Poderes ocultos Suspenso es dialéctico

Por: William Venegas 15 abril, 2013

No es tan válido afirmar que el director salmantino Rodrigo Cortés Giráldez sea el M. Night Shyamalan del cine español. Así no sucede hasta el momento, pese al gusto de Cortés por el ritmo prudente (su definido compás moroso) y sus puntos de giro del todo sorpresivos.

Ahora se exhibe en el país la película Poderes ocultos (2013), con guion y dirección de Cortés Giráldez, filme que repite esa novedad comercial del cine español de distribuir algunas de sus películas en inglés, subtituladas en castellano y con elenco internacional de habla inglesa.

Ustedes no tienen idea lo que yo agradezco esta nueva costumbre, como sucedió hace poco con Lo imposible (2012), producción dirigida por Juan Antonio Bayona. Es que a muchos de los actores españoles actuales no les entiendo ni jota por la mala dicción que se traen.

Pues bien, con la presencia de un magnífico actor, prendido de su personaje, como lo es el irlandés Cilliam Murphy, capaz de mutarse dentro de su papel con envidiable perfección; con el curtido Robert de Niro (un tanto más comedido) y con la veterana Sigourney Weaver, con ellos tres, Poderes ocultos es cinta inquietante con el tema de lo normal o lo anormal en el conocimiento humano.

Rodrigo Cortés entiende bien lo que quiere lograr del público y narra su historia dentro de cánones propios del género fantástico, con dosificado suspenso y diálogos audaces. Acepto que a la historia propiamente dicha le cuesta arrancar. Sin embargo'

La pregunta es: ¿serían igual lo medular del relato, su clímax y su sorpresivo final sin este devaneo reflexivo que se come casi un tercio de la película? No creo, aunque pudo tener menos metraje. La historia es la de dos investigadores con doctorado académico, quienes se dedican a buscar fraudes de “psíquicos”.

Con concepto científico, ellos estudian fenómenos paranormales con la intención de demostrar su origen fraudulento. Están convencidos de que aquello que la ciencia aún no explica, será explicado algún día. En el método científico, afirman, se basa la inteligencia. Lo demás es mostración de estupidez. Señalan que cada ciencia tiene su pseudociencia.

Los hechos parecen darles la razón. Es cuando reaparece Simon Silver, legendario psíquico, luego de 30 años de enigmática ausencia, quien viene a retarlos. El choque se da con oscuro juego de obsesiones. Son los mejores momentos del suspenso del filme.

La conformación estructural del relato es muy buena sobre la premisa de la relación existente entre los contrarios. Con eso se narra. Los procesos dramáticos de los distintos personajes están bien marcados. Los juegos entre tensión y distensión se relacionan con sinuoso cuidado una vez pasado el primer tercio del filme.

La elegancia del manejo de cámaras es evidente, aunque no siempre resulta funcional e igual sucede con la música de Víctor Reyes. En un momento de la película se habla de alcanzar la fotografía del pensamiento, entendido este como expresión material de la mente, y es como si el director, guionista y montajista Rodrigo Cortés quisiera eso con su película. Filme recomendado.