Por: William Venegas 30 noviembre, 2014
Acción y drama. De manera sorpresiva, nos encontramos ante una buena película que analiza la ausencia de escrúpulos en la información noticiosa y que se atreve a ir más allá de eso. Romaly para La Nación
Acción y drama. De manera sorpresiva, nos encontramos ante una buena película que analiza la ausencia de escrúpulos en la información noticiosa y que se atreve a ir más allá de eso. Romaly para La Nación

La relación del cine con el periodismo es casi un género propio, donde el cine, desde una aparente posición de pureza ideológica (no tan cierta), se ha permitido cuestionar –una y otra vez– la ética del periodismo en general.

Ahora nos llega la excelente película Primicia mortal (2014), ventajoso trabajo del director Dan Gilroy (su primer filme como realizador), quien se mete con bravura dentro de ese tema, pero con la capacidad de no detenerse ahí, gracias al guion audaz que él mismo ha escrito.

La película denuncia la manipulación informativa de la televisión, cuando las noticias son “cosificadas” antes de salir al aire, o sea, muestra el proceso mediante el cual la noticia se convierte en mercancía, con la pérdida de cualquier cuidado ético y hasta legal.

Esa es la idea alrededor de la cual se mueve el filme. La historia parece ser simple, pero no. Con extraordinaria caracterización por parte del actor estadounidense Jake Gyllenhaal, se nos muestra a un tipo extraño, ladrón de poca monta, quien –poco a poco– exhibe su completa ausencia de escrúpulos.

El personaje se llama Lou Bloom. Una noche, Lou descubre que, con cierto equipo tecnológico, puede estar en los lugares donde se dan los más sangrientos accidentes o crímenes nocturnos, grabarlos y luego venderlos a mañaneros programas de noticias por televisión.

Esto le permite a la película mostrar un mundo ácido y cruel donde se cocina la ética televisiva con fuego endiablado y donde solo falta el rabo por desollar, ello en nombre de la audiencia y de la competencia entre canales (rentabilidad en el mercado con relación a los competidores).

Así, Primicia mortal deviene parábola de la sociedad actual, del capitalismo moderno que impone las reglas para triunfar individualmente y “salir adelante a como sea”. Eso lo entienden por igual Lou Bloom y la mujer productora de televisión, quien le compra las grabaciones y debe darle sexo como extra.

Al mostrar la búsqueda inclemente de la noticia morbosa por calles nocturnales, con autos a toda velocidad, la película vive buenos momentos de tensión y es cuando más destaca el trabajo de montaje, porque sabe dar la puntada a tiempo.

Por igual, hay que destacar el trabajo de James Newton Howard con la música, quien subraya las imágenes con las notas justas. Ídem, la fotografía de Robert Elswit es la llave para dar la atmósfera de ese mundo taciturno que llega con las noches, cuando el personaje principal está mejor diseñado.

Primicia mortal es película que sabe burlarse del discurso frívolo, por lo que prefiere diálogos cortos y cortantes para mostrar la inmundicia social y ese periodismo capaz de definirse como “una mujer que corre por las calles con la garganta ensangrentada”, porque al filme no le falta humor satírico.

Lo que más perturba de esta película es su realismo: saber que todo eso es posible o poco alejado de nuestra realidad inmediata: “Ya no interesa la lealtad que sí se podía prometer a las anteriores generaciones”, lo dice el obsesivo Lou, y nos involucra al decirlo.

Primicia mortal es filme que hay que ver (sí o sí): cine sin miedo a los riesgos, sin temor a mezclar intensidad con reposo y sin recelo para ser expresión plural de los llamados géneros cinematográficos. De lo mejor.