La vida de Gloria Trevi da lugar a filme capaz de interesar sobre algo muy conocido

Por: William Venegas 18 mayo, 2015

Sin mucha bulla, sin mercadeo alguno y casi a escondidas se ha estrenado en Costa Rica la película mexicana Gloria (2014), curiosa y fisgonamente realizada por un suizo: Christian Keller. Es su primer filme como director.

El título de esta película es poco expresivo con una palabra que se ha utilizado mucho al titular cine. Pudo ser más expresivo o amplio y, así, informar al público de que se trata de un filme biográfico ( biopic ) sobre la parte más oscura en la vida de la cantante mexicana Gloria Trevi.

Contra todo pronóstico y por encima de cualquier prejuicio, este biopic asume los rasgos mejores del drama y, de esa manera, tenemos una buena película que sabe narrar su historia. No solo eso, también maneja bien el cómo lo cuenta (lo formal), sobre todo porque trabaja con información antes divulgada por la prensa.

Así, debemos aceptar que el director Christian Keller sabe relatar en cine. En este filme, la trama nos mete rápido a sus asuntos y comienza con la llegada de Gloria Trevi a la academia musical dirigida por Sergio Andrade, allá, en el México de los años 80.

La joven no tenía nombre artístico. Se le conocía por su nombre de pila: Gloria de los Ángeles Treviño Ruiz. Será el propio Andrade quien la llamará Gloria Trevi. Lo que la joven cantante, la del “pelo suelto”, no sabía en ese momento es que ingresaba a un oscuro laberinto, más que al mundo de la música.

La Trevi soñaba; sin embargo, muy pronto, Sergio Andrade le pedirá un desnudo total para medir ¡su talento para la música! Mientras el filme corre por ese su presente histórico, en otros momentos salta hacia un futuro del relato. Es cuando vemos a Gloria Trevi y a Sergio Andrade encarcelados en Brasil.

La acusación estaba preanunciada: era por abuso de menores de edad, muchachitas engañadas y hasta embarazadas con el cuento de convertirlas en cantantes. La Interpol los buscaba. Aquí, ambas líneas del relato van paralelas.

El filme no carga tintas, pero tampoco rehúye hundir el dedo en la llaga, o sea, disparar la verdad de esos hechos. Andrade es mostrado con toda su brutalidad, cinismo, corrupción y adicción por las mujeres menores de edad.

Por su parte, está claro que Gloria Trevi –según la película– no solo fue víctima erótica y emocional de Andrade, sino que, además, ella fue observadora privilegiada de los delitos y marrullerías de su apoderado musical (en algún momento, también fueron marido y esposa).

Por eso mismo, al final, sorprende la absolutoria de la Trevi en México (no hay duda, por aquí hay tela que cortar o hay “una papa sin cátsup”). El filme prefiere no juzgar más allá de este hecho.

Lástima que el actor Marco Pérez tienda a sobreactuar siempre como Sergio Andrade, con excesivo subrayado del carácter manipulador y chantajista de dicho tipo. Él es superado siempre por la actuación de Sofía Espinosa, tanto cuando ella encarna a Trevi en el escenario o fuera de él.

No se oyen mal las canciones durante la película. También se le agradece al filme que haya evitado cualquier amarillismo, incluso el erótico (como en las secuencias orgiásticas o lésbicas). El buen ritmo que tiene esta película es parte de sus denuncias y de su prolepsis o anticipación narrativa. Queda recomendada.