Punto de giro La versión Disney

Por: William Venegas 2 junio, 2014

El filme La bella durmiente (1959), fue el último de los estudios Disney entintado a mano. De ahí en adelante, para la cofradía Disney, Maléfica pasó a ser la villana más respetada del cine: hoy le dan protagonismo en la película que lleva su nombre, para honra y gloria de las “hadas malas”.

El cuento de la princesa dormida por el pinchazo de una aguja ha trascendido más allá de la literatura. Lo que Disney hace ahora es forjar más cuento de otro cuento y más cine de otro filme ( spin-off : derivado). El ardid es válido.

Dirigida por Robert Stromberg, la película Maléfica (2014), narra los antecedentes que llevaron al clásico pinchazo de Aurora, la noble princesa, e igual narra las secuelas de su despertar, cuando un beso es importante, pero no el beso del que nos hablan los cuentos tradicionales.

Con Maléfica , la película, nos enteramos por qué ella endurece su corazón y por qué solo anida el sentimiento de venganza. La paradoja está en el hecho de que solo Aurora, la princesa que arrastra su maldición, podrá devolverle la generosidad a Maléfica. ¿Cómo?

La película es exuberante con su trabajo visual, sobre todo en la recreación del reino de Maléfica (Páramo) y con los cambios que ahí se dan. Es tan visualmente desbordante que, por contrasentido, termina visualmente desbordada: es mucho con demasiado de lo mismo y lo grato termina por aburrir.

Por ahí, es cine mid-cult , o sea, cine de cultura media, que adrede busca una estética para seducir de manera común a la mayoría de espectadores. Así, no dudo en catalogar todo ese mundo visual del filme (igual es en 3D, o es peor) como fruidor del mal gusto: cine “kitsch”.

Cuentos. El spin-off o filme derivado de otro, de Disney, sobre Maléfica, protagonizada por Angelina Jolie, película al servicio total de la actriz. Cortesía de Romaly.
Cuentos. El spin-off o filme derivado de otro, de Disney, sobre Maléfica, protagonizada por Angelina Jolie, película al servicio total de la actriz. Cortesía de Romaly.

Una vez que el filme se ve dominado por esa estética cursi, la narración pierde fuelle.

Cuando ha transcurrido algún tiempo de metraje y el filme pretende meterse con los demonios internos de sus personajes, le es tarde: ya la película está consumida por la autocomplacencia.

La superficialidad narrativa se le pega al diseño de los personajes y, por esa ruta, a las actuaciones. Aquí, mal destaca el carácter rígido, de maniquí, de Maléfica. Igual, por ese tránsito, la actuación de Angelina Jolie se pasa de estólida. Ya que hablé antes de lo “kitsch”, la figura de la señora Jolie me recuerda la de La Gioconda en la utilización de cuanta ocurrencia haya.

Así, el proceso dramático e interno del personaje se diluye y, por ende, este filme se disipa como un globo al que se le acaba el aire: su estructuración dramática se viene de pique y su clímax se desgasta solo, amén de la poca originalidad que presenta con dragones de por medio.

Maléfica deviene en cine plano y lineal –en todo sentido– e insiste en lo sentimentalón, sello repetido de la escudería Disney. Agreguen el exceso de voz en off (fuera de la pantalla) y el de una música que obliga a cerrar los oídos.

Lo que queda es poca magia, mientras el filme se arrodilla ante Angelina Jolie para obtener más provecho económico. Es una película a lo sumo mediocre y nos queda debiendo, incluso en su diseño artístico, precisamente el campo del que viene su director Robert Stromberg.