Joven prodigio Xavier Dolan y decano Jean-Luc Godard comparten premio del Jurado

 24 mayo, 2014

El canadiense Xavier Dolan, de apenas 25 años, y el franco-suizo Jean-Luc Godard, leyenda viva del cine a los 83, compartieron este sábado el Premio del Jurado al cierre del 67º Festival de Cannes por sus respectivas películas "Mommy" y "Adiós al lenguaje".

El benjamín y el decano del certamen se repartieron así un galardón que se vivió en Cannes como un traspaso de posta a una nueva generación de cineastas y desató una salva de aplausos en el Palacio de los Festivales.

Xavier Dolan agradeció en lágrimas la recompensa, mientras que Godard no estaba presente para recibir el primer premio que otorga el Festival al realizador octogenario tras décadas de carrera.

Calificado como un verdadero genio por la presidenta del jurado la neozelandesa Jane Campion, Xavier Dolan volvió a seducir a Cannes, esta vez con "Mommy", un drama cargado de emoción sobre una valiente madre que cría sola a un hijo con problemas psiquiátricos.

Xavier Dolan, de apenas 25 años, agradeció muy conmovido el premio.
Xavier Dolan, de apenas 25 años, agradeció muy conmovido el premio.

Con toques de comedia, por momentos desgarrador, el quinto largometraje de Dolan es un melodrama entre tres personajes: Diana (Anne Dorval), su hijo Steve (Antoine Olivier Pilon), impulsivo y violento, y la vecina Kyla, que transformará para bien la vida de ambos, al menos durante cierto tiempo.

Estrenada en la recta final del festival la película fue aclamada y cambió la dinámica del certamen con un cine lleno de innovaciones formales --incluyendo su formato cuadrado 1:1 -- y actuaciones notables de los tres actores.

La acción transcurre en un futuro cercano en Quebec, donde una nueva ley simplifica los trámites para que los adultos internen a menores problemáticos en instituciones psiquiátricas. La madre de Steve decide encarar sola la crianza del chico incontrolable.

La amistad de ambos con una vecina permitirá a los tres vivir un efímero período de felicidad y esperanza. Pero Steve pasa de la ternura al amor descontrolado por su madre, con raptos de insultos y agresividad que ejerce también sobre desconocidos.

El triángulo cerrado de dos mujeres y un adolescente conduce a un encierro que rechaza el mundo exterior y no logra contener las explosiones de violencia del chico.

"Se trata de gente que se ama profundamente --explicó el realizador-- pero ese amor es desafiado por la vida misma, por la enfermedad y por un sistema que los condena al ostracismo".

Mito viviente del cine, Godard no solo tiene admiradores y fue abucheado varias ocasiones en el Festival de Cannes, pero este sábado le llegó una buena revancha.

 "Godard forever"  (Godard para siempre), lanzó un cinéfilo antes de que debutara la proyección de "Adieu au langage" el miércoles pasado en el gran teatro Lumière. Y el Jurado del Festival, presidido por la cineasta neozelandesa, Jane Campion, le dió razon.

Porque, venerado o detestado, Godard -que fue uno de los fundadores de la "Nouvelle Vague" y quien tiene en su haber unas 50 películas-, inventó una nueva gramática del cine, influyendo no sólo en decenas de realizadores sino de artistas plásticos.

Desde su primer largometraje "Sin aliento" (1960), que reveló a un joven llamado Jean-Paul Belmondo, su cinematografía ha sido iconoclasta y provocadora.

"Adiós al lenguaje" es una película abstracta, poética y experimental filmada en 3D, que tiene como protagonistas dos hombres, dos mujeres y un perro.

El filme, aunque innovador tecnológicamente contiene los códigos que han marcado su cine: los movimientos de cámara, el sonido no sincronizado con la imagen, una narración que siempre deja la impresión que no ser lo más importante en la película.

El cine de Godard busca menos contar una historia que mostrar cómo se cuenta una historia, como él definió que era el objetivo de la Nueva Ola.

"Adiós al lenguaje" es "una historia sencilla: una mujer casada y un hombre soltero se encuentran. Se aman. Se disputan... Un perro erra entre ciudad y campiña", explicó Godard en una entrevista con una emisora francesa.

Su filme permite todas las explicaciones e interpretaciones.

"Es puro Godard!", se escuchó a la salida de la proyección del filme del veterano cineasta, que aspiraba por quinta vez a la Palma de oro que jamás ha conquistado.

"La proyección fue un 'happening', algo histórico, que no me habría perdido por nada del mundo", exclamó un admirador.

Godard -nacido en París el 3 de diciembre de 1930 de padres franceses de origen suizo, y que pasó su infancia en Nyon, cerca de Ginebra, en la atmósfera rigurosa de la burguesía protestante - prefirio no viajar a Cannes .

Pero hizo sentir su presencia, enviando una carta visual de nueve minutos al presidente del Festival de Cannes , Gilles Jacob, y al director artístico, Thierry Frémaux, en la que califica "Adiós al lenguaje" de "un vals", asegurando que es la "mejor película" que ha realizado.

El cineasta François Truffaut dijo de Godard que "alteró el mundo del cine como Picasso lo hizo con el de la pintura y como él hizo que todo fuera posible". Una expresión retomada en 2000 por el propio Godard, que definió a la Nouvelle Vague como "la ebriedad de lo posible".

La película "Las maravillas" de la realizadora italiana Alice Rohrwacher, una fábula sensible sobre el paso a la edad adulta y la utopía de la vida natural, ganó este viernes el Gran Premio del Festival de Cannes , el segundo en importancia del certamen.

"Espero que esto me depare cosas buenas para el futuro", dijo la realizadora, de 33 años, al recibir el galardón de manos de la diva italiana Sophia Loren, que cumplirá 80 en septiembre.

Rohrwacher ("Corpo celeste", 2011), era una de las dos mujeres que estaban en competencia por la Palma de Oro junto con la japonesa Naomi Kawase. El máximo galardón fue finalmente para "Winter Sleep".

Pero el Gran Premio fue finalmente mucho más que un premio consuelo para "Las maravillas", una película a la que muy pocos críticos auguraban recompensa alguna.

El filme cuenta la historia de una familia alternativa de europeos que realizan el sueño utópico de abandonar la civilización urbana para dedicarse a la apicultura en un lugar remoto de la Italia rural.