Este fin de semana las salas de Cinépolis proyectarán el documental La Dixon , la historia de cómo una tica viajó fuera del país para convertirse en una de las voces más destacadas de Argentina

Por: Carlos Soto Campos 14 enero
La cantante Ana Torroja, de 55 años, prepara un libro autobiográfico, en el que el accidente de tránsito que sufrió en el 2008 y el juicio por delito fiscal que atravesó ocuparán la mayor parte de esta obra. Foto: RLM para La Nación
La cantante Ana Torroja, de 55 años, prepara un libro autobiográfico, en el que el accidente de tránsito que sufrió en el 2008 y el juicio por delito fiscal que atravesó ocuparán la mayor parte de esta obra. Foto: RLM para La Nación

A los diez años, Adriana Cordero, directora del documental La Dixon tenía la costumbre de encender la radio de la casa para acompañarse.

Comenzaban los años 90 y el rock argentino estaba en lo más y mejor: Soda Stereo, Charly García, Andrés Calamaro... Cordero y sus coetáneos tenían muchos talentos que admirar; hombres la mayoría, claro está.

“En la emisora Rock & Pop le daban mucha importancia al rock nacional y ahí empezaron a sonar Las Blacanblus y me llamo mucho la atención, porque eran cuatro mujeres que cantaban blues . Ahí cantaba Deborah”, cuenta Cordero.

Ese fue uno de los primeros eventos que llevaron a que, este enero, la directora se encuentre estrenandoun documental sobre la vida de esa cantante tica, Deborah Dixon.

El documental –primer trabajo de Cordero como directora–, explica cómo Dixon llegó al grupo que acompañaría las tardes y preadolescencia de la directora y todo lo que ha pasado después.

Dixon tiene un curriculum envidiable: se la puede ver en el video de Llueve sobre mojado de Joaquín Sabina y Fito Paéz; en el disco Chaco , de Illya Kuriaki and the Valderramas; en los videos de Viña del Mar, junto a Páez, cantando El amor después del amor , o dando conciertos de más de 200.000 personas con el Indio Solari en varias partes de Argentina.

El documental La Dixon se exhibirá este fin de semana exclusivamente en las salas de Cinépolis. En el trabajo aparecen estos colaboradores alabando su trabajo, detallando que trabajar con ella es más que laburo : es un gusto.

“Con Deborah todo es especial”, comenta Cordero en una entrevista con Viva. Y en eso coinciden todos sus entrevistados: Fito Páez,Dante Spinetta y Emmanuel Horvilleur, del grupo Illya Kuryaki and the Valderramas, el productor musical Bobby Flores, entre otros destacados artistas.

Cordero espera que, con su documental, el nombre Deborah Dixon deje de ser desconocido entre la mayoría de costarricenses.

Producción

Al igual que Deborah, Adriana Cordero titubea cuando se le pregunta si es costarricense o argentina. Sus historias de vida las coloca en un punto medio entre el amor por Costa Rica y el desarrollo profesional que han tenido en Argentina.

Cordero cuenta que la secundaria la terminó en Costa Rica y que después decidió ir un verano a trabajar como mesera en Limón.

“Allá conocí a una italiana y le conté mi historia. Ella me contó que tenía una hermana en Argentina y que su novio tenía también una hermana allá, una tica”, detalla Cordero.

El novio de la italiana era Adrián Dixon, hermano de Deborah. “Después de la dictadura, en Argentina habían unos 25 ticos, contados. Me entró mucha curiosidad por saber quién era esta otra tica que yo no conocía”, cuenta Adriana.

Adrián Dixon le dijo que tal vez había oído a su hermana cantar en la radio. Ella era la voz principal de temas como Blues latino y Hartas de Las Blacanclus. Adriana sabía exactamente de quién le estaban hablando.

Cuando esta terminó su carrera de cine en Argentina, su primer impulso fue hacer un cortometraje y así planteó inicialmente el documental La Dixon .

