Por: Fernando Chaves Espinach 9 abril, 2013

La máxima diva española fue muchas cosas, pero siempre destacó. Sara Montiel conquistó por su belleza, pero se quedó por su talento. En el cine y en la música, Montiel firmó con la sobriedad de una reina del cuplé.

La diva. “Dos películas continuas pusieron a Sarita Montiel en pedestal alto del mundo de la canción”, señala el crítico de cine Willam Venegas. “Fueron El último cuplé (1957) y La violetera (1958). Esas películas sumaron el estilo lánguido, sinuoso y seductor a otros tiempos del cuplé, al contrario de famosas como Carmen Sevilla y Liliam de Celis”.

Con su sensualidad, Montiel marcó la diferencia. “Ese tono único que Sarita Montiel le dio al cuplé es la mejor herencia que dejó ella con su extrovertida sensualidad, como en el caso de Fumando espero ”, destaca Venegas.

“El cine era muy controlado en la época del franquismo, pero ella representó una figura de mujer prohibida y escandalosa, de vida alegre y mucho carácter”, destacó Dino Starcevic. “Ella representó la figura perfecta de la cupletista; en esencia, una cantante de cabaret respetable”, dice.

“Desde luego, era muy hermosa, cantaba bien, era graciosa y no era mala como actriz dramática”, apunta el crítico Víctor Flury. “Tenía una fibra dramática bastante buena y dejó una trayectoria muy digna”. Siempre que muere un personaje así, a uno le apena”, dice. Conquistó con sus dos talentos, pues “era la época en la que el público salía tarareando del cine”, como recuerda Flury.

“Para la generación entre los años 40 y los 50, Sarita Montiel fue para los hispanohablantes lo que Marilyn Monroe era para los anglosajones”, compara el músico Alberto Zúñiga. En tiempos del franquismo, Montiel era una válvula de escape para fantasías eróticas. “Eran tiempos de una España que salía de la Guerra Civil, y el código moral era otro. Ella era pícara; una encantadora de hombres”, según Zúñiga.