Claro mensaje Francoeur, una temida criatura producto de un experimento, probará que las apariencias físicas no lo son todo

Por: Gloriana Corrales 15 agosto, 2013

La naturaleza de cualquier monstruo es crear pánico en las multitudes y robarles el sueño a los más pequeños. Pero, ¿qué tal si existiera uno con gran corazón, mucho ritmo y una voz capaz de maravillar?

A partir de hoy, Francoeur demostrará en los cines comerciales del país que no se vale generalizar, pues esa clase de criaturas sí existe y él es uno de ellos.

La historia que relatará Un monstruo en París comienza cuando Emile, un tímido proyeccionista de cine, y Raúl, un inventor, visitan el laboratorio de un científico, sin anticipar que vivirán la aventura de sus vidas.

Ambos comienzan a mezclar fórmulas y una se les va de las manos y, sin planearlo, crean un raro y temible espécimen al que bautizarán Francoeur.

Según el sitio colombiano Sétimo Arte , este monstruo tiene forma de pulga gigante, con penetrantes ojos rojos que brillan en la oscuridad. Pronto, su apariencia altera la tranquila vida de la capital francesa, cuando aún no fragua la Primera Guerra Mundial.

Francoeur se topará con una cantante llamada Lucille (Vanessa Paradis), famosa por vestir alas de ángel y exhibir una voz que también podría tildarse de angelical.

En una capital francesa de antaño donde las artes, el aspecto físico de esta criatura lo convierte en una amenaza que debe ser destruida.

Sin embargo, la dulzura y la nobleza de Lucille, le permitirán ver más allá y descubrir que el monstruo es en realidad un ser muy delicado y especial que podría ajustarse a la perfección a su número.

Es así como Emile y Raúl descubrirán que este personaje tiene talentos muy singulares para el canto y el baile.

Pese a ello, Lucille deberá hacer hasta lo imposible para ocultar y disfrazar la verdadera apariencia de Francoeur si su propósito es el de fascinar a su público, en lugar de aterrorizarlo.

“La cinta adquiere su propia identidad, empieza a jugar con tus emociones mientras contemplas un espectáculo que no tiene la dimensión visual de una película de Disney o Pixar, no hay gafas con profundidad o pantallas gigantes... pero igual, es un fascinante espectáculo”, opina Alberto Posso, de Sétimo Arte.

Para el crítico, esta película animada francesa cumple con todos los requisitos para ser considerada “de culto”.

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