Valiosa mezcla de géneros en filme más que intenso

Por: William Venegas 21 enero, 2015
Con buen criterio narrativo y unidad de acciones, nos llega filme con actuación extraordinaria de Benicio del Toro como el colombiano Pablo Escobar. Foto: Videomark para La Nación
Con buen criterio narrativo y unidad de acciones, nos llega filme con actuación extraordinaria de Benicio del Toro como el colombiano Pablo Escobar. Foto: Videomark para La Nación

Anunciada en Costa Rica con el título de Escobar (2014), esta película francesa lleva un título más amplio: Escobar: Paraíso perdido , con buena y acentuada dirección de parte de Andrea Di Stefano, actor italiano que incursiona por primera vez como director de cine.

En la producción de esta película ha participado no solo la cinematografía francesa, sino también la española y la belga.

El resultado ha sido y es bueno. ¿Qué hace? Toma la figura de Pablo Escobar y muestra sus actividades como narcotraficante en Colombia. Luego, desde ahí, estructura una historia de amor.

La bipolaridad en la conducta de Escobar queda clara con su extraña simbiosis de un sujeto religioso, simpático, amante de su familia, casi pueblerino y, a la vez, cruel, cínico, asesino y demagogo: narcotraficante con métodos de gánster. Hombre fértil y macabro a la vez.

La figura de Pablo Escobar se amplía en esta película por la elocuente, espectacular, eléctrica y multifacética actuación de Benicio del Toro. Resulta inimaginable Escobar: Paraíso perdido sin ese gran trabajo de dicho actor.

Con Benicio del Toro, el narcotraficante semeja un semidiós militante, que decide la suerte de quienes lo rodean y mucho más allá, por lo que su influencia penetra, incluso, en esferas religiosas y gubernamentales.

Un domingo comete el error de torturar y asesinar a miembros de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid) y el presente histórico de Escobar y de quienes le sirven cambia radicalmente.

El filme también narra la historia de un joven canadiense, Nick (Nico para Escobar), quien, llegado a Colombia por buenas razones, se enamora de una sobrina muy querida por Pablo, llamada María. Sin sospechar nada, Nico entrará en una vorágine para él insalvable.

La moraleja es clara: sea por lo que sea, quien entra al mercado criminal de la droga no tiene redención alguna. Así, el mundo surfero de Nico, enamorado de la naturaleza, se convierte en un bajar dantesco a los infiernos.

La actuación de Josh Hutcherson es buena, pero siempre se verá opacado cuando está frente a Benicio del Toro y también cuando está frente a Claudia Traisac, sólida actriz española en el papel de María, la sobrina de Escobar.

Con música oportuna y con fotografía exquisita e igualmente dramática, se completa un buen filme sin ser cine perfecto (pero no es momento de sacar pulgas). Lo mejor es su montaje, que le da brío al ritmo.

Dicho montaje enlaza constantemente el relato con muy acertado manejo del fundido en negro, especie de descanso para el espectador mientras la continuidad está asegurada para el relato. Sus empalmes y transiciones son elegantes sin pérdida de su dinamismo dramático.

Glosa: las transiciones consisten en el paso gradual de un plano a otro. El empalme es la forma de unir distintos planos. El fundido en negro es cuando la imagen se desvanece y queda la pantalla oscura por segundos.

El dinamismo dramático es el accionar del relato para que este avance.Bien, solo nos queda recomendar que vean la película Escobar: Paraíso perdido , se sorprenderán del carácter fabulador (moraleja incluida) de este filme.