La actriz, quien recibió un Óscar honorífico por su carrera en el 2014, falleció ayer, a los 95 años, tras una extensa, brillante trayectoria

Por: Danny Brenes 25 octubre, 2015
O’Hara, junto a John Wayne y Claude Jarman, en la película Río Grande . Fue la primera película que trabajó junto a Wayne. WikiCommons
O’Hara, junto a John Wayne y Claude Jarman, en la película Río Grande . Fue la primera película que trabajó junto a Wayne. WikiCommons

Maureen O’Hara irradiaba luz. Durante los años 40 y 50, fue uno de los rostros femeninos favoritos de Hollywood, y compartió pantalla junto a galanes muy famosos de la época. O’Hara fue la envidia de las jóvenes y, de paso, se hizo de un nombre, de una carrera, de un legado.

Ayer, sin embargo, la luz de O’Hara se apagó. La actriz de origen irlandés fue encontrada muerta en su casa en Boise, Idaho. Tenía 95 años. Su mánager de toda una vida, Johnny Nicoletti, confirmó la noticia a distintos medios internacionales. A la actriz le sobrevive ahora el recuerdo de su obra y de su luz.

Soberana. Le llamaron “la Reina del Technicolor”, porque cuando este proceso de cine en color se popularizó en Hollywood, hacia 1940 y en adelante, nada brillaba más en la pantalla que el cabello color fuego de O’Hara y sus ojos verdes y grandes, como prehistóricas gemas de esmeralda.

En el obituario que le dedicó el New York Times a la actriz, reza: “un crítico la destacó en una reseña más bien negativa de la cinta Comanche territory , de 1959, aduciendo que, en technicolor, ‘la señorita O’Hara de alguna forma resulta más significativa que un sol poniente’. Incluso, los inventores del Technicolor la consideraban su mejor publicidad”.

Pese a todo, buena parte de sus películas se filmaron en blanco y negro, en cuenta la más famosa de todas: El hombre tranquilo , de John Ford, en la que compartió créditos con John Wayne. Fue la segunda de cinco películas que protagonizó junto a Wayne. En El hombre tranquilo , O’Hara hacía el papel de Mary Kate Danaher.

Danaher era una mujer testaruda, orgullosa y apasionada, que se negaba a consumar su matrimonio con su esposo, un boxeador interpretado por Wayne, hasta que este luchara por su honor; gesto que, por supuesto, el boxeador no dudó en llevar a cabo. Final feliz. La película no solo fue la más aplaudida por la crítica, sino la más apreciada por la propia actriz.

La belleza de la actriz le convirtió en un ícono de Hollywood.WikiCommons
La belleza de la actriz le convirtió en un ícono de Hollywood.WikiCommons

De acuerdo con un artículo publicado por la BBC, la familia de O’Hara dijo que la mujer dio sus últimos respiros mientras escuchaba el soundtrack de El hombre tranquilo .

Rescata el New York Times que, alguna vez, luego de haber concluido alguna de sus filmaciones juntos, Wayne le dedicó lo que él consideraba el mayor cumplido posible: “Tengo muchos amigos y prefiero la compañía de los hombres, excepto por Maureen O’Hara. Ella es un gran muchacho”.

Lo curioso es que Hollywood bien pudo haber descubierto a su reina colorida. Narra El País , de España, que en principio O’Hara se negaba a actuar y encontraba poco interés de pasarse la vida frente a un lente.

Fueron el actor Charles Laughton y el productor Eric Pommer quienes lograron convencer a O'Hara para que se iniciase como actriz con un contrato de siete años con la productora Mayflower Pictures.

Los colores de Maureen O’Hara se apagaron, pero el mundo le recordará: las luces de una reina no se olvidan fácilmente.

Etiquetado como: