En 1964 el filme de esta niñera llegó hasta los lugares más recónditos del mundo. Sin embargo, su travesía de los libros al cine fue todo menos placentera, dado el mítico pleito entre su creadora, P. L. Travers, y un terco Walt Disney

Por: Katherine Chaves R. 4 agosto, 2014

Mary Poppins no tiene pasaporte y nunca se ha montado en un avión, pero ha viajado, feliz, alrededor de todo el mundo.

Esta niñera solo olfatea la desesperación de los padres, agarra su maleta mágica y emprende un fantástico vuelo con su sombrilla. No necesita mapas para llegar a su destino, solo hace valer su instinto.

En uno de esos viajes, Poppins conoce a los señores George y Winifred Banks, quienes le abren las puertas de su casa para que logre controlar a sus hiperactivos hijos Jane y Michael. ¡Nada que un poco de magia no arregle!

Su método para tranquilizar a los pequeños dio vida a la película musical Mary Poppins , que este año cumple 50 años de haber llegado por primera vez a las salas de cine estadounidenses.

La trama y el elenco estrella que tenía (conformado por Julie Andrews como Poppins; Karen Dotrice , como Jane; y Matthew Garber como Michael) convirtieron a la cinta en la más taquillera de aquel año, al recaudar $102 millones, según información de Box Office Mojo.

Los niños Jane y Michael eran encarnados por Karen Dotrice y Matthew Garber, respectivamente.
Los niños Jane y Michael eran encarnados por Karen Dotrice y Matthew Garber, respectivamente.
Matthew Garber murió a los 21 años por una pancreatitis; Karen Doctrice continúa participando en programas televisivos

Gran pauta. El filme –que es una adaptación del libro del mismo nombre (1934) de la autora P. L. Travers– dejó un importante legado, porque fue la primera película de Walt Disney que se atrevió a mezclar el mundo animado con el real.

“Este paso, que en aquel momento era algo riesgoso, movió masas y marcó una pauta en el mundo del cine en general. Alabada sea la mente a la que se le ocurrió combinar ambas dimensiones”, reseñó The Huffington Post .

Eso sí, la idea –que surgió de una persona anónima– dividió las opiniones en los estudios: para unos, retrasaría mucho la película y eso era innecesario; para otros, valdría la pena la espera.

Walt Disney, cofundador de la compañía, era un hombre de riesgos, por lo que acuerpó el plan. Él sabía que mezclando actores y criaturas animadas la cinta superaría las expectativas de una de sus hijas, a la que prometió llevar su libro favorito al cine; sin embargo, no todo sería positivo: Travers (1899–1996) detestaría esa idea y haría todo lo que pudiese para traerla abajo.

“La historia dice que la escritora era muy incómoda, así que el magnate sabía que hiciera lo que hiciera, Pamela (nombre de la escritora) se quejaría”, cuenta ese mismo diario estadounidense.

La palabra ‘incómoda’ quizás se le queda corta. El emprendedor Disney tuvo que perseguirla casi durante 20 años para que le cediera los derechos del libro para poder hacer la película.

“Ella (escritora) no quería que su obra, su personaje favorito se convirtiera en uno más del mercado. No quería hacer dinero de esto, no le interesaba, porque realmente amaba a esta niñera. Quería salvaguardarla del mercado”, publicó el periódico The Huffington Post .

Y es que, al final, la escritora no aceptó porque la idea de hacer una cinta la emocionara, sino porque, en 1961, la cifra que tenía en su cuenta bancaria iba perdiendo ceros: la venta de su libro Mary Poppins ya no estaba bien.

El empresario supo aprovechar ese mal momento: le propuso que le pagaría $100.000 por los derechos.

Esa tentadora oferta, aunada a que era momento de refrescar a la niñera, hizo que, con una sonrisa fingida y cláusulas bien definidas, estrechara manos con el magnate. ¡Enciendan máquinas!

Claro, la felicidad no era del todo grande: ambos sabían que sus puntos de vista eran muy diferentes, lo que convertiría ese trabajo en uno de los más difíciles de sus vidas.

¿Martirio? Firmaron el contrato, en el que Travers estipuló que todos los actores debían ser británicos y que tenía derecho a supervisar el guión. Walt Disney exigió que la escritora no pudiera intervenir en el corte final.

Un par de días después de la negociación, el director Robert Stevenson y los guionistas Bill Walsh y Don DaGradi –unas de las mentes más brillantes de Disney en ese momento– tenían todo un esbozo.

El magnate lo aprobó, pero debía mostrárselo a Travers, quien tomó los papeles y los lanzó por una ventana, según cuenta la película El sueño de Walt (2013), que reseña los pormenores que pasaron antes, durante y después de la grabación de la cinta.

En ese momento, la autora indicó que no quería ni que la cinta fuera un musical, ni que tuviera personajes animados. Tiempo después y para desdicha de la dramaturga, Mary Poppins es recordada precisamente por tener esas dos características.

Mientras el filme ya iba formándose, llegó el momento para pensar en la música. Los hermanos Richard y Robert Sherman tuvieron esa labor y también supieron lo difícil que era trabajar con la escritora australiana.

En entrevista con USA Today , Richard recordó: “Era muy exigente y claro, uno entiende porque era su obra, era como un hijo más para ella. Pero a veces fue complicado lidiar con eso. Hubo más de 10 canciones que hicimos y que no se incluyeron porque a ella (Travers) no le gustaron”.

A pesar de los obstáculos, supieron cómo pegarle a la bola para que llegara lo más alto posible con las canciones: Chim Chim Cher-re (ganadora de la categoría mejor canción original de los premios Óscar 1964), Supercalifragilisticoexpialidoso (palabra inventada por Mary Poppins para indicar que todo es más que maravilloso), Migas de pan y Con un poco de azúcar .

“Yo creo que hoy por hoy, toda persona que escuché los temas, se recuerda de las escenas. Por ejemplo, cuando oyen Chim Chim Cher-re es imposible no recordar a los personajes dando unos brinquitos coquetones al ritmo de la música”, comentó Richard Sherman.

Tres años después y tras varios encontronazos entre ambas partes, los estudios Disney anunciaron finalmente el estreno de la película Mary Poppins , gala a la que no invitaron a Travers por la mala relación entre las partes.

A pesar de ello, la autora consiguió una entrada por su cuenta. Cuando vio el filme, hasta lloraba de rabia. El periódico El Mundo recordó: “Pamela se preguntaba: ‘¿Qué ha sido de mi Mary Poppins?’. Por eso, llegó a sugerir a Disney unos cuantos cortes, pero el patrón de los niños le respondió claramente: ‘El barco ya ha zarpado...’”.

Eso provocó que Travers decidiera no venderle a Walt Disney los derechos de los otros libros pertenecientes a esa saga.

La producción se hizo acreedora de cinco premios Oscar el mismo año de su estreno, entre el que destaca el de mejor actriz a Julie Andrews, quien encarnó a la niñera.

El tiempo pasa y Mary Poppins sigue haciendo de las suyas: en el 2006, Broadway hizo un musical de este filme, el cual fue estrenado –y sigue produciéndose– en el New Amsterdam Theater.

Por esto, independientemente del gran disgusto que sintió la autora al ver la película y los problemas internos durante la grabación, Mary Poppins logró hacer algo que era muy difícil: cautivar a miles de miles de personas, al punto de hacer con ellos lo que quisiera.

Así fue como esa niñera que viaja por el mundo agarrada tan solo del mango de su sombrilla se aseguró ser un personaje inmortal.