desencadena el romance entre Romeo y Julieta.

Para Gapienko, la dedicación y el trabajo de todos estos meses han valido la pena.

“Son grandes personas con una muy buena atmósfera; nos hemos hecho amigos. El único reto es el espectáculo”, dice.

Para ambos bailarines representar respectivamente a Romeo y Julieta es un honor. Ambos reconocen que las transiciones de interpretación requieren el mayor empeño, pero también gracias a eso, el lenguaje del baile será suficiente para comunicar el mensaje esencial de la obra.

O, al menos, así lo entiende Andréi Sorokin: “No importa si las personas que vienen a vernos no saben mucho de ballet ; ellos podrán ver por medio del baile que hablamos del amor”.

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Producción. Si la interpretación atinada del baile y el sentimiento es el reto de los bailarines, cumplir con los tiempos de cambio de escenografía es el desafío del equipo de producción.

El productor del montaje, Valentin Grishchenko, asegura que todos los movimientos deben estar completamente coordinados durante las dos horas que dura la presentación.

“Solo en el primer acto tenemos once escenas. Además, todos esos cambios de escenografía se conectan con música, con vestuario y luces”, explica.

Costa Rica es el último destino de la gira del grupo; las entradas se agotaron tan pronto como se pusieron a la venta en diciembre del año pasado . Antes de febrero del 2015, las ciudades que recibieron a la compañía fueron europeas.

De esta gira, Grishchenko recuerda en especial las 40 agotadoras presentaciones durante las semanas que estuvieron en Francia.

Para América, el número fue más exclusivo: desde el 25 de febrero viajaron por México, Guatemala, El Salvador y Nicaragua; cerrarán en nuestro país la temporada, con una función en la noche del domingo.

El largo viaje no ha sido desaprovechado por los miembros del Russian Classical Ballet, quienes han disfrutado los días de verano en Centroamérica para conocer algún destino turístico en cada país en el que se han presentado.

Justo este viernes, recién llegaron a Costa Rica, coordinaron un bus que llevara a todo el grupo a tomar un respiro del itinerario en una playa nacional.

Las funciones, de dos horas cada una, han sido agitadas. En las 16 que han hecho en la región, por cuestiones de logística, a los mismos bailarines les ha tocado hacer de técnicos. Ha sido la única solución posible para cumplir con la ajustada cuota de personal con la que pueden viajar.

“De los cinco que estamos encargados de producción, solamente dos no bailamos”, puntualiza Grishchenko.

Entre los llamados por la producción y los técnicos que cada país asigna se reparten los detalles: no solo el cambio de escenografía y luces, sino también afinar el vestuario, incluyendo coser a última hora o, en el peor de los casos, a último minuto.

Hay que tener claro que quien compró sus entradas para Romeo y Julieta imaginando vaporosos tutús se podría desilusionar.

El detalle, igual que en la danza, está en la investigación histórica. Cada traje representa a su dueño, pero, sobre todo, un momento histórico en el que un amor así de trágico fue posible: cuando dos familias podían odiarse mutuamente con tanto fervor que primero vieron morir a sus hijos antes que dejarlos ser libres para amarse.

Últimas funciones . Este sábado y domingo el Teatro Nacional será el lugar para que Romeo y Julieta termine su extensa gira internacional. Las funciones serán este sábado a las 8 p. m. y el domingo a las 5 p. m.