El filme destaca que lo fundamental no es tanto en el retrato del personaje sino la historia de su combate contra el poder establecido

 19 mayo, 2016
Julian Assange se dirige a los medios desde el balcón de la embajada de Ecuador en Londres el pasado mes de febrero
Julian Assange se dirige a los medios desde el balcón de la embajada de Ecuador en Londres el pasado mes de febrero

Cannes (Francia)

El polémico Julian Assange llegó hoy al Festival de Cannes en espíritu, ya que continúa recluido en la Embajada de Ecuador en Londres desde hace cuatro años, y de la mano de la documentalista Laura Poitras, guía de la nueva generación de filtradores (o whistleblowers, en inglés) .

El filme Risk sigue a Assange a lo largo de varios años, aunque se centra en el transcurso del proceso legal contra el fundador de Wikileaks en el Reino Unido, que falló a favor de su entrega a Suecia, lo que motivó que buscase asilo político en la legación ecuatoriana.

La cinta, recibida con aplausos, aborda la lucha de Assange — quien aparece como un idealista que intenta cambiar el mundo — más que la personalidad del activista o los entresijos de la denuncia por acoso sexual que se presentó contra él en Suecia.

De hecho, las escasas pinceladas íntimas sobre Assange salen de una pintoresca entrevista que le realizó la cantante Lady Gaga, y que fue grabada por Poitras.

"No soy una persona normal", dice Assange, para luego confesar que no llora nunca o que cualquier cosa que le suceda puede llevar a "gran parte del mundo" a reaccionar.

También aparecen algunas vivencias cotidianas que humanizan al personaje, como sus problemas para colocarse una lentilla o las risas que le produce un vídeo viral sobre un perro ladrando en medio de un sueño.

Pero lo fundamental no reside tanto en el retrato del personaje sino en su combate contra el poder establecido, algo que queda claro desde la primera y potente escena de la película.

Risk se abre con una llamada telefónica que Assange y su colaboradora Sarah Harrison hacen al Departamento de Estado de EE. UU. para alertar sobre una filtración no autorizada de documentos que obraban en poder de Wikileaks.

"Hola, quiero hablar con Hillary Clinton (entonces secretaria de Estado)", le dice Harrison a la telefonista que recibe la llamada.

La presentación de la película se convirtió en un acto de reivindicación en favor de Assange, ya que en el coloquio posterior participaron sus estrechos colaboradores Jacob Appelbaum y Sarah Harrison, quienes aprovecharon la oportunidad para leer un alegato en su defensa, además de la propia realizadora.

"Apoyo firmemente el trabajo de Wikileaks y estoy muy preocupada por lo que hacen los gobiernos", dijo Poitras, sin miedo de posicionarse en favor de la labor de Assange y su equipo.

No en vano, Poitras comenzó a trabajar en este documental antes incluso de iniciar Citizenfour, el documental sobre el filtrador Edward Snowden por el que recibió el Óscar en 2015.

La cineasta fue también muy crítica con la labor de los periodistas, que se dividen entre quienes de verdad quieren informar a la gente y quienes son " meros propagandistas " , como sucede, a su juicio, con la mayoría de periodistas estadounidenses

Appelbaum y Harrison, que aparecen en Risk retratados como los fieles escuderos de la quijotesca empresa de Assange, recordaron que el grupo de trabajo sobre la tortura de la ONU ha denunciado la situación del cerebro de Wikileaks.

"Julian Assange no ha visto el sol en cuatro años y Reino Unido le niega el tratamiento médico" , señaló Harrison, mientras que Appelbaum consideró que no cree que una eventual llegada de Clinton a la Casa Blanca mejoraría su situación, sino todo lo contrario.

Harrison, británica, y Appelbaum, estadounidense llevan tres años sin pisar sus países de origen por miedo a sus gobiernos, recordaron, al tiempo que Poitras sospecha que sigue en la lista antiterrorista de EE. UU.

En la metafórica y no tan sutil escena final, Assange aparece junto a una ventana abierta tratando de aspirar algo de aire del exterior, el mismo que no pisa desde hace casi 2.000 días.