Por: Alexánder Sánchez 3 junio, 2012
 Sentado en su escritorio, el cual se ubica en el segundo piso de la Sala Garbo, Nico Baker rememoró sus días en el lugar. Jorge CastilloEn su charco.
Sentado en su escritorio, el cual se ubica en el segundo piso de la Sala Garbo, Nico Baker rememoró sus días en el lugar. Jorge CastilloEn su charco.

Hablar de la Sala Garbo, es igual que hablar de Nicholas Nico Baker. ¿Quién lo puede discutir? Si existiera una película sobre la emblemática sala, el Sir inglés sobresaldría en el diseño del afiche.

El dueño de la Sala Garbo vio nacer el proyecto, y con los años ha sufrido y gozado con él. Además, a juzgar por su ánimo, no está dispuesto a abandonarlo.

Baker, quien en Inglaterra era director de teatro, llegó al país en 1957 de vacaciones, y ya enamorado de Annie Manley, una bailarina tica con quien se casó.

Aquí conoció al cineasta Óscar Castillo y, rápidamente, se involucró en la escena cultural con el montaje La promesa , con la actriz Haydée de Lev.

La amistad con Castillo lo involucró en el proyecto de la Sala Garbo, un segundo amor que lo atrapó para siempre. Muchos retos más asumió don Nico, incluso fue deportista, pero la sala de cine se convirtió en su pasión.

“Para mí, la Sala Garbo es mi vida. Llevo la mitad de mis años trabajando aquí. Me ha alimentado tanto económica como intelectualmente”, dijo Baker, quien actualmente tiene 79 años.

“Nunca pienso vender la sala. Cuando ya no pueda seguir quedará mi hija Nicollete”, agregó.

Por sus aportes a la cultura británica, trabajando en el Teatro Nacional de Londres, el Royal Shakespeare y la BBC, Baker recibió el título de caballero de manos de la reina Isabel II, en 1992.

Fidelidad de caballero es lo que tiene Baker por la Garbo.

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