Después de presentarse ante Deborah, le planteó el documental y a la artista le gustó la idea. La primera entrevista se hizo en el 2009 y pasaron casi ocho años para que llegara a una sala de cine.

El documental, que al inicio se quedaría como corto, dura 63 minutos.

“ Yo no sentía que podía hacer algo tan grande como mi primera obra, pero así sucedió. Es un proyecto que creció por sí solo”, explica Cordero. La premier del documental fue este 11 de enero, en Plaza Lincoln, Moravia.

Ascenso

Dixon partió de Costa Rica a los 18 años y se fue a Francia a estudiar Lenguas Modernas; allá conoció a su pareja, quien sería padre de sus hijos.

Después de viajar por Europa y Colombia, la pareja decidió buscar una casa y formar una familia en Argentina, en donde Deborah encontraría su vocación.

“Yo trabajaba como traductora y profesora de francés, pero tenía ganas de dedicarme a algo mío, algo que me gustara.

”Por coincidencias me topé con una escuela de canto negro y allí empecé a estudiar”, cuenta Dixon por teléfono, desde Buenos Aires.

Fue en esa escuela en donde conoció a las que serían sus compañeras en Las Blacanblus, tres argentinas que aparecen en el documental.

El boom que tuvo el blues en los años 90 fue suficiente para que su audiencia pasara de los bares de “mala muerte” –como los llama Deborah– a compartir escenario con íconos del rock como Pappo.

“Además de ser mamá, trabajaba dando clases de francés y cantaba, a veces de madruagada. Los horarios eran incompatibles y en un momento dado, elegí (dedicarme a la música).

”No me arrepiento de la decisión”, explica Dixon y se echa una caracajada, sabiendo que tomó la decisón correcta.

Después se ser apadrinadas por Pappo, fueron firmadas por la disquera Del Cielito Records, de Gustavo Gauvry. Por el estudio de Gauvry había pasado Charly García, Luis Alberto Spinetta y Soda Stereo y allí mismo grabaron Las Blacanblus sus discos.

Cuando la crisis económica golpeó la Argentina en 1998, el grupo –como muchos otros– se disolvió. Aunque la situación era complicada, Dixon siguió colaborando con otros músicos y forjando la carrera envidiable de más de 25 años.

Hasta el jueves 20 de diciembre del 2012 Deborah ofreció su primera presentación en Costa Rica, una que quedó grabada para el documental.

Dixon se presentó junto a la banda Blues Latino, que de hecho se llama así en honor a una canción del primer disco de Las Blacanblus.

“Es curioso porque la gente ve La Dixon y se queda esperando el drama, pero afortunadamente Deborah ha triunfado a punta de trabajo y, así, todo le ha salido bien”, dice Cordero.

“Yo normalmente tengo un perfil muy bajo”, expresa Deborah en un acento argentino que engaña. “Por eso me ha sorprendido cómo la gente con la que he colaborao habla de mí”, agrega, omitiendo la letra de, como lo hacemos en ocasiones los ticos.

Para Dixon, lo más importante del documental es tener “un acercamiento artístico” a su país de origen.

“En esta profesión me puedo dar el lujo de decir ‘no’ si algo no me gusta, no es como estar en una oficina. Es algo que me gusta de alma y me encantaría hacerlo en Costa Rica más seguido”, detalla.

Además de cantar en vivo y en grabaciones, Dixon ha participado en dos obras de teatro musical: Hairspray y Camila , una historia argentina. Deborah afirma contenta que aún quedan muchas puertas por abrirse y Adriana Cordron piensa igual.

“Estamos planteando una ruta de festivales, para que con el documental, conozcan más a Deborah”, comenta la directora.

“Si la conocen más los ticos me basta, porque es hacer justicia con Deborah.

”A veces los homenajes llegan cuando la persona no está en vida o ya no ejerce y Deborah está en un momento perfecto para que nosotros se la robemos a los argentinos”, agrega Cordero.