El mismo espejo Gira el tratamiento

Por: William Venegas 15 septiembre, 2014

Un promedio de cinco horas para una película podría ser demasiado, así nos la dividan en dos partes y se nos diga que su director, Lars von Trier, nada tiene que ver con esa bisección. Depende del espectador.

Pues bien, estamos ahora con Ninfomanía Volumen 2 (2013) y sigue la misma trama: una mujer llamada Joe se confiesa de ser hipersexuada, cada vez con menos culpa, pero en búsqueda de alguna redención . Su deuteragonista es un viejo solterón (Seligman) que escucha a dicha ninfómana con paciencia cuaresmal.

En esta segunda parte, la presencia sólida de la actriz Charlotte Gainsbourg se impone del todo. Ya no es solo la mujer narradora, sino también la Joe adulta, casada, madre de un hijo y siempre con voraz apetito sexual.

Es cierto, Charlotte Gainsbourg le da peso dramático y tensión al filme, pero extraño la presencia categórica de la actriz Stacy Martin de la primera parte, quien encarna dicho personaje –más joven– con vaporoso erotismo.

Dos vivencias. La actriz Charlotte Gainsbourg y el actor Stellan Skarsgård dan cuerpo a personajes que hilan la trama de Ninfomanía , filme dividido en dos partes. Ahora toca el Volumen 2. CORTESÍA DE ROMALY
Dos vivencias. La actriz Charlotte Gainsbourg y el actor Stellan Skarsgård dan cuerpo a personajes que hilan la trama de Ninfomanía , filme dividido en dos partes. Ahora toca el Volumen 2. CORTESÍA DE ROMALY

Recordemos que la primera parte cerró bien cuando la joven Joe clama porque no siente nada durante el coito. Fue cierre y apertura. De aquí zarpa Ninfomanía Volumen 2 , con ritmo más lento, con diálogos más académicos entre Joe y Seligman y con sucesos que se alargan más de la cuenta.

La película busca ser un texto que se aleja poco a poco de la misoginia, la de ver a Joe como “mujer más tocada que pila de agua bendita” para entenderla como mujer con derecho a vivir su sexualidad como ella quiera (lo que la sociedad actual sí le permite a los hombres sin censura alguna).

Sin embargo, sucede que Lars von Trier no es del todo consecuente con esa idea y la defenestra en la forzada aceleración final de la película (por razones obvias, el final no lo puedo contar aquí). Se da un injustificado cambio narrativo, donde un personaje gira sin explicación alguna para, así, imponer “lo trágico” como sustancial a la conducta humana.

Pese a ello, en Ninfomanía 2 , Lars von Trier mantiene el concepto visual e insiste en tesis que justifican los parlamentos: ahora golpea más al cristianismo generado desde Roma y también es más sociológico. Esta vez, el problema es que el filme se aletarga en general y por secuencias (el todo y sus partes).

Hay momentos más bien cansinos, como la secuencia sadomasoquista, que solo define la buena actuación de Jamie Biell. Cansa tanta insistencia en mostrar y mostrar ciertas obsesiones sin otro punto de vista. Cansa por agotamiento visual y por el acento machacón dado al relato.

Eso sí, en el filme siempre es impactante el duelo entre coherencia y caos. Entre razón y pasión. Entre sexo y cultura. Orgasmo y arte. Clítoris y religión. Lo sagrado con la blasfemia. A la vez, si se quiere, son metáforas del duelo entre este cine provocador con respecto al cine convencional de la gran industria.

El nombre de Lars von Trier no trae paz a las discusiones cinéfilas. Todo lo contrario. Ninfomanía 2 no va a cerrar el debate sobre su cine, más bien lo acentúa. Lástima que sus películas sean tan ocasionales en nuestro medio.