Otro refrito: Esto es cine de lo peor

Por: William Venegas 16 mayo, 2014

wvenegas@nacion.com

En Hollywood, la imaginación viene a menos con sus guiones; por eso, han aparecido refritos, precuelas, secuelas y plagios, mecanismos de la industria para darle vuelta a lo mismo y hacer buchaca en las boleterías.

Ahora es el turno de la película Días de venganza (2013), dirigida por el cada vez más depreciado director Shelton Jackson Lee, mejor conocido como Spike Lee, quien saltó a la fama con su filme Haz lo correcto (1989), cine de autor estrenado en Costa Rica por la Sala Garbo.

Secuestrado. Cuando un ejecutivo, encarnado por Josh Brolin, sale de un secuestro de 20 años, su fiereza da lugar a escenas violentas con poco estilo en cine. Videomark/ LN
Secuestrado. Cuando un ejecutivo, encarnado por Josh Brolin, sale de un secuestro de 20 años, su fiereza da lugar a escenas violentas con poco estilo en cine. Videomark/ LN

El nombre de Spike Lee comenzó a crecer como la espuma, sobre todo con su valiosa película Malcolm X (1992). Luego, la espuma comenzó a deshacerse y la irregularidad apareció en la filmografía de Lee. Hoy, con Días de venganza, se nos ofrece uno de sus peores trabajos o el peor.

Es un refrito ( remake ) de la película surcoreana Oldboy (2003), de Park Chan-wook, basada en un conocido manga nipón. Se dice que este refrito está hecho para el público estadounidense: como este no gusta de ver filmes con subtítulos, en lugar del original de Park Chan-wook, le ofrecen ahora este refrito, más bien cercano al esperpento mal diseñado.

Desde el principio , Días de venganza pierde su rumbo, con un mal diseño del personaje principal, pésimo y confuso, y, por consiguiente, con una actuación del todo desfigurada y risible de Josh Brolin. Así es, personaje y actor son uno solo ante los tonos ridículos y discordantes del filme, que se cae antes de tiempo.

La trama narra la historia de un típico ejecutivo, mal esposo y peor padre, mujeriego y borracho, quien de pronto es secuestrado sin que se diga agua va. No es raptado para cobrar un rescate, no, y lo tienen encerrado durante 20 años, sin que el filme tenga ninguna preocupación porque parezcan 20 años de verdad.

En el personaje no hay cambios físicos especiales (excepto la fuerza adquirida a punta de gimnasia) ni tampoco de personalidad. Cuando lo liberan, sale a vengarse de lo suyo y del asesinato de su esposa, sucedido en el mientras tanto, y es que de ese crimen lo acusan a él.

En su momento, el filme tiene un punto de giro interesante. El problema es que, para ese momento, Días de venganza ya se ha caído del todo en lo narrativo. A la peli no la salva nada y –en lo visual– Spike Lee cae en morboso deleite por la violencia, lo escatológico, el desamparo sexual y el enredo enfermizo. No hay valor conceptual de importancia.

Por decirlo de alguna manera, Spike Lee se quema con el propio infierno que procura recrear: se quema por su abulia en lo esencial y por sus excesos en lo que no es básico (lo sanguinolento, por ejemplo: se pasa de “gore”).

Si el filme busca ser provocativo, no pasa de ser rutinario y esquemático. Más bien es tonto cuando quiere ser complejo y risible cuando busca ser dramático. Esto último es lo peor que le sucede. Podemos salvar la integridad histriónica de la actriz Elizabeth Olsen, pero Samuel L. Jackson es inexpresivo con su “tipo malo”, esto es, bien malo con su actuación.

El guion de Mark Protosevich es más calco que originalidad y, ni así, la película logra levantarse del desastre: se pierde lo visceral del relato. La verdad, creo que ni Spike Lee les recomendará esta vez su propio trabajo. Yo, menos.

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