Con tono ceremonioso, un director chileno nos acerca a la figura de la entonces Jackie Kennedy

Por: William Venegas 12 marzo

El 22 de noviembre, en Dallas, Texas, fue asesinado el presidente número 35 de Estados Unidos, John F. Kennedy. Con el tiempo, solo el misterio ha quedado alrededor de ese hecho y del posterior asesinato de su hermano Robert. Lo que sí se ha dilucidado es que ese es un misterio con gato casero: poderosas contradicciones.

Ahora, el cine retoma el asunto de manera tangencial para concentrarse en la conducta posterior de la viuda Jackie Kennedy y mostrarla entre sus fortalezas y debilidades, ella con un ego más alto que la supuesta torre de Babel. Es parte del carácter parasitario del cine cuando busca ovejas para trasquilarlas, con tal de tener tema para un filme comercial.

Desde el título es evidente la intención de la película: Jackie (2016), así, a secas. La dirección del filme corre por cuenta del chileno Pablo Larraín, quien le da sustento visual y narrativo a un relato semibiográfico gracias a la creatividad empeñada en la pantalla.

El problema medular del filme está en su ritmo y compás, desde el principio, con la entrevista de un periodista a la señora Kennedy. Dicho reportero “huele” al biógrafo Theodore H. White. De ahí en adelante, la película resulta más el desarrollo de una anécdota que el retrato de sentimientos en juego.

Natalie Portman muestra actuación convincente sobre Jackie Kennedy. ROMALY PARA LN.
Natalie Portman muestra actuación convincente sobre Jackie Kennedy. ROMALY PARA LN.

Consciente de esa debilidad, desde el guion de Noah Oppenheim, sin mayor aporte de la fotografía de Stéphane Fontaine ni creatividad con la música de Mica Levi, el director Larraín acudió a un tratamiento de emergencia: lucirse y alargar diálogos mientras cambian las imágenes, fuese de manera sutil o de sopetón, mientras intercambia primeros planos con otros más generales.

Para Larraín es más bien un proceso de deconstrucción de la vida de una mujer que no tiene mayor importancia ni trascendencia. Eso pasó con Jackie antes de tener el apellido Onassis: ¿y qué, sí, y qué? Es cuando el director Pablo Larraín prefiere darle sensación de irrealidad a la realidad. Así salva a la película de no irse por un despeñadero.

Actores. Con esa decisión, la dirección de actores se encamina por ahí, sin evadir falsos rasgos ceremoniosos que, es muy posible, no se dieron en ese momento del magnicidio. Es lo que bien hace Natalie Portman durante todo el filme. El contraste está en la buena actuación de Peter Sarsgaard como Robert Kennedy.

Sarsgaard se desdobla muy bien como el hermano de John con su pesar a cuestas, como el amigo solidario de Jackie y como el político capaz de percibir los cambios que habrá en la política de Estados Unidos con Lyndon B. Johnson como sucesor de Kennedy en la presidencia.

Tal vez Jackie sirva para que algún distribuidor de cine en Costa Rica se anime a traer dos buenos filmes de Pablo Larraín, como lo son El Club (2015) y Neruda (2016). Su otro buen filme, No (2012), fue el último estreno importante de la Sala Garbo.

Ficha

EE. UU. 2016

GÉNERO: Biográfico

DIRECCIÓN: Pablo Larraín

ELENCO: Natalie Portman, John Hurt, Peter Sarsgaard

DURACIÓN: 95 minutosCINES: Magaly, Nova Cinemas

CALIFICACIÓN: TRES estrellas de cinco posibles