En cine, vemos hoy una historia que podría evitarse si se nos antojara crear una sociedad más humana

Por: William Venegas 16 septiembre
El actor Dave Johns le da fuerza al filme de Ken Loach en cartelera. ROMALY PARA LN
El actor Dave Johns le da fuerza al filme de Ken Loach en cartelera. ROMALY PARA LN

He aquí una película ganadora de múltiples premios y, sobre todo, de la Palma de Oro del Festival de Cannes, que ahora se presenta de manera sorpresiva y generosa en Costa Rica. Se trata del filme Yo, Daniel Blake (2016), con la estupenda dirección del realizador inglés Ken Loach.

En sus últimos años como director, Loach ha trabajado con Paul Laverty como guionista, lo que se siente bien en sus películas. Lo malo es que casi todos sus filmes no llegan al país y nos vemos obligados –como cinéfilos responsables– a verlos fuera de las grandes pantallas de los cines comerciales (por métodos menos ortodoxos).

Con más de 80 años en su cuenta de vida, Loach no renuncia en poner el cine al servicio de las mejores causas humanas y ha encontrado en el realismo social el mejor nicho para expresarse. Ken Loach hace suya aquella frase que escribió alguna vez el cineasta ruso Andréi Tarkovski: “El realismo es inclinarse hacia la verdad y la verdad siempre es bella.”

Es posible que esa expresión de Tarkovski defina mejor a Ken Loach y a los directores del llamado “Free Cinema” inglés, que al propio Tarkovski. Una muestra de esta aseveración puede ser, precisamente, la película Yo, Daniel Blake.

También, uno puede coincidir en que este filme sea más una expresión realista de su historia que un análisis de ella. Yo, Daniel Blake no es método alguno de investigación social sobre la injusticia en el marco de un sistema político y económico determinado: solo quiere ser la mostración de la injusticia –tal cual– como parte de ese sistema. Así, Ken Loach le infunde calor humano a lo narrado.

Esta película llegó a tener tal peso social, que estuvo presente en la campaña política inglesa del momento, donde los políticos progresistas enfrentados al neoliberalismo decían: “Que no nos suceda lo de Daniel Blake”, tan fuerte y comprometida es la trama.

El filme narra la historia de un carpintero enfermo del corazón llamado Daniel Blake. Los médicos le dicen que no debe trabajar más, por lo que él busca una ayuda o pensión, pero el sistema burocrático le exige un trabajo para darle ese amparo. Sin embargo, ¿cómo va a trabajar si le dicen los médicos que no trabaje? Ahí el dilema del trabajador enfermo.

En una de sus visitas a las oficinas de desempleo, Daniel Blake se encuentra con una madre soltera, Katie, con dos hijos a cargo y hundida en la pobreza. Entre ellos se instaura una relación de amistad solidaria contra la indefensión a la que el sistema social los expone y que los lleva al drama de la sobrevivencia.

Ken Loach se apoya en buenas actuaciones de Dave Johns, como Daniel, y de Hayley Squires como Katie, quienes tornan verosímiles los acontecimientos, aunque a veces Loach se exceda con algún dramatismo, compensado este con otras secuencias humorosas. Es parte del equilibrio del filme.

Esta película nos recuerda aquel decir del escritor irlandés C. S. Lewis: “Quizá estemos aquí solo para sentir al ser humano como sentido de amor”, a sabiendas de que esto implica luchar contra la corrupción de un sistema que ya resulta deshumanizado.

Título original: I, Daniel BlakeReino Unido, 2016Género: DramaDirector: Ken LoachElenco: Dave Johns, Hayley SquiresDuración: 100 minutosCines: MagalyCalificación: Cinco estrellas de cinco posibles

Etiquetado como: