El cineasta chileno presenta El Club en el Festival de Cine de San Sebastián, donde se exhibe en la categoría fuera de concurso

 19 septiembre, 2015

San Sebastián, España

Una película que aborda temas que son "política y espiritualmente peligrosos", con una pugna entre "vieja y nueva Iglesia". Así define Pablo Larraín en entrevista con la Associated Press El Club, ganadora del Oso de Plata en la Berlinale y acogida con elogios en el Festival de Cine de San Sebastián, donde se exhibe fuera de concurso.

El director chileno visita por cuarta vez la muestra de la ciudad vasca, la más importante de las que se celebran en España. Con anterioridad, presentó Fuga, Tony Manero, Post mortem y No. Ahora acude con una película que vuelve a indagar en las "élites de poder" de su país. En esta ocasión, con la Iglesia católica, los abusos sexuales y el concepto de la impunidad como protagonistas de una cinta seleccionada por Chile para competir por el Oscar a la mejor película de habla no inglesa.

Un grupo de sacerdotes es recluido en una remota casa para purgar sus pecados, que fueron abusos sexuales. A partir de ahí, Larraín arma una película "llena de verosimilitud, pero que no pretende ser realista, ya que son cosas distintas". Y explica que la inspiración para el argumento del guión, escrito por el propio Larraín junto con Guillermo Calderón y Daniel Villalobos, parte de casos de abusos "que se conocen desde hace mucho tiempo en Chile".

Larraín es uno de los directores chilenos con un remarcado interés por exponer la realidad social de su país a través del sétimo arte.
Larraín es uno de los directores chilenos con un remarcado interés por exponer la realidad social de su país a través del sétimo arte.

Larraín pone como ejemplo de ellos el caso del sacerdote Fernando Karadima. "Los dos principales líderes de la Iglesia chilena, el arzobispo (Francisco Javier) Errázuriz y monseñor (Ricardo) Ezzati, han encubierto de forma sistemática a verdaderos monstruos, como el padre Karadima, que abusó de varias personas. Y lo han hecho a costa de sus víctimas y de una sociedad que quiere justicia", denuncia el realizador.

El cineasta lamenta que el papa Francisco, "que estaba haciendo cambios profundos e interesantes", no haya adoptado medidas. En el fondo, sostiene, subyace el conflicto entre "vieja y nueva Iglesia".

Para Larraín, existe una curia "más humilde" y que busca estar "asociada" con los fieles y otra que persigue seguir "conectada" con los círculos de poder para seguir disponiendo de influencia. En cualquier caso, insiste, "lo que une ambas es su paranoia". "Parece que tienen más miedo a la prensa que a los infiernos", añade.

En cualquier caso, el autor de El Club insiste en que su película "no trata de ser muy explícita", sino de "narrar los hechos sin mostrarlos" , ya que de esta manera "el espectador compone su propia imagen, que siempre es mucho más violenta de lo que pueda mostrar cualquier cineasta".

El poder de la impunidad asoma en toda la historia, algo para lo que Larraín encuentra sus propias claves. "La impunidad es el resultado de una estructura de poder. No solo se trata de ver quién es el impune, sino quién lo protege. Es lo que hace que no todos seamos iguales ante la ley y que parezca que, en caso de la Iglesia, no todos seamos iguales ante Dios".

En temáticas así, al cine le corresponde "hablar desde un punto de vista analítico, pero también de desesperación. El cine, a veces, resultar ser un grito necesario", dice Larraín, que emite también su juicio sobre el estado del Chile actual, con sus, en opinión propia, progresos y tareas pendientes.

"Chile tiene una democracia saludable. Vivió una dictadura muy dura y aprendimos de eso",constata el director, que a renglón seguido apunta lo que, a su juicio, falla en su país. "Chile no ha logrado una verdadera reconciliación con su pasado. No hemos sido capaces de juzgar a los verdaderos criminales de guerra y hay un sinfín de asesinos y torturadores que circulan libremente por las calles. Y mientras eso siga así, va a haber una situación de traba que determinadas élites necesitan que continúe".

Sobre sus próximos proyectos, Larraín indica que ya ha concluido el rodaje de Neruda, película que aborda la vida del premio Nobel de literatura chileno y se apresta a preparar los procesos para filmar una cinta sobre Jackie Kennedy —con Natalie Portman en el papel de la esposa del presidente estadounidense asesinado— y el remake de Scarface, aunque prefiere mostrarse cauto: "De películas que no están hechas, mejor no hablar".