El cine trae un relato dislocado sobre los viajes al futuro y la salvación de la humanidad

Por: William Venegas 24 mayo, 2015

Estamos totalmente de acuerdo sobre el director Brad Bird: sus películas animadas han sido exitosas y buenas, como si esa fuese su vocación, que no en vano a los 11 años se puso a hacer su primera película animada y la terminó a los 13. Algo así como el Mozart del cine animado.

Brad Bird vuelve con el sello Disney y dentro de la llamada fantaciencia. Se trata de la película Tomorrowland (2015), historia enredada porque sí, nunca compleja, más bien complicada de manera innecesaria, que juega entre el presente de los acontecimientos y el futuro de ellos.

El filme comienza con palabras pesimistas sobre el futuro de la humanidad, envuelta en guerras, conflictos, calentamiento global, sobrepoblación y asuntos semejantes. Luego veremos cómo ese futuro puede ser cambiado para que la humanidad sea tan feliz ¡como en un parque de diversiones disneyano!

Futuro va y viene. | EL GÉNERO FANTÁSTICO PARECE NO ENCONTRARSE BIEN EN PELÍCULA DE DISNEY, EN LA QUE SÍ ACTÚA BIEN LA JOVEN BRITT ROBERTSON. ROMALY PARA LN
Futuro va y viene. | EL GÉNERO FANTÁSTICO PARECE NO ENCONTRARSE BIEN EN PELÍCULA DE DISNEY, EN LA QUE SÍ ACTÚA BIEN LA JOVEN BRITT ROBERTSON. ROMALY PARA LN

De hecho hay o ha habido una de esas diversiones Disney con el título de esta película. ¡Nada tontillos en la cofradía Disney!, expertos como son en obtener jugosas ganancias hasta con una película realmente mala como Tomorrowland (también titulada El mundo del mañana , en otros países).

En cuanto a los espectadores, ni modo, la publicidad Disney y la presencia de George Clooney son suficientes (así parece) para llevar público a las salas: “Los dineros del sacristán cantando se vienen, cantando se van”.

Decir “la presencia de George Clooney” no es igual a decir “la actuación de George Clooney”, porque este distinguido galán se limita a estar ahí y que los demás vean qué hacen con él en cada encuadre. Los únicos que se toman en serio su trabajo actoral son los niños y la jovencita Britt Robertson.

El guion del filme se reduce a viajes de ida y vuelta a otra dimensión donde el tiempo y el espacio se conjugan para que la historia humana pueda ser modificada. Esto no es nada nuevo dentro del género llamado fantástico. Tampoco es novedoso el tratamiento que la escudería Disney le da al asunto.

Lo anterior cuenta con la complicidad de Brad Bird, como director y coguionista de Tomorrowland. Poco a poco, como es ya tradicional con el cine de los grandes estudios, los efectos visuales van imponiéndose de manera casi protagónica, sobre todo con un relato tan débil en emociones.

Se dice que hasta que no ponga, la gallina es polla. Así visto, Tomorrowland lo único que sabe poner es envoltorio visual. En lo demás, resulta cinta bien pollita y hasta puede ser filme ridículo en muchas de sus secuencias (la pelea final, por ejemplo, o el viaje en cohete que despega desde la torre Eiffel, en París, partiéndola en dos).

¡Tanto dinero en la producción y uno siente que simplemente se está ante un programa de televisión más o menos conformado! El filme parece un gato cuando gira y gira para dormirse en el suelo. Igual, entre más eventos abre el guion, más se enreda la trama. Es como las gallinas: entre más escarban, más tierra se echan encima.

En su mejor momento, el futuro luce bien en pantalla porque el filme copia del buen arte del famoso arquitecto español Santiago Calatrava. Si vemos esto de manera menos seria, parece el futuro de aquellos personajes teleanimados: los Supersónicos. En fin, Tomorrowland es película deficitaria, pese a Brad Bird.