Obra La trampa , de la coreógrafa Gloriana Retana, explora la diversidad del movimiento

Por: Fernando Chaves Espinach 11 julio, 2014
Obra. La trampa es una coreografía de Gloriana Retana. Catalina Fernández y Compañía Danza Universitaria para LN.
Obra. La trampa es una coreografía de Gloriana Retana. Catalina Fernández y Compañía Danza Universitaria para LN.

Grupo e individuo conviven en eterna tensión. Ninguna violenta sacudida rompe por completo sus vínculos; por ello, sigue siendo tema de investigación para el arte. Hoy, se explora en una nueva coreografía.

La trampa es el último montaje de la Compañía Danza Universitaria de la Universidad de Costa Rica. Gloriana Retana es la coreógrafa a cargo de un montaje que califica como “muy experimental”.

La obra se presentará durante tres fines de semana, desde hoy y hasta el 27 de julio. Las funciones se realizarán los viernes, sábados y domingos, a las 8 p. m., en un espacio poco convencional.

La compañía tomará una bodega al lado del Teatro Montes de Oca para explorar el movimiento y la atmósfera creada por este espacio degradado y descuidado. Las entradas podrán adquirirse en el teatro y valen ¢4.000 en general y ¢3.000 para estudiantes con carné y adultos mayores.

Los bailarines de La trampa son Elián López, Verónica Monestel, Evelyn Ureña, Gustavo Hernández, Eduardo Guerra y Mario López.

Experiencia. La coreógrafa de La trampa explica que esta pieza nació en torno al cuestionamiento sobre esos grupos, de los cuales no hay opción de salida. “Este proyecto nació a raíz de la inquietud que genera pertenecer a un colectivo, tanto en la sociedad como en escalas más pequeñas: en grupos de trabajo, familiares y de amistad”, dice Retana.

“Me planteé, junto con mis compañeros, investigar cómo estábamos nosotros con respecto a los grupos a los que pertenecíamos”, explica esta artista.

“Es una investigación sobre la intimidad, lo que sentíamos acerca de aquello a lo que debíamos pertenecer, calzar o no calzar, sentirse adaptado o inadaptado”, agrega.

Según Retana, desde el primer trabajo en conjunto, empezaron a surgir posibilidades para aproximarse al tema en escena: es una coreografía que echa mano de múltiples recursos dancísticos.

“Le di rienda suelta al lenguaje coreográfico”, asegura Retana.

“La danza es muy abstracta: lo que buscamos es crear, con el lenguaje, la música y el lugar, una atmósfera de lo que realmente se sentía; crear un lugar imaginario de lo que se podía estar viviendo”, añade. En esta iniciativa, diferentes estilos de movimiento se conjugan.

El ambiente de moho, suciedad y descuido de la bodega elegida como espacio se prestó para este experimento.