Multidisciplinario e irreverente, el artista español se hizo famoso con sus impredecibles campañas para el festival Sónar y, este viernes, expuso en el FID

Por: Natalia Díaz Zeledón 11 marzo
Sergio Caballero es un artista español de 50 años que trabaja con música e imagen. Jorge Navarro.
Sergio Caballero es un artista español de 50 años que trabaja con música e imagen. Jorge Navarro.

Para el artista Sergio Caballero, su trayectoria de más de 20 años junto al festival de música electrónica Sónar tiene que ver más con la pasión que con el negocio.

“Hemos sido muy valientes y temerarios. Yo no porque estoy loco pero mis socios sí, me han dejado hacer lo que yo quiera”, asegura sobre la labor de diseño que comenzó en 1994.

Antes de su charla en el Festival Internacional de Diseño, el artista español habló con Viva sobre sus diseños absurdos, su creación impredecible y su versatilidad para trabajar afiches, películas y composiciones para coreografías de ballet.

En el nombre de su charla, ¿qué significa la intuición anal?

La charla se llama Perspectiva e intuición anal . Cuando me pidieron un título pensé que tenía que ser un título que, en alguna medida, represente mi trabajo. Para definir mi trabajo podría decir que lo que hago es variar la perspectiva de la visión de las cosas, o crear mundos posibles. Cuando creo estos mundos, siempre los creo desde la intuición y nunca desde la razón. Los creo desde diferentes perspectivas: música para ballet , una película, una campaña para Sónar. Pensaba que el título de Perspectiva e intuición funcionaba muy bien. Pero, al día siguiente, cuando me levanté, pensé que si hacía una conferencia con ese nombre no iba a venir ni Dios. Así que pensé ponerle “anal” porque en el tema anal todo el mundo tiene opiniones y, de ese modo, iba a funcionar mejor e iba a venir más gente.

¿Qué significa empezar un proyecto desde la intuición?

Yo trabajo desde la inspiración y es importante que esa inspiración sea natural con tu forma de ser. Dónde has vivido, cómo has vivido... Todo esto te marca. Es como hacer vino. Si hacés un variedad local, representarás el terreno de esa cepa. En el tema del arte, yo pienso que tiene que ser igual. El problema es que, actualmente, hay mucha gente que hace un uso equivocado de Internet y de las pantallas. Toda inspiración va focalizada desde ahí. Se pierden del día a día. Yo para pensar un proyecto, voy por la calle y estoy atento. Hay que observar, apuntar conversaciones que oyes. Estoy con el teléfono apuntando. Cuando tengo ese trabajo hecho es que construyo ese mundo posible.

¿Cómo mantiene la mirada en el entorno y al mismo tiempo interpreta hacia el diseño?

Yo soy una persona creativa y principalmente me lo paso bien. La realidad me aburre. Lo que me gusta es darle la vuelta a las cosas. Si todos hacemos lo mismo es muy aburrido. Todos esos movimientos que hay, como los hipsters , son terribles. Son todos iguales. Se hacen todos veganos, todos andan en bicicleta. No piensan. Es un problema de educación. En la escuela no te enseñan a pensar, te enseñan a obedecer. La única solución que encuentro para que la gente tenga creatividad y el mundo cambie es desde abajo, desde las escuelas. Y trabajando en el arte. Es muy importante.

Dice que la realidad lo aburre pero las ideas de sus diseños surgen de lo real .

Yo parto de lo cotidiano. Chupo del día a día: de ir al mercado, de beber, de estar con amigos. Luego proyecto para construir un espacio. Hay muchas realidades, lo que pasa es que las miramos desde la misma perspectiva. Hay que ser más críticos.

¿Cuáles son los obstáculos de un profesional creativo?

Internet es cojonudo. Es perfecto. Pero es como si hubieses estudiado arte y está bien que vayas a museos, lo que estaría mal es que te pusieras a pintar lo que estás viendo en el museo. Con Internet, el diseño gráfico es brutal. La información va muy rápido. Enseguida se copian. Visitan los mismos blogs, ven lo mismo. Acaba haciendo todos los mismos. Ahora toda el tema de los colores pastel o el nuevo feísmo. No puede ser que un tío esté en San Francisco, otro en Barcelona y otro en Londres y todos estén explicando lo mismo. Algo está fallando. Está bien que haya una comunicación global pero, en este mundo de globalización, pienso que hay que reinvidicar el terruño de cada artista.

Cuando iniciaron con el Festival Sónar la música electrónica era rara. No era un mundo tan globalizado. ¿Cómo fue crearle una imagen al festival? ¿Cómo fue crearle una marca a la música electrónica en Barcelona?

En 1994, habían eventos de música de baile, de música experimental, de electroacústica, el instituto IRCAM en Francia, eran propuestas intelectualmente más complicadas. Académicas. Nosotros hicimos un festival en el podías escuchar una composición de Pierre Boulez a las 5 p. m. y podías estar pegando botes a las 5 a. m. escuchando al DJ Jeff Mills. Eso no existía. El proceso fue largo porque, justamente en esa época, España tenía la música bakalao , era el demonio. Hablar de música electrónica era terrible. Los medios de comunicación tenían la visión de que un artista de música electrónica no hacía música, tocaban botones. Preguntas estúpidas como una que le hicieron al grupo alemán Kraftwerk y le dijeron: “Oiga, es que cuando veo un concierto me gusta ver al cantante sudar en la batería y ustedes están súper fríos y tocando música”. El tío les respondió: “Yo cuando quiero sudar hago bicicleta”. Para cuando música hago música, no hago deporte. Es una anécdota muy clara que te demuestra cómo era esa época.

En su carrera, ¿qué vínculo existe entre imagen y música?

Vengo de la música y de la plástica. Todo el trabajo que hago lo construyo a partir de la materia. Es igual que sea música para un ballet a que sea una peli. Los apuntes que tengo el móvil me van llevando y con eso voy construyendo lo que será el espacio donde crearé la película. En la música, desde el 2004 estoy trabajando con Pedro Alcalde, el compositor y director de orquesta, fue segundo de Claudio Abbado en Berlín. Estamos trabajando con el coreógrafo Nacho Duato que es el director del Ballet Estatal de Berlín. Llevamos muchos ballets con él y, en abril, estrenamos uno nuevo que aún no tiene título pero hablar del tema del antropoceno.

Con Sónar, ¿cuál fue la campaña más difícil?

He tenido de todo. He tenido campañas con problemas en las que la gente se ha puesto enferma y no hemos podido acabarlas. He tenido grandes polémicas como la de Diego Armando Maradona ( en el 2002) . Fue año del Mundial y quería trabajar con súper famoso, como lo hacen las colonias. Quería trabajar con Michael Jackson pero me costaba mucho llegar a él. Vi la oportunidad por el Mundial de Fútbol y porque tenía línea directa con el manager de Maradona. Estaba jugando con el Barcelona. Eso generó una serie de reacciones fascistas con la campaña y dijeron que estábamos promocionando el consumo de droga. Me acuerdo que el Ministro de Sanidad me pidió que fuera al parlamento del gobierno a explicar esto. Les dije que de qué iban, que existe la libertad de expresión, que Franco había muerto y que se tranquilizaran.

¿Cuál es su campaña favorita?

Tengo varias. Hay algunas mejores y otras peores. Hay recuerdos y situaciones. La de mis padres en 1997. Toda la electrónica estaba con una estética post industrial y el rollo de la radioactividad. Nosotros hicimos un festival de música electrónica con gente que tenía más de 60 años. Cuando los llevamos al festival y se hacían fotos con ellos, era el momento de gloria para mi madre, como decía Andy Warhol sobre el momento de fama. Otra campaña (memorable) es la de Finisterrae (2011). Unos fantasmas que iban por el camino de Santiago de Compostela y acabé haciendo la película, la presenté en el Festival de Cine de Rotterdam y gané el premio, cuando yo soy ajeno al cine.

Finisterrae nació de una idea de su hija, ¿cierto?

Yo tenía que rodar en dos épocas: en el Sónar y más adelante. No trabajo con actores, trabajo con amigos. No sabía qué quería hacer pero necesitaba rodar. Mi hija tenía 7 años y me dijo “Tienes que trabajar con fantasmas. Les pones una telita encima y puedes poner a quién quieras”. Fue fantástico. Todas las situaciones las creaba con lo que me encontraba. En un sitio habían dos metros de nieve. Unos animales tenían mucha hambre y se acercaron a nosotros, son los ciervos blancos que están en la película. Era la naturaleza dándote hostias y, a la vez, te iba llevando a sitios cada vez mejores. Yo cuando hay guerra es cuando disfruto.