1914-1917. A cien años del gobierno reformista de Alfredo González Flores

 4 mayo, 2014
Alfredo González Flores, sentado en el centro, durante una gira a Guanacaste en 1916. Fotografía de Manuel Gómez Miralles.
Alfredo González Flores, sentado en el centro, durante una gira a Guanacaste en 1916. Fotografía de Manuel Gómez Miralles.

El 8 de mayo de 1914, el licenciado Alfredo González Flores tomó posesión del cargo de presidente de la República. En su discurso ante el Congreso de Diputados expresó algunas ideas que guardan un gran paralelismo con las urgencias del presente:

“La prosperidad económica de los países está en relación directa con la perfección de las armazones políticas sobre las cuales descansan”; “No puede haber democracia donde hay miseria, y esta vive donde no hay trabajo”; “La administración que conmigo se inaugura está dispuesta a no consultar, para la provisión del personal que ha de ocupar los distintos puestos públicos, más que la capacidad técnica y moral de los individuos que a ellos llame”.

“La mirada del Estado debe permanecer de continuo fija en la escuela, que no es otra cosa que la luz que va adelante alumbrando los nuevos derroteros que ha de seguir la sociedad”; “No se celebrarán tratados ni contratos, ni se harán concesiones de ninguna especie que pongan en peligro la autonomía de la República”; “Para salir airoso en mi cometido cuento, en primer término con vosotros, cuento con la colaboración de todas las buenas voluntades que dedican sus mejores deseos a la prosperidad y felicidad de la Patria”.

Situación crítica. Alfredo González Flores llegó al poder sin un solo voto popular pues lo designó el Congreso, pero su gestión presidencial (1914-1917) fue trascendental en la vida republicana. Él inauguró un tránsito hacia una nueva concepción del Estado, de carácter reformista en los ámbitos económicos y sociales, como solución a los múltiples problemas heredados de un estilo de dominación liberal.

Su administración estuvo marcada por los efectos de la Primera Guerra Mundial, y afrontó una profunda crisis fiscal debida a las características del sistema tributario y a la paralización de las importaciones. Se contrajo el crédito externo para comerciantes y productores; en consecuencia, hubo una escasez de letras y medio circulante, y se produjo un alza en el cambio internacional, lo que originó un aumento en los precios de los bienes importados.

Por el ambiente de inseguridad, los grandes cafetaleros depositaron los dólares obtenidos por sus ventas, en los Estados Unidos, ocasionando que los bancos privados carecieran de divisas y estableciesen una devaluación permanente de la moneda con el fin de obtener más colones con la reserva.

En consecuencia, la inflación y las fluctuaciones del tipo de cambio pasaron a ser la nota dominante. La escasez de letras para el arreglo de los créditos externos originó la exportación de moneda de oro y su retiro.

Ante la gravedad de la situación y los problemas de financiamiento de los agricultores, el gobierno consideró que había llegado el momento de crear un banco estatal, el que se denominó “Banco Internacional”.

En 1916, el Banco Internacional estableció su Sección Hipotecaria con el fin de colaborar con los pequeños y los medianos propietarios. El deudor fue facultado para hipotecar su tierra por una determinada suma de dinero y para recibir los bonos respectivos a cambio. Los bonos podían ser negociados o permanecer como garantía del préstamo. Los préstamos eran a largo plazo y con un interés no mayor que el 8 % anual.

Se estableció un impuesto reembolsable sobre la exportación de café al mercado estadounidense, de cinco céntimos oro norteamericano por cada kilogramo, con el fin de obligar al exportador a entregar al Estado parte de sus letras de oro para pagar los intereses de las deudas inglesa y francesa.

Educación y salud. Para aumentar las reservas de los bancos, se prohibió la exportación de oro y plata extraídos de las minas del país. Se promulgó una nueva ley de sucesiones sobre las herencias, que estableció una contribución directa del capital sucesorio en beneficio del mantenimiento de hospitales, asilos y hospicios.

Asimismo, con el fin de proteger al asegurado de las compañías extranjeras de seguros, la ley de Seguro Mercantil y Compañías de Seguros creó un impuesto sobre las primas aseguradoras en beneficio del Estado.

González Flores y su equipo de gobierno estaban convencidos de que era urgente transformar el sistema tributario, calificado por el presidente de “anticuado, irracional y profundamente inmoral por lo injusto”. El proyecto aprobado por el Congreso en 1915, creó dos impuestos directos: el territorial y el de la renta, y una oficina de Catastro.

El objetivo de esa ley era utilizar la nueva recaudación en obras como la construcción, la reparación y la conservación de caminos y otras vías de comunicación.

Se estableció un impuesto a las tierras no cultivadas cuando el propietario se excediese en el dominio de 100 hectáreas. Asimismo, se creó una contribución a los propietarios agrícolas e industriales sobre las nuevas obras públicas, en relación con las ventajas recibidas.

En el campo educativo, uno de los logros más importantes fue la creación de la Escuela Normal de Heredia para satisfacer la demanda de maestros graduados.

Se dieron pasos para vincular la promoción de la salud con la escuela por medio del Departamento Sanitario Escolar (1916). En un contexto de limitados recursos, se impulsaron nuevos circuitos médicos y campañas para combatir la anquilostomiasis, en asocio con la Fundación Rockefeller.

La salida a la crisis económica y fiscal no perdió de vista los parámetros de justicia social. No fue concebida para obtener recursos rápidos por la vía de aumentar los impuestos indirectos, o por la gestión de préstamos, que implicaban el aumento de la deuda interna o externa.

La reforma tributaria era un proyecto de mediano plazo, pero aseguraba una justa contribución de los sectores más poderosos, los principales beneficiarios del accionar estatal.

Las facilidades crediticias a los productores contribuían a diversificar la estructura económica del país para hacerlo menos dependiente del mercado internacional.

Benemérito. Lamentablemente, los sectores afectados con las nuevas leyes e instituciones, incapaces de impedir la aprobación de estos proyectos en el Congreso, se sirvieron de los militares para promover un golpe de Estado el 27 de enero de 1917.

A su regreso a Costa Rica, después de tres años de exilio, don Alfredo se apartó de la política partidaria para dedicarse a las actividades agrícolas y profesionales, aunque se contó con su valioso aporte siempre que se le solicitó su presencia para representar al país, o luchar por causas en beneficio de los costarricenses.

En 1929, después de una larga lucha contra el monopolio eléctrico representado por la Electric Bond and Share, Alfredo González Flores se desempeñó como fundador y presidente de la nueva institución reguladora: la Junta Nacional de Electricidad.

En Heredia, González Flores fue presidente de la Junta de la Escuela Normal, presidente de la Junta de Educación y Presidente de la Municipalidad. Su último cargo público fue el nombramiento como presidente de la Junta Directiva del Banco Nacional de Costa Rica (antiguo Banco Internacional) en 1936, puesto al que renunció en 1940 por razones de salud.

En 1954, la Asamblea Legislativa declaró Benemérito de la Patria al exmandatario por “sus excelentes virtudes ciudadanas”. Falleció en 1962 a los 85 años de edad.

La mayoría de los bienes patrimoniales del expresidente fueron donados para la fundación, la administración y el mantenimiento de un hogar para ancianos que lleva el nombre de Alfredo y Delia González Flores, entidad ubicada en la ciudad de Heredia. Alfredo González Flores vivió con la satisfacción de que sus conciudadanos pudieran expresar, según lo manifestó el 8 de mayo de 1914: “Ese ciudadano cumplió con lo que prometió”.

La autora es catedrática de la Escuela de Historia e investigadora del Centro de Investigaciones Históricas de América Central, de la Universidad de Costa Rica.