El legendario actor es la cara más reconocida de las cintas propias de la época. Pocos se imaginan a los personajes que él interpretó en otra piel

Por: Arnoldo Rivera J. 2 abril, 2015
Príncipe. La historia del príncipe de Judea es una película infaltable en esta época: Ben-Hur es una épica que ganó 11 premios de la Academia. AFP
Príncipe. La historia del príncipe de Judea es una película infaltable en esta época: Ben-Hur es una épica que ganó 11 premios de la Academia. AFP

Charlton Heston entró con sandalias, báculo y túnica a la historia del cine. Corría el año 1956 y, hasta entonces, era un actor con pinta de duro, con buenas películas en su haber y unas apariciones destacables en la, entonces, joven televisión.

Sin embargo, cuando Heston se puso la piel de Moisés –en la épica producción de Cecil B. de Mille, Los diez mandamientos – entró a una tierra prometida de la que nunca más se iría.

La mastodóntica producción hizo del actor una ficha segura en ese cine espectacular y visual, épico y repleto de nombres de primera línea y en el que la fastuosidad era elemento clave en la historia contada.

Heston, entonces, se hizo parte fundamental de las películas de Semana Santa; las mismas que algunos soportan con paciencia franciscana y otros esperan con alegría de evangelista.

Personajes con los que la humanidad –de alguna u otra forma– se ha relacionado, caminaron en el siglo XX gracias al arte de histrión de Heston.

Se fundió de forma tal con los personajes, que Ben-Hur no puede ser otro que Heston.

Como Moisés no puede ser otro que quien sale en Los 10 mandamientos .

Ícono. Charlton Heston dio vida a Moisés y Ben-Hur (derecha), de tal forma que todos piensan en el intérprete antes que en los interpretados. Cosas del cine. AFP
Ícono. Charlton Heston dio vida a Moisés y Ben-Hur (derecha), de tal forma que todos piensan en el intérprete antes que en los interpretados. Cosas del cine. AFP

Ese mismo que parte el Mar Rojo en dos; el que se encara con Ramsés II en su mismísima sala de estar (si tomamos en cuenta de que el mentado faraón era Yul Brynner hay que darle doble puntaje por la osadía).

Si tiene alguna duda del peso de Heston dentro de los personajes, solo hay que ver la fría recepción que obtuvo el Moisés de Cristhian Bale (no importó que fuese Bruce Wayne y Batman).

Desde un “ese no es Moisés” hasta un “¡cómo se atreve!”, la crítica de la platea de los cines coincidió en recordar a los dos..., tal y como Heston los dejó hace mucho tiempo atrás, y a pesar de que este próximo domingo 5 cumplirá siete años de fallecido.

Pasó que todo Heston se convirtió en símbolo de masculinidad, un galán de estilo clásico y barbilla cuadrada, cuyo nombre en la marquesina era sinónimo de taquilla (el primer mandamiento de la fábrica de sueños que Hollywood es).

El reinado de testosterona de Charlton Heston –finales de los 50, principios de los 60– quedó bien fundado por entonces.

Las repeticiones en televisión y cable ayudaron a recordarlo. Internet llegaría a echar una mano en el siglo XXI

Si se quiere, aquel dominio solo fue retado por Sean Connery, cuando le dio vida a un héroe con tono de seductor espía: Bond, James Bond, un bellaco agente 007, al servicio de Su Majestad.

Si Heston era la fuerza de un macho, Connery era un caballero con modales, letales ambos

Gigantes. Tras interpretar al príncipe de Egipto que renuncia a todo para conducir a su pueblo lejos del cautiverio, el actor le dio vida a otro personaje que también sabe lo que es la renunciación: Judá Ben-Hur.

La producción de Billy Wilder (tan de derecha como Heston) se convirtió en la cinta emblemática de la Semana Santa.

Además, 11 premios Óscar de la Academia hicieron que Ben-Hur dejara el listón muy alto en estas paquidérmicas películas.

Heston volvió a involucrarse en una megaproducción bíblica con La historia más grande jamás contada (1965), de George Stevens (aunque ciertas secuencias están acreditadas a David Lean y Jean Negulesco).

La película iba a tono con su nombre: una fastuosa mirada de la vida de Jesús y un reparto como que es una especie de quién es quién de la primera línea hollywoodense de hace medio siglo.

Heston interpreta un papel menor en la cinta (obviamente la estrella es Jesús), pero central en el cristianismo y respetado en el islam: Juan el Bautista, el encargado de bautizar al Nazareno. Poca cosa no era.

Luego de ser el Bautista, el hombre se le metió a un genio del Renacimiento: Miguel Ángel, el pintor de la Capilla Sixtina.

En La agonía y el éxtasis (1965) tiene un peso pesado como antagonista: Rex Harrison.

Harrison le da vida al papa Julio II, cuyo pontificado, paradójicamente, fue lo contrario a los aires de aquel y que traspasarían los 60: Julio II hacía primero la guerra y luego el amor.

“¿Cuándo lo terminarás?”, pregunta el papa impaciente. “Cuando lo termine”, responde el artista soberbio. Este diálogo es piedra angular de la cinta.

Descontinuada en la programación de estos días santos, La agonía y el éxtasis es, quizás, la mejor interpretación de Heston en este tipo de producciones.

Miguel Ángel, tal vez, le ayudó a entenderse como persona, más que como un ícono de la industria del entretenimiento.

Moisés, Judá Ben-Hur, Juan el Bautista y Miguel Ángel: los “cuatro fantásticos” con los cuales Charlton Heston se ganó para siempre un campo en la pantalla de la Semana Santa.