Color de ansiedad: El filme pierde densidad

Por: William Venegas 12 noviembre, 2014

Para emanciparse del sector patronal, Susan hace lo de muchos trabajadores: llevar a su casa clientes de la empresa para la que ella trabaja. Susan se encarga de arreglar uñas. A eso le llaman “robar clientes”. Sucede en la película Rosado furia (2014), dirigida por el costarricense Nicolás Pacheco.

Cuando Susan es descubierta, la despiden, y eso abre un boquete en su vida. Es un boquete inesperado que hace intemporal su existencia, porque esta se llena de presente, pero igual de pasado, con la idea de encontrar un futuro, esto es, otro futuro (distinto al que la espera).

La idea es interesante y sugerente. Esta vez, el filme se ha exhibido en el marco del Festival Internacional de Cine en San José. Sin embargo, al final, uno queda con la sensación de haber visto una idea del todo malgastada. Está bien la historia desde una perspectiva del realismo social o, más bien, del naturalismo: la vida de una mujer al abandono de sí misma, sin más futuro que su propio determinismo.

Tampoco está mal la mostración del entorno en que ella se mueve y es víctima social.

Está bien la idea de conectar el presente de Susan con el pasado, o sea, con su madre, esfuerzo psicoanalítico, y con el hecho de ser ella misma una mujer a quien la sociedad ha despojado de su hijo. Por aquí vamos bien.

Dentro de ese contexto y juego de intertextos, con tanto contenido social y tanto sustrato emotivo del personaje femenino, la pregunta es: ¿cómo es posible que haya salido una película tan superficial? Este filme es apenas barniz de sus propios conceptos y de sus imágenes, sin fuerza delirante.

Es como si a la película le hubiese dado aprensión de profundizar en su propia denuncia.

Debió haber sido una película para desgarrarnos con pincel, no a brocha gorda.

El guion se concentra del todo en su personaje femenino, al que le faltan matices en su diseño; pero la muy buena actuación de Esther Low sirve para transmitir el conflicto diseñado por la película. Ella, solo la actriz, sí resuelve lo suyo con garra.

Con una pésima mezcla de sonido, vemos cómo Rosado furia se va destiñendo. Sobre esto, el propio director dice: “La película se llama en inglés KnockOut Pout , que es el nombre de un tono de rosado de esmalte de uñas. O sea, Rosado furia es el nombre de un color, que es como la pintura de guerra de la protagonista contra el mundo”.

Empero, conforme transcurre, la película se distancia más del espectador y aún más del crítico, con miedo a lo trágico, incapaz de narrarse a sí misma desde su concepto básico: la ruptura social, el sino sexual y la tragedia alcohólica.

Hay juegos atractivos con el tiempo y el monólogo interno; aún así, el filme nos resulta emocionalmente hueco y reiterativo en lo cinematográfico. Alguien me dijo que pensara en su coherencia narrativa, pero esto no es sinónimo de calidad.

Se trata de una temática desaprovechada, porque el filme pudo tener un mejor resultado.

Lamento no poderles recomendar esta producción de algún esfuerzo costarricense con más vehemencia.