Itamar Borochov, músico israelí, logró una exitosa simbiosis con tres músicos nacionales en un concierto de lujo

Por: Arturo Pardo V. 1 febrero, 2016

Itamar Borochov transmite elegancia, mesura y clase. Lo hace con su vestimenta, de traje entero,cabellera acomodada y lentes de pasta, como un Harold Lloyd de nuestros tiempos.

Lo demuestra también al hablar, interviniendo no más de lo necesario, con escasas pero suficientes palabras. Lo evidencia también al tocar, con su música de temas centrales simples pero con marcado atrevimiento.

Llenazo. | EL VIERNES EL SÓTANO LUCIÓ REPLETO PARA EL CONCIERTO DE ITAMAR BOROCHOV QUARTET. FOTO: RAFAEL MURILLO
Llenazo. | EL VIERNES EL SÓTANO LUCIÓ REPLETO PARA EL CONCIERTO DE ITAMAR BOROCHOV QUARTET. FOTO: RAFAEL MURILLO

Su primer concierto en el país se resume en una noche perfecta en la que su trompeta fue protagonista de dulces y emotivos pasajes. Su instrumento fue capaz de conquistar a la audiencia con sentimientos fuertes, prestancia y atractivos jugueteos melódicos.

En su recital compartió con tres músicos nacionales que lo ayudaron a ensamblar un cuarteto que transmitió solidez como si tuvieran ya millas acumuladas en conjunto. Aplausos para Eduardo Montero (piano), Pablo Loaiza (batería) y Leonardo Argüello (contrabajo).

Los tres se apropiaron del repertorio original del músico radicado en New York pero nacido en

Israel es un país que por cierto ha deparado otros grandes compositores y ejecutantes en el jazz, como los bajistas Avishai Cohen y Omer Avital, entre otros.

Itamar Borochov presentó principalmente material propio compuesto recientemente, dejando por fuera la gran parte de su disco debut, Outset (2014). Dicha grabación fue registrada con los músicos tocando simultáneamente, al estilo de un álbum de jazz clásico; con suaves melodías que transmiten un sonido nostálgico de antaño.

En su concierto en el Sótano, la primera parte mantuvo una suavidad similar a la de Outset aunque con otras piezas que partían de melodías sencillas pero memorables. El cuarteto consiguió llevar al oyente a una zona de comodidad con una ejecución delicada, liderada por una trompeta que abrazaba al oído.

Itamar Borochov y su trompeta, un placer para el oído. FOTO: Rafael Murillo
Itamar Borochov y su trompeta, un placer para el oído. FOTO: Rafael Murillo

La sección rítmica fue aumentando en intensidad, como un batallón de apoyo cada vez más numeroso a lo largo del concierto, y que aguardaba momentos claves para sobresalir, ya fuera consendos solos de bajo y batería o con la curiosa pero atinada inclusión de una darbuka.

Por su parte, el piano de Montero fue particularmente protagónico en varios tramos del recital. Cada vez que lo hizo resultó impresionante.

El orden de las piezas comenzó en un paraje sonoro apacible, luego fue moviéndose por un camino un poco sinuoso con interesantes disonancias y sincopados. El segundo set fue más atrevido, con un jazz menos puro y más bien movido e intrépido, con líneas de trompeta más veloces y versátiles. La elegancia de Itamar parecía haber tomado prestados otros elementos para su indumentaria musical.

El concierto, por su música y su interpretación reflexiva y sentimental se ganó la totalidad de atención del oído. Ningún barullo ajeno mereció espacio para interrumpir la velada.

El 4 de febrero, en El Sótano, Borochov se presentará de nuevo en formato de cuarteto. Además, según su sitio web , estará en Emilio’s Café, en Manuel Antonio, las noches del 5 y 6 de febrero.