Adultos atrevidos El amor en comuna

Por: William Venegas 28 agosto, 2013
Lo coral. Dos grandes actrices y tres notables actores le dan cuerpo a una festiva película sobre la tercera edad, el sexo, el amor, la nostalgia, el recuerdo y el olvido. CINE MAGALY PARA LA NACIÓN.
Lo coral. Dos grandes actrices y tres notables actores le dan cuerpo a una festiva película sobre la tercera edad, el sexo, el amor, la nostalgia, el recuerdo y el olvido. CINE MAGALY PARA LA NACIÓN.

Con tono de comedia suave, algo melodramática, pero con exquisitez y buen humor, el cine europeo apuesta a demostrar una hipótesis: en estos tiempos, las personas adultas mayores son más revolucionarias o rupturistas que los jóvenes, porque estos últimos están más “acomodados”.

El planteamiento es interesante y el que lo veamos desde comedias suaves y avispadas resulta sabia decisión cinematográfica (lo de comedia “suave” no quita lo de “pícara”). Esto se disfruta plenamente con la jocosidad del filme titulado ¿Y si vivimos todos juntos? (2011), bajo dirección de Stéphane Robelin. Es la segunda película de este realizador.

Antes de este filme, hace poco, hemos visto películas en igual onda, pensemos en títulos como El exótico hotel Marigold (2012, de John Madden) y Cuatro notas de amor (2012, de Dustin Hoffman). Pues bien, es saludable encontrarse ante “ciudadanos de oro” que, de pronto, se atreven a llevar conductas menos burguesas y más desenfadadas de lo que la etiqueta social conservadora exige.

Recordemos que con el arte del drama, el director Michael Haneke recién acaba de triunfar con su exitosa película titulada Amour (2012), visión cercana a la tragedia sobre el tema de la vejez.

En el caso de ¿ Y si vivimos todos juntos? tenemos a cinco viejos amigos, dos mujeres y tres hombres, quienes, para evitar los temidos asilos para la vejez, deciden irse a vivir juntos. Los acompaña un joven estudiante de etnología, quien prepara su tesis sobre la conducta de los ancianos.

Resulta una ingratitud ponerse a desglosar el argumento en una crítica como esta, ¡jamás! Lo que sucede en esa comuna, al estilo del viejo jipismo, debe verse ahí, en el cine, en pantalla grande, y compartir las risas con los demás espectadores o las demás espectadoras (pareciera que las mujeres la disfrutan más).

Ese desparpajo o soltura de personajes a la vejez es ejemplar y no solo gracioso. Su mirada limpia y libre ante el sexo, el arte, la política y para hablar sobre cualquier tema tabú, todo ello, ocasiona situaciones hilarantes, pero también hace que el filme se comporte como apreciable fábula sobre el tema.

Este tipo de cine no es pretencioso en lo formal: narra con agradable simpleza, sin aspavientos y sin deseos de ser gran cine o gran comedia. Solo quiere decir lo que dice y, con ello, pasar un buen rato. Punto. De lo que se trata es de desmitificar prejuicios negativos sobre la vejez, sin eludir la nostalgia, que con ella la edad se adentra en los seres humanos.

Puede que en esta película sean evidentes algunas incoherencias narrativas, que la fotografía resulte más bien descuidada (no así la música), que los ajustes visuales o formales pasen a segundo plano, puede ser, pero lo que es inolvidable es el sentido coral de las actuaciones de un elenco que se toma el relato con mucha adhesión.

Así, cada vez que Geraldine Chaplin y Jane Fonda comparten escena, hay que ver la gratitud que uno siente como espectador. Ellas se entregan al melodrama, a lo amoroso, a la alegría o al dolor de sus personajes. Las conversaciones de sus personajes sobre el sexo devienen sabroso descaro con sus actuaciones.

Ellas son lo mejor de la película y son la melancolía del relato. Los actores adultos están muy bien cada uno en lo suyo e, igual, los tres juntos: Guy Bedos, Daniel Brühl y Claude Rich. Si usted va al cine y no ríe o sonríe durante esta película, sepa que algo grave sucede: es probable que usted esté muerto.